Niño: 8 claves para que obedezca las normas

Las normas resultan esenciales para educar. Descubre cómo deben ser para que tu hijo las cumpla... y las interiorice.

 

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Es necesario saber poner normas

Educar no es una tarea sencilla, requiere grandes dosis de paciencia, criterio y sensibilidad, y exige a los padres ejercer una autoridad (si no, la ejercerá el niño) compuesta a partes iguales de firmeza y cariño.
Para lograrlo, una de las cosas que más te ayudarán es establecer unas normas claras y hacer que las cumpla, para facilitar la convivencia sin tener que estar todo el día luchando con él.

A veces le costará aceptarlas, las desafiará (como en la etapa de la exploración) o se rebelará contra ellas (en la de las rabietas), pero con el tiempo irá razonando y las irá interiorizando, construyendo con ellas su sistema de valores.

Esenciales para su desarrollo

Los beneficios de tenerlas son muchos: los límites le protegen de situaciones peligrosas, le enseñan a diferenciar lo que está bien y lo que está mal, le incitan a esforzarse, le orientan sobre qué puede esperar de los demás y qué esperan los demás de él y hacen que se sienta seguro porque le dan pautas de comportamiento.

Pero, ¿cómo deben ser estas normas para que de verdad resulten eficaces?

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1. Pocas

Un número excesivo de pautas dificulta su cumplimiento y lleva a confusión en el orden de importancia. Es mejor que haya pocas reglas y que se vayan añadiendo nuevas conforme el niño demuestre haberlas interiorizado.

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2. Claras

Para que las normas sean comprendidas es fundamental expresarlas de forma sencilla, con calma y de un modo asertivo. Si se pierden los nervios y se grita, el niño puede asustarse y no captar el mensaje que se le transmite.

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3. Concretas

Las instrucciones generales no son efectivas, hay que matizar. Es mejor decir “cómete lo que te ponga la abuela y acuéstate a la hora que te diga” que “pórtate bien”.

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4. Congruentes

Las normas deben ser lógicas para el niño y adecuarse a su edad. No se le puede exigir a un niño de 3 años que no corra por la calle, es mejor pedirle que vaya de la mano hasta llegar al parque, por ejemplo.

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5. Consistentes

Saltarse la norma debe tener una repercusión. Una mirada o una palabra pueden ser suficientes para que entienda que ha obrado mal. Si se aplica algún castigo, mejor que sea leve, pues deberá cumplirse o el niño acabará por no respetar las reglas.

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6. Graduales

Es necesario diferenciar las normas importantes de las accesorias, tener paciencia hasta que el niño las vaya aceptando y considerar también que no es lo mismo saltarse una regla la primera vez que las sucesivas.

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7. Flexibles

No hay que confundir autoridad con autoritarismo. Hay que diferenciar entre aquellos límites que no se pueden transgredir y los que sí pueden modificarse según las circunstancias o estar sujetos a la negociación. El adulto es el encargado de establecer la diferencia.

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8. Consensuadas entre los padres

Si el padre y la madre son diferentes en carácter, reacciones, manifestaciones afectivas, experiencias… es importante que sean conscientes de ello y estén dispuestos a encontrar soluciones compartidas a través del diálogo, para lograr poner límites al niño de forma clara y firme sin que existan fisuras. Si al menos uno de los miembros de la pareja se esfuerza por ser ecuánime, resultará más fácil llegar a un acuerdo en la educación del hijo.

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