¿Crianza hygge = niños más felices?

Analizamos si esta manera de vivir y de educar “made in Dinamarca” es un mito o de verdad funciona.

 

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¿Una educación sinónimo de felicidad?

El Informe Anual de la Felicidad en el Mundo, el World Hapiness Report (http://worldhappiness.report/ed/2016/) es elaborado cada año por el Instituto de Investigación de la Felicidad y la Universidad de Columbia para medir el grado de satisfacción de 156 países. Un año más, según datos del 2016, la sociedad más happy del planeta es la danesa y, por extensión, sus hijos son los niños más felices del mundo.

¿El motivo? Para ser justos, y antes que nada, hay que mencionar el hecho de que nuestros vecinos del norte viven en el segundo país más seguro, disfrutan de una educación pública de calidad en la que apenas existe ni el fracaso escolar ni el bullying, cuentan con guarderías de 0 a 7 años que están subvencionadas por el estado, su manera de conciliar es la envidia de Europa y el sueldo medio (según un reciente informe de UGT) está en 4.234 euros.

Pero al parecer el secreto de su felicidad es otro: criar a sus hijos en el hygge (pronunciado hoo-gah). Con ayuda de una mamá española residente en Dinamarca intentamos averiguar si todo esto del hygge es puro márketing o de verdad puede generar niños más independientes, seguros de sí mismos y, sobre todo, mucho menos egoístas y más felices.

¿Qué significa hygge?

No existe traducción literal para el término hygge, pero se puede definir como un concepto filosófico, un estado mental de acogimiento y calidez absoluta, de búsqueda de los pequeños placeres; en definitiva, una intención natural de fomentar la buena vida y, en consecuencia, de tener esa sensación de bienestar intensa que te permite disfrutar de lo que de verdad importa, sin obsesionarte por lo material ni mostrar lo que no eres.

Criar a los hijos bajo estos mandamientos parece ser el pilar de la educación danesa y lo que les ha hecho liderar los primeros puestos del ránking de los países más felices del planeta durante 40 años seguidos.

El antropólogo Jeppe Trolle Linnet es considerado por los daneses como la voz mejor autorizada para hablar del tema. En su artículo "El dinero no puede comprar hygge", publicado en la revista "Social Analysis", señala que esta manera de vivir y educar no se trata de algo elitista, sino que todos los ciudadanos lo llevan en su ADN, solo tienen que desarrollarlo. Y explica que la mejor definición del concepto hygge es la palabra refugio, ese espacio al que acudimos todos, sobre todo a los más pequeños, en busca de seguridad.

¿Cuáles son los principios de este tipo de educación?

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1. Padres e hijos, conectados entre sí

Charlotte Abrahams, autora del libro "Hygge, una celebración de los placeres sencillos, viviendo a la manera danesa", asegura que lo opuesto a una madre o un padre hygge son los padres multitarea, que aprovechan para mandar unos mails de última hora o comprar online mientras dan de cenar a sus hijos, por ejemplo.

Si tuviéramos que poner en imágenes este concepto, la escena sería algo así como unos padres relajados con ropa de estar en casa, sentados en un sofá con una mantita y un café humeante alrededor de sus hijos, con los que mantienen un tranquilo diálogo. No hay prisas, no hay móviles ni tablets, tampoco reproches ni advertencias. Solo ellos y su conversación. Están aprendiendo desde pequeños a practicar hygge, a entender el hecho de estar presente y conectarse con otros como algo esencial en su vida (“ lo que importa es estar juntos”).

Todos se sienten bien

Iben Sandahl, la co-autora junto con la psicóloga Jessica Alexander del bestseller "The Danish Way of Parenting: A guide to raising the happiest kids in the world", asegura que “sentirse conectados otorga sentido a la vida, está comprobado que aumenta la oxitocina, la hormona de la felicidad. La clave está en dejar el yo a un lado y entender que lo importante es que todos en mi familia estén bien, que nos encontremos cómodos”.

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2. El juego libre, esencial

En cuanto al juego, la psicoterapeuta Iben Sandahl asegura en su libro que muchas veces los padres pasamos por alto cuánto aprenden los niños jugando solos. Es importante que desarrollen su imaginación con la espontaneidad de sus juegos y saliendo al jardín, al parque, al bosque, la playa, etc… lugares que les den la oportunidad de ser curiosos y diseñar sus aventuras.

Niños con su propio espacio

Los padres daneses son de la opinión de que el niño tiene que experimentar para aprender y de que es necesario dejarle su espacio para descubrir las cosas por sí mismo. A Teresa Rubio, una periodista española residente en Dinamarca y autora del blog www.mamiendinamarca.com,  le chocó en un principio que las madres danesas no fueran la sombra de sus hijos pequeños, por ejemplo cuando se encuentran en un parque de juegos.

No le parecían demasiado protectoras. “Están cerca, no se van muy lejos, y les observan, pero no están pegadas a ellos. Les dejan que juegue libremente y experimenten por ellos mismso. Cuando hay un riesgo, acuden sin dudarlo, pero para explicarles el motivo por el que es peligroso. Ahora soy yo la que se mantiene en la distancia mientras mi hija juega, creo que eso le ha ayudado a desarrollarse y saber valerse por sí misma”, explica.

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3. La importancia del diálogo

“Puede variar de familia en familia, pero en general los daneses valoran mucho el hacer actividades juntos, incluido mantener una conversación después de la cena. Es algo que provocan para estimular el diálogo, porque saben que es bueno para el desarrollo de la personalidad de sus hijos y como una forma de comunicarse y entenderse mejor. Parece sencillo, pero el arte del diálogo hay que practicarlo como si de un deporte se tratara, con constancia”, cuenta Teresa Rubio.

Encontrando la zona de desarrollo real

En este sentido, en su libro Iben Sandahl lanza a los padres una pregunta: ¿os habéis parado a pensar cuál es la zona de desarrollo real de vuestro hijo? Es decir, aquello que es capaz de hacer por sí solo frente a lo que es capaz de hacer con vuestra ayuda.

Pues bien, en estas conversaciones familiares, a través del diálogo, los niños pueden hacer ver a sus padres que no siempre la zona de desarrollo en la que están es la misma en la que piensan sus padres que se encuentran. Escuchando las propuestas de los hijos (“mamá, yo me puedo vestir solo”,”ya  no quiero que me des la mano para subir las escaleras”etc…) y dejándoles sentir que tienen el control de sus iniciativas (aunque siempre hay que estar vigilantes y procurar que las lleven a cabo de una manera segura) les están demostrando confianza y transmitiendo el mensaje de que pueden hacerlo y tener éxito.

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4. Contacto directo con la naturaleza

La Folkeskole, la educación obligatoria en Dinamarca, no comienza hasta los 6-7 años, pero hasta entonces el aula de los niños daneses es el bosque, la naturaleza. Los beneficios de salir de un entorno cerrado y aprender al aire libre son muchos: desde una mejora en la salud, a mayor capacidad de atención, más autonomía, adquisición de valores, etc… “Independientemente del tipo de guardería que elijas para tu hijo (Steiner, Montessori, etc...), por lo general todas se dividen en “vuggestue” (jardin de infancia), a la que acuden los niños desde los 10 meses a los 3 años, y el “øbrnehave”(guardería), que va desde los 3 a los 6 años.

¡A jugar al bosque!

La metodología que siguen es fundamentalmente de juego y experimentación. Les enseñan a ser autosuficientes y sobre todo realizan actividades de paseos y juegos al aire libre, haga frío o nieve. No hay excusa para no salir a la calle, ¡para eso están las prendas de abrigo!”, explica la autora de  www.mamiendinamarca.com.

En estas guarderías, subvencionadas por el gobierno, tienen un gran interés porque los niños mantengan un contacto directo con la naturaleza, y por ello cuentan con lo que se conoce como el “skovhave” (guardería del bosque). Una semana al mes, los niños van al bosque en lugar de estar en clase para disfrutar y aprender lo que es la naturaleza, alimentar y cuidar animales o simplemente jugar al aire libre.

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5. El hogar, su refugio

El concepto de hygge también se traslada a los hogares y a las habitaciones de los niños. La luz tenue, los cojines mulliditos, las velas sin olor y las mantas se convierten en protagonistas de las casas de los daneses, diseñadas para que los niños sean curiosos y aventureros. Es su refugio, por el frío y las muchas horas de oscuridad al día con las que cuentan diseñan el interior de sus hogares pensando en la comodidad y la practicidad, ya que pasan muchas horas dentro, con líneas atemporales y materiales sostenibles.

Una casa dentro de su casa

Siempre intentan dejar rincones destinados a que sus hijos jueguen independientemente, espacios donde pueden dar rienda a su imaginación y creatividad: ya sea creando una tienda de campaña, un fuerte o una casita con muchos cojines a la que acudir a dormir o a leer. En definitiva: su escondite hygee, su casa dentro de su casa.

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6. Conciliación efectiva

“Cuando dicen que en los países nórdicos se puede conciliar no es un mito de los medios, es una realidad”, dice contundente y por propia experiencia, Teresa Rubio. “Aquí los horarios son flexibles, si entras antes, sales antes. Yo trabajo de 9 a 5, pero los días que tengo que recoger a mi hija, entro a las 8 y salgo a las 3 y media. Siempre y cuando hayas hecho tu trabajo, y tras preguntar a tus compañeros que nadie necesita ayuda, puedes consultar con el jefe el salir antes, y en la mayoría de los casos te lo permiten. Entienden que no tiene sentido quedarse en la oficina haciendo nada.

¿Llevar al niño a la oficina?

En cuanto a traerte los niños al trabajo, es posible aunque siempre y cuando sea una emergencia, no por rutina. Pero lo que cuenta es que tienes la posibilidad y si lo haces, nadie te va a mirar mal por ello”, detalla la periodista afincada en Dinamarca.

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