Los deberes, a examen

La conveniencia o no de que los niños los hagan, el tiempo máximo que deberían dedicarles, las alternativas... De todo ello hemos hablado con tres expertos en educación.

 

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Opiniones encontradas sobre el tema

Los alumnos españoles realizan 6,5 horas de deberes a la semana, frente a las 4,9 horas de media en otros países, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Unas cifras que no se reflejan en los resultados académicos de nuestro país: estamos por debajo de la media de los estados vecinos en cuanto a rendimiento académico en matemáticas, lectura y ciencia, y el 24% de estudiantes abandonan las aulas antes de finalizar la educación secundaria superior.

En medio de esta situación, los deberes han pasado a estar en el centro de la polémica. Hay expertos y padres que piden que se supriman totalmente, argumentando que la cantidad de tareas que tienen los niños les quita tiempo para la vida familiar y las actividades extraescolares. Otros opinan que son necesarios y no hay que cambiar nada en este sentido. Y otros se inclinan por no eliminarlos, pero sí rebajar la cantidad y buscar un sistema educativo en el que cantidad no sea sinónimo de calidad. 

La solución no es fácil de encontrar e incluso va a ser objeto de debate en el Congreso de los Diputados. Nosotros hemos hablamos sobre el tema con varios expertos en educación, para que nos den su opinión.

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¿Son necesarios? ¿Para qué?

Una de las razones más esgrimidas a favor de los deberes es que aportan valores como la rutina, la disciplina y el hábito de estudio. José Luis García Llama, Decano de la Facultad de Educación de la UNED, está de acuerdo y opina que los deberes no son malos per-se, por lo que en su opinión no hay que suprimirlos en su totalidad. “Las tareas se realizan en el colegio, pero el ritmo de aprendizaje de los niños no es homogéneo, por lo que parece lógico que una parte de esa tarea se traslade al domicilio familiar, aunque no se debe fijar nunca una cantidad exacta de tiempo”.

Para la pedagoga Laura Malvar es cierto que potencian el hábito de estudio, pero hay otras cosas que enseñan a los niños disciplina y rutina. “Practicar un deporte o ayudar con las tareas de la casa también les aporta disciplina. Lo más importante que transmiten los deberes es el hábito de trabajo intelectual en casa, algo que hay que mimar a lo largo del tiempo, como una inversión de futuro. En Infantil y Primaria no es muy necesario, pero sí que lo será de cara a cursos más avanzados”, señala.

Por su parte, Paula Sáenz, psicopedagoga del ISEP Clínic de Barcelona, opina que no hace falta que los niños se lleven tareas a casa.  “En cambio, podrían disponer dentro del colegio de un tiempo de trabajo autónomo para que, en el caso de no saber realizar las tareas, fuera el profesor el encargado de ayudarles”.

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Si se hacen, ¿dónde está el límite?

En países como el Reino Unido el gobierno recomienda una hora y media semanal para los niños menores de 11 años. Otros, como Dinamarca, no dejan a los colegios mandar deberes en fines de semana. Para José Luis García, “lo ideal sería entre 15 y 45 minutos al día de tareas para niños en Primaria”.

Según Laura Malvar, “en principio nunca deberían suponer más de una hora, pero el tiempo dedicado tendrá que ver con la naturaleza de las tareas, no es lo mismo la lectura de un libro que la realización de sumas”.

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¿Qué alternativa habría a los deberes?

Uno de los argumentos en contra de los deberes es que quitan tiempo libre para hacer otras actividades. Paula Sáenz está de acuerdo: “A menudo pensamos que hay que tener ocupados a los niños haciendo cosas para que aprendan, pero necesitan también descansar, ver a sus hermanos y jugar con ellos. Después del colegio los niños tienen muchas ganas de ver a sus padres y poder compartir con ellos lo que han hecho y aprendido, de contarles a qué han jugado...”.

José Luis García Llama piensa también que hay que dejar tiempo para “la música, el deporte, los videojuegos y los paseos y juegos al aire libre en los que se impliquen sus padres”.

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¿Hay que ayudar al niño a hacerlos?

Para Paula Sáenz, “el papel de los padres es el de acompañar y facilitar el aprendizaje, pero nunca deben hacer los deberes por sus hijos. El alumno debería tener todas sus dudas resueltas con el profesor antes de llegar a casa y, en el caso de tener que hacer alguna tarea allí, ser capaz de resolverla sin más complicación”, señala la experta.

El Decano de la UNED comparte su opinión y asegura que “hay que acompañar y orientar en los deberes, pero es contraproducente que los padres terminen resolviendo los ejercicios por el niño, ya que este acabará dejándose llevar por la comodidad de saber que siempre se los van a solucionar y dejará de esforzarse”.

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¿Cómo deben involucrarse los padres?

Hay padres que pueden ayudar más que otros con los deberes, tanto en disponibilidad de tiempo como en conocimientos, una desigualdad que argumentan quienes se oponen a los deberes. Según los tres expertos que hemos consultado, la clave está en interpretar bien cuál debe ser el papel real de los padres en el proceso educativo de sus hijos.

Para Laura Malvar,” poder compartir con tus hijos ese tiempo es más una oportunidad que una limitación; es nuestra ocasión para adentrarnos en el proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestros hijos, una excusa para conocerlos en otra esfera”. El Decano de la UNED hace hincapié en que “no hay que confundir preparación con dedicación”. Al hablar de esta última, cita cosas como que los padres se preocupen de que sus hijos tengan el espacio adecuado para estudiar: una habitación agradable, sin ruidos, con luz natural y con una buena silla que facilite una postura correcta.

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¿Y qué pasa con los padres y WhatsApp?

Los grupos de Whatsapp de padres están de moda. Para Laura Malvar, no son buena idea si se utilizan para sobreproteger a los hijos, restándoles de este modo autonomía (“¿se te han olvidado los deberes? Bueno, mando un whatsapp a las mamás del cole para que nos los escaneen”).

Pero, según explica, “es importante que el niño vea que su familia se interesa por su proceso educativo y que genere expectativas positivas hacia él mismo; por ello, si se utilizan correctamente estos grupos pueden ser de gran ayuda, una oportunidad para involucrar a la familia en las actividades del aula y un modo de sacar el aula a la sociedad”.

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