Claves para educar a un hijo único

Destierra los tópicos y descubre qué errores evitar y qué pautas seguir para lograr que crezca feliz, sociable y seguro de sí mismo.

 

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Una situación habitual

Muchas parejas deciden formar familia con un solo hijo. Los motivos son diversos: dificultad para conciliar la vida familiar y laboral, cuestiones económicas, decisión de tener sólo uno para poder ofrecerle lo mejor... A veces es una razón biológica: tras la llegada del primer hijo, por edad o por otras causas, no se consigue otro embarazo. Y, por supuesto, también hay muchas parejas que ven cumplida su aspiración de ser padres al tener un hijo y, simplemente, no desean más.

No tengáis dudas

Lo que es un hecho es que cuando se es padre o madre de un hijo único, casi siempre surgen las dudas sobre la idoneidad de tal decisión: ¿Será tan feliz como lo sería si tuviese un hermano?, ¿tendrá problemas de personalidad o de carácter?, ¿sabrá relacionarse?

Existen muchos tópicos sobre los hijos únicos. Y, como suele suceder, aunque algunos tengan algo de verdad, todos pecan de generalización. Además, la mayoría provienen de cuando ser hijo único era algo poco habitual en las familias. La pregunta que debemos hacernos es: ¿son diferentes? Y si lo son, ¿es por criarse sin hermanos o porque, al ser hijos únicos, los educamos de un modo distinto?

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Los tópicos positivos sobre el hijo único

Hoy se suele afirmar que los hijos únicos son más maduros, más responsables, no tienen celos... Veamos qué hay de cierto en ello.

¿Tienen más madurez?

Suele ocurrir así. En las familias con un solo hijo los niños a menudo muestran conductas más cercanas a las de los adultos. El motivo es evidente: su interacción con ellos es mayor. Esta madurez adelantada se aprecia también en el desarrollo lingüístico, que depende del ambiente verbal en el que crece el niño. Los hijos únicos suelen ser más precoces en hablar, ya que aprenden principalmente de sus padres, mientras que los niños con hermanos aprenden mucho a través de estos.

¿Son más inteligentes?

Ni más ni menos, no existe una relación. Algunos estudios señalan que quienes se han criado como hijos únicos alcanzan, de media, más puntuación en los tests de cociente intelectual; la explicación a estos resultados sería que la inteligencia está condicionada por lo que llaman el “nivel intelectual del ambiente”, que depende del conjunto de los miembros de la familia.
Pero, evidentemente, es sólo un porcentaje. A nivel individual la capacidad intelectual elevada se puede manifestar en cualquier niña o niño, tenga hermanos o no, ya que ésta depende de factores como la genética, el nivel cultural de la familia o la calidad de la interacción entre padres e hijos, pero también es una característica propia de cada individuo.

¿Son más responsables?

Es un tópico frecuente y una realidad muy relativa. La responsabilidad se adquiere sobre todo por medio de la educación recibida. El hijo único puede mostrarse más responsable por su mayor madurez e identificación con el mundo adulto. Sin embargo, por otro lado, como los padres están más descargados de trabajo que si tuvieran más hijos, pueden verse tentados a hacer ellos todo sin imponer ninguna obligación al niño, lo que redundaría en una menor responsabilidad de éste, convirtiéndole en un niño carente de compromiso y remiso a colaborar.

¿Se ahorran los celos?

En cierta medida, sí. Al no tener un “rival” con el que competir por el cariño de los padres o con el que compararse, es obvio que el hijo único no experimenta los celos fraternales. Pero tampoco está exento del todo de este sentimiento, que se puede manifestar hacia uno de los progenitores o hacia algún otro niño muy cercano, como un primo, un vecino o un amigo.

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Y los tópicos negativos

Siempre se ha dicho que los hijos únicos son egoístas y engreídos, que no saben compartir, se relacionan mal, se sienten solos... Analicemos una a una estas afirmaciones.

¿Son más egoístas?

Pueden tener esa tendencia... o la contraria. Naturalmente, tener hermanos implica compartir, pero los hermanos también luchan para defender lo suyo, cosa que al hijo único le cuesta más aprender. Sabrá compartir y competir si desde pequeño se le anima a jugar con otros niños y, además, si en casa no gira todo en torno a él, sino que también cuentan los padres.

¿Se sienten solos, se relacionan mal?

No es así, depende de la forma de ser de cada uno. El carácter más o menos extrovertido es en gran parte innato, tanto en los niños con hermanos como en los que no los tienen. Por supuesto, también importan las experiencias vividas; por eso, si en casa no hay otro niño con el que aprender a resolver conflictos, llegar a acuerdos, etc., habrá que proporcionarle esas experiencias llevándole al parque, apuntándole a alguna actividad extraescolar de grupo... Sí es cierto que los hijos únicos suelen relacionarse mejor con los adultos, al haber tenido más trato con sus padres.

¿Son más engreídos?

De nuevo es cuestión de educación. Con un hijo único se puede caer en el peligro de sobrevalorarlo en exceso, lo que puede determinar un ego muy hinchado. Todos los niños necesitan sentir la estimación y el orgullo de sus padres, pero cuando hay más hijos nunca se utilizan frases como “eres el mejor” o “eres el más guapo”, ya que eso supondría discriminar al otro hermano. Para que no se vuelva engreído hay que cambiar el “eres el más listo” por un “me gusta cómo lo has hecho, has sido listo”

¿Son más mimados?

Un niño mimado es aquel a quien se mima en exceso. Con el hijo único, el riesgo que se corre es que, al suponer una menor carga de tiempo para los padres, sea educado sin ninguna obligación. Y que si además los progenitores se sienten culpables por no haberle dado hermanos, caigan en el error de compensarle concediéndole todos sus caprichos. Por eso es importante tener claro que, en cualquier tipo de familia, cada hijo debe tener sus responsabilidades dentro del hogar, acordes a su edad y a sus capacidades, así como unos límites claros.

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Buenas pautas para educarle

Aplicad estas pautas para que la relación en casa y su desarrollo emocional sean perfectos:  

- Ponedle normas y asignadle obligaciones acordes a su edad, para que tenga límites y para que adquiera responsabilidad.
- Compartid juegos con él, adaptados a su edad, para que no se sienta solo y para enseñarle reglas sociales (esperar turno, saber ganar y perder...).
- Fomentad su encuentro con niños (actividades extraescolares, visitas, parque...) para que sepa relacionarse, compartir, pactar, defenderse...
- Dejadle tomar decisiones y ayudadle a afrontar los retos que se proponga, para que tenga éxito. Aceptad y respetad todos sus defectos y sus fallos.
- Compradle juguetes para jugar solo (construcciones, muñecos...) y enseñadle cómo hacerlo. Aficionadle a la lectura, leyéndole, y a las tareas creativas.
- Es normal que pida cosas, no le riñáis por desearlas, pero ponedle siempre una condición para que las gane con su esfuerzo.
- Si algo le sale mal, resaltad su acierto, no su error. Así tendrá autoestima y no se desanimará. Recordad que es un niño.

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Errores que conviene evitar

Tenedlos presentes. Caer en ellos es más fácil de lo que parece y es mejor modificarlos.

- No dejéis que haga lo que quiera (creerá que no le importáis) o que no haga nada (no se sentirá útil). Consentirle no es amarle.
- Evitad ser muy absorbente con él, no le interrumpáis cuando juegue a su aire y facilitadle la relación con otros familiares para que sea más independiente.
- Que no esté siempre con adultos. Y cuando juegue con niños, dadle libertad y, salvo si es necesario (si un mayor le pega), no mediéis en sus disputas.
- No le controléis todo el tiempo (no te manches, no toques, te vas a hacer daño...). No hagáis por él lo que puede hacer solo y no le exijáis la perfección.
- Limitad el tiempo que pasa viendo la tele o jugando a videojuegos. Al no tener un hermano con quien jugar en casa, es más fácil que caiga en el exceso.
- No le compenséis por no tener hermanos dándole todos los caprichos materiales; se volvería caprichoso y consentido.
- Necesita vuestros elogios, pero tened cuidado: si en vez de decirle “lo haces bien”, le decís siempre “eres el mejor”, será un engreído.

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¿Y si nos pide un hermanito?

Todos los hijos únicos tienen periodos en los que demandan un hermanito (al menos dos o tres veces hasta los 6 años). En esos momentos pueden aflorar sentimientos de culpabilidad en los padres. La decisión que toméis deberá basarse en vuestros deseos, no en las presiones sociales y familiares (tampoco en las de vuestro hijo). Y considerando que tanto con hermanos como sin ellos, los niños crecen igual de felices e integrados.

¿Por qué os lo pide?

Es una fase normal, por la que tiene que pasar. Ser consciente de que esto es así te ayudará a interpretar y aceptar mejor su conducta. Por ejemplo, muchas trastadas y conductas difíciles son solamente consecuencia de la fase evolutiva en la que se encuentra (como ocurre con las rabietas, que pasan la mayoría de los niños a los 2 años).

¿Qué contestarle?

Dadle un motivo que él pueda entender bien. Puede ser algo tan sencillo como decirle: “estamos muy contentos con la familia que formamos”. No le pongáis una excusa (“no podemos”) ni le deis falsas expectativas (“ya veremos...”). El pequeño debe ver que tenéis clara vuestra decisión. Eso sí, nunca le contestéis con frases como “ya tenemos bastante contigo” o “sólo nos faltaba otro como tú”, ni siquiera en tono de humor.
Los niños se toman estos comentarios al pie de la letra y podría llegar a sentirse responsable de vuestra decisión. Para terminar, podéis tranquilizarle diciéndole que la casa siempre estará abierta para que sus amigos vengan a jugar y, de vez en cuando, a dormir con él.

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