Disfrazarse y los beneficios que tienen para los niños

Llega Halloween, una excelente excusa para poner en práctica una de las actividades más educativas para tus hijos: jugar a los disfraces.

Disfraces Halloween
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La fiesta de Halloween es la excusa perfecta para llevar a la práctica uno de los juegos más imaginativos y divertidos para los niños: los disfraces. A casi todos los niños les encanta disfrazarse cuando ya han cumplido dos o tres años, porque les permite ser imaginativos, creativos e interpretar papeles –hecho que hace aumentar su comprensión y empatía, ya que han de "meterse en la piel" de otros–.

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Los disfraces de bebés

Para estimular su imaginación desde pequeños, puedes disfrazarlos aun siendo bebés. Les encantará verse ante el espejo con un sombrerito o con la nariz pintada, aunque no son conscientes de que son ellos. Eso sí, es pronto para recurrir a caretas. ¡Y tampoco te las pongas tú! Más adelante, a partir de los dos años, los disfraces beneficiarán su capacidad de observación y de imitación –si, por ejemplo, se disfraza de cocinero, tendrá que analizar cómo actúa e imitarlo–.

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Los disfraces le ayudan mucho

Un palo que se convierte en espada, un sofá que es un impresionante barco con el que surcar los mares... Los disfraces favorecen el pensamiento simbólico, que empieza a desarrollarse a los dos años. Al interpretar un papel, el niño asume el modo de actuar de otros, lo que favorece la comprensión de normas y obligaciones. Disfrazarse también ayuda al niño a desinhibirse, a mostrarse abierto y divertido, lo que aumenta su autoestima. También les ayuda a exteriorizar y a vencer sus miedos.

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Los disfraces son una ventana a su mundo interior
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La elección de su disfraz puede darte alguna pista sobre el mundo interior de tu hijo: si quiere vestirse de león, quizá esté buscando imponer su voluntad; si tu hija quiere ir de princesa, quizá quiera sentirse admirada, que le digas que es guapa... Si se disfraza de Supermán, de vaquero... quizá quiera sacar al héroe que lleva dentro, mostrar su valor, que es fuerte y está creciendo. Sus disfraces pueden ser una ventana para ti desde la que también podrás ayudarle, por ejemplo, a cambiar estereotipos.

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Qué disfraz elegir

Tanto si vais a hacerlo en casa como si vas a comprarlo, has de tener en cuenta que la temática ha de coincidir con los gustos de tu hijo: sus personajes favoritos, las profesiones por las que se siente atraído... Pero, por encima de todo, es importante que dejes que desarrolle su imaginación ideando sus propios disfraces. No hace falta que haya una fiesta, que sea Halloween o Carnaval, para que se disfrace. Una buena idea es tener en su cuarto un baúl con prendas que ya no uses –sombreros, pañuelos, un chaleco...–, sus disfraces propios –de médico, de pirata, de animales...–. Deja que él mismo revuelva las ropas y los complementos y se vista. Una buena idea es hacerlo juntos e interpretar una historia, un cuento... ¡Ah! Si no quiere disfrazarse, no lo obligues. En este juego él tiene que sentirse cómodo, alegre... no ridículo o avergonzado.

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Recomendaciones para disfrazar a los niños sin peligro
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Si tus hijos ya están en edad de celebrar la noche de Halloween, deja que lo hagan, pero toma precauciones:

- Si salen a la calle a jugar al famoso "Truco o trato", han de ir con un adulto. Haz que sea divertido y que el adulto vaya disfrazado y participe (lo aconsejable es que vaya un adulto por cada cinco niños).

- Hay que tener cuidado y que ningún niño se despiste y también por las chuches que comen: los niños no controlan y muchos pueden abusar de ellas y padecer empachos e indigestiones.

- ¡Ojo con los maquillajes! Hay que comprar los productos en sitios seguros que ofrezcan garantía de calidad (conviene probar la pintura en un brazo antes de ponerla en la cara). Hay que evitar dentaduras y, por supuesto, lentillas de colores, muy de moda.

- Si el disfraz no está hecho en casa, también hay que comprarlo en un sitio seguro, con un etiquetado correcto que incluya la edad a la que puede usarse, consejos de seguridad, empresa responsable...

- Hay que evitar caretas. Si los que ya son mayorcitos la llevan, hay que comprobar que los agujeros para respirar y para ver son lo suficientemente amplios. Conviene evitar las máscaras que cubran la cabeza por completo.

- Las diademas, coronas y demás complementos de los disfraces, para menores de catorce años, están considerados juguetes. Como tales, deben llevar el etiquetado CE, las advertencias de uso y un código de identificación.

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