Así actúan los cuentos en la mente del niño

Le entretienen, le hacen soñar y le enseñan lecciones útiles para la vida. ¿Cómo logran todos estos beneficios los cuentos infantiles?

 

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¿Dónde reside el secreto de los cuentos?

“¡Papá, ven a contarme el cuento!”, reclama Jorge cuando se va a dormir. Sus padres nunca han tenido problemas para mandar al niño a la cama porque él espera cada día ese momento especial e íntimo con alguno de los dos.
Junto a ellos ha descubierto el secreto de los cuentos: las historias que puede vivir a través de los personajes, las emociones que siente con ellos, en los momentos felices y en los inquietantes, la curiosidad por el desenlace, el ansiado final feliz...

Ponen nombre a lo que vive y siente

Jorge, como todo niño, necesita los cuentos para desarrollar su mente y su imaginación. Empezó con los libros para bebés, mirando las imágenes y oyendo las palabras que le repetían sus padres, y ahora le encanta escuchar todo tipo de historias, que algún día leerá por su cuenta. Si una le gusta, pide que se la repitan una y otra vez, exactamente igual. Lo necesita así porque la palabra es lo que hace que las cosas existan y el cuento pone nombre a lo que él vive y siente, da forma y coherencia a sus imágenes mentales.

Es parte de la gran riqueza de leer o escuchar cuentos, frente a ver la televisión. Mientras que las narraciones permiten al niño imaginar a partir de las palabras que oye, la televisión le ofrece un mundo de imágenes ya creadas, en el que no precisa imaginar nada. En consecuencia, a un niño que crece sin escuchar cuentos luego le costará más interpretar lo que se le transmite oralmente, por ejemplo en el colegio.

Y hay más. Está la dimensión afectiva, ya que nada es más gratificante para el pequeño (y para el narrador) que escuchar a una voz amiga relatando una historia interesante, un alimento emocional que todos los niños necesitan y reclaman desde tiempo inmemorial. Está, por supuesto, el factor lúdico, porque los cuentos han de ser entretenidos (incluso los que dan un poco de miedo). Y están las claves secretas que encierran estas narraciones, especialmente las tradicionales, enseñanzas para vivir que el niño extrae a partir de su propia reflexión y que precisamente por eso son más eficaces que cualquier norma moralizante.

Mira todo lo que aprende Jorge, y lo que puede aprender tu hijo, con los cuentos infantiles, ya sean los clásicos o los actuales.

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Qué le enseñan los cuentos tradicionales

Los cuentos tradicionales, aquellos que nos enseñaron de pequeños y que seguimos contando a nuestros hijos, siempre tienen moraleja. Contienen claves simbólicas que actúan a nivel consciente e inconsciente en la mente del niño y le aportan enseñanzas que él sabe extraer con su propia reflexión y que son útiles para resolver sus conflictos internos.

Un conflicto existencial

Fue el célebre psicólogo infantil Bruno Bettelheim, en su obra “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, quien se percató de este detalle y lo analizó en muchas historias populares de la tradición occidental: “Caperucita”, “Hansel y Gretel”, “Pulgarcito”, “El patito feo”... Los llamados cuentos maravillosos siempre plantean de un modo sublime un problema existencial: la necesidad de ser amado y el temor al rechazo; el sentimiento de soledad, expresado a menudo como temor a la oscuridad y a sus peligros imaginarios; el amor a la vida y el temor a la muerte, al abandono o a la pérdida de los seres queridos...
Estos cuentos no dicen que la vida sea fácil, todo lo contrario, pero sí transmiten la certeza de que se pueden superar las dificultades. Porque el protagonista sufre un infortunio y para llegar al final feliz tendrá que ser más astuto que la bruja, más valiente que el gigante, escuchar los buenos consejos del hada, esperar a que se muestre su belleza o contar con la ayuda del cazador.
Sus mensajes: ser bueno es mejor que ser malo (porque el bien siempre triunfa); merece la pena esforzarse; existen seres mágicos (como mis padres), que me protegerán del mal; es posible vivir felices para siempre.
Estas ilusiones son necesarias en las primeras etapas de la infancia y como el niño se identifica con el personaje y pide que le repitan el cuento, sus mensajes calan en él y desarrollan su confianza interior.

Él sabe extraer las lecciones

No despreciemos por tanto el valor terapéutico y educativo que aún tienen los cuentos tradicionales, por mucho que algunos digan que en la era de internet a los niños ya no les interesan las brujas, hadas y duendes.
La magia de las historias fantásticas es que el niño sabe extraer de cada una justo lo que necesita para entender lo que le está ocurriendo y superar así sus miedos y dificultades.

- Con “Caperucita Roja” o “Los siete cabritillos” el niño aprende que debe obedecer a sus padres (no te desvíes del camino). El lobo le enseña que hay personas malas, aunque la mayoría sean buenas (no te fíes de desconocidos). Y el cazador o la mamá de los cabritos, héroes que sacan a los buenos de la barriga del lobo, aportan el mensaje de que el bien triunfa sobre el mal.
- En “La Cenicienta” puede encontrar consuelo un niño que sufre por la envidia (real o no) de sus hermanos o amigos.
- En “El patito feo”, el que se siente rechazado por ser diferente sin darse cuenta de lo bueno que hay en ello. Al que sigue la ley del mínimo esfuerzo y no hace sus deberes, el cuento de “Los tres cerditos” le hará reflexionar.
- “Pedro y el lobo” habla a los pequeños sobre el mal hábito de mentir (ojo, que no es lo mismo que fantasear). “Hansel y Gretel” resuelve el miedo profundo del niño a ser abandonado por sus padres.
- Y así, en todos hay una lección: en “El flautista de Hamelín”, que los demás deben respetarle; en “El gato con botas”, que se puede llegar muy lejos a pesar de unos orígenes humildes...

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Qué enseñan los personajes al niño

En los cuentos para niños pequeños, los buenos son siempre buenos (aunque a veces se equivoquen) y los malos, muy malos, sin ambigüedades. Es así porque el niño necesita un referente claro para identificarse con la actitud correcta.

Los personajes de los cuentos llegan de un modo muy profundo a la mente del niño y le dan importantes claves: es mejor ser bueno que ser malo, nunca hay que rendirse ante las dificultades, las cosas pùeden siempre mejorar, los buenos al final vencen y son felices. Él, naturalmente, se identifica con el bueno, el que sufre un conflicto, y con el héroe salvador (que a veces es el mismo que el bueno), pero también el malo le aporta enseñanzas, justo porque lo rechaza.

El bueno

Es el personaje con el que se identifica el niño oyente o lector. A veces se equivoca, como Caperucita, Pinocho o los cerditos perezosos. O es una víctima inocente, como en La Cenicienta, Blancanieves o Hansel y Gretel. Pero al final, con la ayuda del héroe, consigue salir victorioso.

El malo

El lobo feroz, el ogro, la bruja, el dragón, las hermanastras envidiosas... Los malos son malvados, maleducados, feos, con voces y risas de malo... Esto hace que el niño no quiera identificarse con ellos.

El héroe

Es el personaje que ayuda, que hace el bien. En algunos cuentos es el bueno, que se convierte en héroe, pero en otros no. Es el cazador en Caperucita o en Los 7 cabritillos, el príncipe de Blancanieves, La Cenicienta o La bella durmiente, el flautista de Hamelin...

Los amigos del bueno

Son leales, se preocupan por el bueno y le ayudan. A veces alguno se equivoca o se acobarda, como el león de El Mago de Oz, pero recuperará el valor.

El lacayo del malo

El malo no tiene amigos. Si acaso, un lacayo o secuaz que le sigue por no saber elegir, que no es tan malvado como él (le quitaría protagonismo) y al que el malo trata fatal.

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¿Y qué hay de los cuentos actuales?

Naturalmente, no sólo los cuentos clásicos cumplen esa función liberadora y formativa para el niño. Los actuales también contienen elementos mágicos que atraen el interés del pequeño, le llevan a identificarse con el protagonista y le enseñan actitudes y valores: objetos animados, animales que hablan, personajes en los que se ve reflejado, buenos y malos, conflictos, sentimientos, aventuras y, sobre todo, finales felices.

Historias muy recomendables

Entre otros, son muy recomendables las colecciones de libros protagonizados por Teo o Pocoyó, personajes con los que se identifican y aprenden mucho los más pequeños. Las aventuras del osito Winnie The Pooh también les ayudan a socializarse, a resolver conflictos de convivencia y a valorar la amistad. Caillou, un niño de 4 años que vive sus aventuras en familia descubriendo el mundo que le rodea y que casi siempre está alegre (aunque a veces se enfada y coge una rabieta) es otro personaje cercano que transmite enseñanzas útiles y valores.

Y para los mayorcitos, aunque aún prelectores, los cuentos de Las tres mellizas, Teresa, Elena y Ana, a las que, cuando hacen alguna trastada, la Bruja Aburrida castiga enviándolas a algún cuento de hadas, historia clásica o personaje o hecho histórico, para que aprendan, mientras ella hace todo lo posible para que no puedan llegar al final del cuento.

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Los cuentos de memoria o inventados, ¡buenísimos!

Generalmente los niños pequeños, incluso cuando les leemos un cuento, lo que quieren es que se lo narremos. De ahí la importancia de saber contárselos. Y de recurrir a la memoria o a la imaginación para idear nuevas historias o argumentos que puedan interesarle.

Tu hijo se reirá con ganas si le cuentas con gracia y un poco de misterio cualquier anécdota que le haya sucedido al abuelo, a su hermano mayor o a ti cuando eras pequeña. En este caso es buena idea escribir antes el argumento y algunas palabras clave para repetirlas en cada ocasión (a los peques, sobre todo entre los 18 y los 36 meses, les encanta la reiteración y quieren oír la historia siempre en el mismo orden y con las mismas palabras, porque así pueden predecir lo que va a suceder a continuación y eso les da una sensación de reconfortante seguridad).

Un truco de los inventa-cuentos

Otra opción, con infinitas posibilidades, es inventar cuentos. No es tan difícil. Puedes utilizar el truco de convertir a los animales en protagonistas, un recurso que han empleado los cuentistas de todos los tiempos y que tiene su razón de ser: el niño posee una mente animista, cree que todo lo que tenga vida (incluso los objetos afectivos, como sus juguetes), la tiene igual que nosotros, cree sinceramente que los animales entienden y sienten igual y pueden hablar.
Tu hijo está ahora centrado en sí mismo y espera que los animales le hablen de las cosas que son realmente importantes para él, como ocurre en los cuentos y como él mismo hace con los animales de verdad o con los de juguete. Y además, los cuentos protagonizados por animales presentan la ventaja de que, como éstos no tienen sexo ni edad, al pequeño le resulta más fácil identificarse con ellos.

¡Ah! Y no dejes de contarle esos cuentos populares, de los que hablábamos antes, los que te sabes de memoria porque a ti te los contaron en la infancia.
Despertar su curiosidad y su interés por oír historias es el primer paso para fomentar el hábito lector. Y ya sabes que no hay nada como escuchar el cuento idóneo en el momento adecuado.

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Qué libro comprarle a cada edad

Ua buena idea es regalar libros al niño desde que todavía es pequeño, cuando ni siquiera sabe leer. Así los irá incorporando entre sus diversiones habituales y con el tiempo verá la lectura como un placer y no como una obligación. ¿Cuáles puedes comprarle según su edad?

De 0 a 1 año: Libros para bebés

De plástico, tela o cartón, con una imagen por página y sin texto. Ya entiende cuando le nombras los objetos habituales de su vida cotidiana (biberón, chupete, cuna...) y esto le encanta. También le gustan los libros con diferentes texturas, para tocarlas, y páginas gruesas para aprender a pasarlas.

De 1 a 2 años: Con sorpresas

Libros de imágenes que representen escenas cotidianas de la casa, la familia, el parque, las vacaciones... Ya entiende que dos imágenes son la secuencia de una acción (antes y después). Le gusta leer contigo cuentos en los que pueda participar, por ejemplo levantando solapas, descubriendo figuras escondidas, con pegatinas...

De 2 a 3 años: Su pequeño mundo

Ya sigue una historia con inicio-desarrollo-fin. Le gustan los cuentos en los que el protagonista pasa por situaciones como las que él vive (ir a la guardería, prescindir del pañal, tener miedo a la oscuridad...) y la narración simplificada de cuentos populares. También libros que plantean como juego aprender los colores, los sonidos de los animales...

De 3 a 5 años: Fantasía y saber

Le encantan las historias de héroes, aventuras y acción, los cuentos de princesas, los clásicos, incluso contados tal y como los escribieron sus autores... También los cuentos para pintar. Su mundo y su mente se amplían y pueden interesarle libros más técnicos: el cuerpo humano, vehículos, vida de animales... Aunque aún no sabe leer, tiene un gran afán de aprender.

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