2 años: trucos para momentos conflictivos

Educar a un niño de esta edad exige altas dosis de paciencia. Descubre cómo actuar en situaciones complicadas del día.

 

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Rabietas y afán de autonomía

A los dos años, el niño tiene unas características muy concretas. Por un lado, ha descubierto que es una persona independiente y busca más autonomía (por eso se empeña en hacerlo todo solo y se frustra si no lo consigue), pero al mismo tiempo siente miedo al alejarse de mamá e intentar cosas sin su ayuda. Además, como cree que el mundo gira a su alrededor, suele ser bastante exigente: quiere todo y lo quiere ya.

Estas características hacen que los dos años sean la edad de las rabietas y exijan a los padres dosis extras de paciencia. ¡Menos mal que también es la época de las gracias y el niño está de lo más divertido! En todo caso, hay trucos efectivos para afrontar mejor algunas situaciones complicadas. Toma nota.

Se empeña en vestirse solo...

...y llegáis tarde. Es una situación que se da a menudo con niños de esta edad y puede hacerte perder la paciencia. Tranquila. Tu hijo actúa así porque quiere ser autónomo.

Qué hacer

Ese afán de independencia es algo muy positivo, así que está bien que lo favorezcas. Pero es cierto que hay momentos en los que no es posible. Lo mejor es que le expliques que puede vestirse solo los fines de semana, cuando no tengáis prisa, o que por la noche le permites ponerse el pijama sin tu ayuda. A diario, deja que él vaya haciendo algo (poniéndose un calcetín...) mientras tú te ocupas del resto.

Tiene una rabieta...

...cuando estáis en el supermercado. O cuando vas por la calle cargada de bolsas, o cuando vienen visitas a casa... Es algo bastante habitual en niños de 2 años, y el problema es que a su rabieta se une la tensión que sientes tú, lo que empeora la situación. Pero piensa que si estás haciendo la compra y el niño monta un número, la causa más probable es que, simplemente, esté cansado o quiera llamar tu atención.

Qué hacer

Si tienes que ir con él a la compra, elige una hora en la que no tenga sueño y haya comido. Pídele que te ayude a buscar algo de lo que tienes que comprar; se sentirá importante y además de evitar su enfado, aumentarás su autoestima. Si está en plena rabieta, sepárale de la cola de pagar, llévale a un rincón y espera a que se calme. Si te insulta, mantente tranquila y no actúes igual: tu actitud le enseñará que sus palabras no te ofenden y le demostrará lo importante que es el respeto. Hazle saber que desapruebas su conducta, pero no a él. Dile, por ejemplo, “no me gusta cómo te estás portando” en vez de decirle “eres malo” o “eres tonto”.

Dice no a lo que le pides...

...sea lo que sea. La causa de su rebeldía es que está tomando conciencia de sí mismo como ser individual y cree que para reafirmarse debe oponerse a todo lo que tú le digas: acostarse, comer... Además, continúa en la etapa egocéntrica, en la que sus sentimientos priman sobre los de los demás y es incapaz de ceder. Por eso, además de decirte “no” con rotundidad, se enrabieta cuando insistes en que se vaya a la cama o se lave las manos.

Qué hacer

Respirar hondo y echar mano de la paciencia. Debe existir un equilibrio entre la libertad y las normas, porque sólo así podrá convertirse en un niño autónomo y feliz, pero también adaptado y respetuoso. Ponle pocas normas, pero muy claras, y ofrécele varias alternativas cerradas para que pueda elegir (en vez de pedirle que se coma una manzana, pregúntale: “¿Qué fruta prefieres hoy, una manzana o un plátano?”). Dale órdenes claras, nunca en forma de pregunta (en lugar de: “¿Quieres recoger tus muñecos?”, di algo como: “Recoge tus muñecos”. Y utiliza incentivos. Por ejemplo: “Si te bebes la leche enseguida, tendremos más tiempo para leer cuentos”.

De pronto, se pone exigente...

...y no entiende que no le hagas caso. A los dos años, al niño le cuesta todavía comprender que haya que esperar para obtener las cosas y que no puede conseguirlo todo. Esto, unido al escaso control que aún tiene de sus emociones, puede ocasionar más de un conflicto.

Qué hacer

Tirar de paciencia, cariño y firmeza. Cuando te pida atención para mostrarte o decirte algo, dásela. Si te interrumpe cuando estás ocupada, dile “no te olvides y luego me lo cuentas” (además, así le enseñarás a tener memoria y paciencia). Si se porta mal, retírale la atención  y pon cara de enfado. Elógialo cuando se porte bien. Jugad a juegos en los que haya “turnos”: ahora tú, ahora yo; de esta manera aprenderá a esperar y a escuchar.

Se enfada con otros niños...

... y termina pegándoles. Hasta los dos años los niños aún juegan "en paralelo" (uno junto a otro, pero sin interactuar). Sin embargo, a partir de esta edad empiezan ya a jugar juntos de vez en cuando. Eso sí, todavía no entienden el concepto de compartir y piensan que todo es suyo, así que es normal que se peleen por un juguete. Y como todavía no controlan bien sus emociones, pueden acabar pegándose.

Qué hacer

Espera antes de intervenir. Si lo solucionan entre ellos, habrán dado un paso adelante para aprender a relacionarse. Si no lo hacen y se pegan, sepáralos con calma y distráelos con algo. Cuanto haya vuelto la calma, enséñales lo divertido que es jugar juntos compartiendo.

Se despierta con pesadillas...

... una noche tras otra. A los dos años, las pesadillas pueden aparecer en el sueño de tu hijo porque se siente inseguro, está ansioso, porque se ha impresionado por algo, porque se ha acostado más tarde de lo habitual...

Qué hacer

Mantente serena, dale su peluche y proponle algo agradable en lo que pensar para que vuelva a dormirse. Para prevenir las pesadillas, evita que vea la tele y que realice actividades movidas si falta menos de una hora para que se acueste y dale una cena de fácil digestión. Ponle en la habitación una luz piloto.

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