El Pacto por la Educación en Equipo

Desde Crecer Feliz apoyamos esta iniciativa de Gestionando Hijos y la Fundación SM, cuyo objetivo es que padres y profesores vayan de la mano para lograr una educación de calidad.

 

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¿En qué consiste el pacto?

“Somos la generación de padres con mayor implicación, preparación y colaboración con la escuela que ha habido jamás”, afirma el director de Alianza Educativa y profesor de Primaria Óscar González. Entonces, ¿qué nos impide unir fuerzas con los profesores y acabar con esa mala relación padres-docentes que tanto daño está haciendo al progreso y la calidad educativa de nuestros hijos?

Según Andreas Schleicher, coordinador del informe PISA (el estudio que evalúa el rendimiento académico a nivel mundial y en el que España obtiene siempre muy mala nota), “el éxito educativo no depende del dinero ni las leyes, sino de la innovación educativa y de la convicción de que todos los alumnos pueden alcanzar buenos resultados si se les da lo que necesitan”. Y lo primero que nuestros hijos precisan son unos padres implicados en su educación y un profesorado formado que trabajen mano a mano y sin conflictos.

En esta línea, los expertos en educación aseguran que si queremos formar personas comprometidas, con valores, con ganas de aprender y con criterio propio, y si queremos solucionar problemas como el acoso escolar, el abandono de las aulas o la desmotivación, es necesario que padres y madres y profesores nos entendamos, dialoguemos y trabajemos de la mano.

Un manifiesto educativo

Con el objetivo de conseguirlo ha nacido el Pacto por la Educación en Equipo (http://www.equipoeducativo.com/), propuesto por Gestionando Hijos y Fundación SM, que busca fortalecer el canal de comunicación entre padres y profesores y hacer reflexionar a ambas partes para lograr un mejor ambiente escolar y una mayor calidad educativa.

Para ello, el Pacto por la Educación en Equipo necesita personas implicadas que se adhieran al compromiso (se puede firmar en http://www.equipoeducativo.com/firma-el-pacto/). Además, quiere dotar a sus firmantes de las herramientas necesarias para que sea un éxito.

Por eso, 16 expertos del ámbito educativo, como el que fuera Defensor del Menor Javier Urra, las psicólogas Begoña Ibarrola o María Jesús Álava y los profesores Óscar González y Carmen Navarro, entre otros, han participado en la elaboración de un manifiesto que deberán comprometerse a seguir tanto profesores como padres. ¿Quieres conocerlo? En Crecer Feliz lo apoyamos firmemente.

Estos son los puntos básicos

El manifiesto busca conseguir ese ansiado entendimiento entre padres y profesores para que, por el bien de los niños, exista entre ellos un diálogo fluido. Para ello, ambas partes deben comprometerse a cumplir una serie de pautas.

Como padre me comprometo a...

- Colaborar con los profesores y considerarlos compañeros en la educación de mi hijo.
- No criticar a los profesores, y menos aún delante de mi hijo.
- Hacer todo lo posible por prestigiar la figura del profesor.
- Estar disponible para hablar con el profesor cuando éste lo considere necesario.
- Poner al servicio de la comunidad mis conocimientos para participar en la comunidad educativa.
- Colaborar con la escuela para acabar con el acoso escolar.
- No hacer los deberes a mi hijo.
- Contagiar emociones positivas sobre la escuela a mi hijo.
- Trabajar en equipo con los profesores en la mejora y progreso de la sociedad.
- Preguntarse cada día: qué estoy haciendo para que la escuela de mi hijo sea mejor.
- Recordar que educar a mi hijo en conciencia e ilusión es garantía de una sociedad mejor.

Como profesor me comprometo a...

- Querer más a los alumnos que a la asignatura.
- Tratar de aprender de ellos y de sus familias.
- Fomentar el diálogo y la implicación de los padres en el aula.
- Proponer a los padres participar en la vida escolar.
- Identificar lo más valioso de cada alumno.
- Coordinar con el equipo docente la carga de deberes.
- Comprometerme a erradicar el acoso escolar.
- Confiar en la capacidad de los alumnos y hacérselo ver a sus padres.
- Trabajar en equipo con los padres y madres en la mejora y progreso de la sociedad.
- Ver las reuniones de padres y madres como una oportunidad de encuentro e intercambio de experiencias.
- Recordar que la función de educador tiene una trascendencia en la construcción de un mundo mejor.

¿Por qué es necesario este pacto?

El Pacto por la Educación en Equipo quiere acabar con una situación que es más común de lo que pensamos. Un ejemplo: el caso que se hizo viral hace unos meses, cuando una docente comentó la contestación que había recibido del padre de una alumna ("Te pagan por aguantar") y se quejó de lo harta que estaba "de la mala educación de un alto porcentaje de los alumnos y del proteccionismo de los padres”.

¿Por qué está ocurriendo esto? Óscar González opina que “estamos ante un reflejo de la sociedad que tenemos y la pérdida de muchos valores. Es necesario que actuemos con humildad y estemos siempre en continua disposición de aprender de todo y de todos. Esa debería ser la actitud cuando vamos a las reuniones con el profesor de nuestro hijo, eliminando recelos y desconfianzas. Pero los docentes también debemos mostrar confianza y hacer sentir a los padres que ellos también son importantes y protagonistas. Y, sobre todo, mostrarles que ellos saben de educación. Mucho se habla de recuperar el prestigio del profesorado, y habría que hablar también de recuperar el prestigio de las familias”.

Saber quién educa

La profesora y Doctora en Historia Carmen Navarro, otra de las expertas que han participado en el Pacto , prefiere hablar de “desencuentro” más que de una mala relación. “A mi parecer, a veces padres y madres delegan en la escuela aspectos educativos que son de casa y que se pueden reforzar en el centro educativo. Me refiero a los valores de cada familia: qué respetamos, cómo nos relacionamos, para qué y cómo nos esforzamos, etc… Esos primeros aprendizajes son esenciales y tienen un componente afectivo que sólo la familia puede proporcionar. La escuela se ve atacada por muchas partes y en cierta medida ha hecho un movimiento a la defensiva, defendiendo sus posiciones. Es realidad es importante saber quién educa y enseña a quién, pero en las primeras edades resulta también esencial que las familias sepan que llevan la mayor parte de la responsabilidad”, reflexiona la experta.

Una reflexión necesaria para los padres

A la hora de valorar la importancia de este pacto, como padres debemos preguntarnos de qué modo afecta a nuestros hijos la mala relación entre familia y escuela. Óscar González explica que “existen estudios, como el de Henderson&Berla y Ho&Wilms, que demuestran que aquellos alumnos cuyas familias están implicadas en el colegio obtienen mejores resultados académicos.

Por tanto, hay que hablar regularmente sobre la escuela con nuestros hijos, pero hay que hablar bien. Podemos estar en desacuerdo con el profesor y su manera de proceder, pero jamás debemos hablar mal de él y desautorizarlo delante de nuestro hijo, porque estaremos ofreciendo un mensaje contradictorio que no hará sino desorientar al niño. Además, conseguiremos que el profesor pierda la poca autoridad que ya tiene”.

Nuestro ejemplo, esencial

Carmen Navarro está de acuerdo con su colega y recuerda que “buena parte de los aprendizajes tienen un componente de observación e imitación, y nada cala más que la fuerza del ejemplo. Por lo tanto, ser irrespetuoso con el profesor que atiende a tu hijo en su presencia sólo está marcando el camino para que el niño termine relacionándose con otros con falta de respeto y con desconfianza y para que tenga dificultades a la hora de cultivar la empatía y la amabilidad como forma de relación”.

Y una autocrítica de los profesores

Respecto al papel de los profesores, Óscar González se muestra muy claro: “también hacemos cosas mal. Una de ellas es no hacer autocrítica y pensar que si los padres no participan o colaboran es culpa de ellos, porque no les interesa. Nos deberíamos preguntar: ¿qué parte de responsabilidad tengo yo en esto?, ¿qué estaremos haciendo mal? Además, en muchas ocasiones los padres no participan porque se encuentran con las puertas de los centros cerradas. Esto es algo que debe cambiar. Es momento de “derribar los muros” y permitir que los padres entren y al mismo tiempo que la escuela salga al exterior y le cuente a la sociedad lo que está haciendo. El problema está en que en la formación del profesorado nos preparan para trabajar con niños, pero se pierde de vista que también trabajamos con adultos (padres y compañeros) y esto tiene consecuencias”.

Un objetivo común

Carmen Navarro concluye apostando por una comunicación basada en la sinceridad y alejada de prejuicios. “Ambos, docentes y familias, quieren lo mejor para los niños. Si los padres se acercan a los profesores desde el respeto a su profesionalidad y desde la colaboración, por su parte los docentes los recibirán como apoyo y como necesarios compañeros de ese viaje maravilloso que es educar. Así todo irá bien, y la relación, que se basará en la confianza mutua, funcionará”.

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