Tu hijo, listo para empezar el cole

El inicio del periodo escolar es una etapa difícil para la mayoría de los niños. Pero tú puedes hacer mucho para facilitar a tu hijo la adaptación.

 

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Al cole de mayores

Todo cambio cuesta. Requiere una aclimatación y eso, un esfuerzo. Por este motivo es probable que los primeros días de colegio sean difíciles para tu hijo y para ti. “Para él, porque va a un entorno nuevo, que le pide un rol nuevo. Y para ti, porque supone un cambio en tus rutinas y porque debes aprender a dejar a tu hijo con otras personas”, explica Cristina Mudarra, psicopedagoga y profesora de la Universidad Internacional de Catalunya.

Además, puede que le veas algo tristón o que incluso, llore los primeros días porque no sabe si le irás a buscar o no y porque el llanto es contagioso y verá llorar a otros niños. Es completamente normal.

También porque tiene que ir a un sitio donde le hacen compartir muchas cosas, donde debe aprender a relacionarse con niños a los que no conoce y donde hay un horario establecido. Todo ello supone un aprendizaje y desconcierta a la mayoría de los pequeños, incluso a los que han estado antes en una guardería.

Tu actitud, fundamental

Tú puedes ayudar a tu hijo en la adaptación. De entrada, ten por seguro que si su base afectiva es sólida, le será más fácil afrontar el cambio.

Y después, con tu actitud positiva y firme, conseguirás que los nervios den paso a la alegría.

Apunta estas pautas que empiezan unos días antes del inicio escolar. La recompensa vale la pena. Una vez superada esta etapa disfrutarás mucho, porque el primer año de escuela de los niños es muy gratificante.

Verás un cambio enorme en tu hijo: cómo gana autonomía, con qué ilusión te enseña su primer cuaderno, cómo hace amigos...

Unos días antes

Si eres previsora todo será más fácil. Una de las cosas más importantes que debes hacer es ajustar progresivamente el horario del niño al que va a tener en la escuela. Es normal que durante las vacaciones los horarios se relajen mucho, pero ahora es el momento de ir adecuándolos al de la rutina escolar. Así el niño no vivirá una ruptura muy brusca e irá más preparado.

Esto significa que idealmente deberías intentar que se levantase, desayunase, comiese... a la hora aproximada que seguirá allí. “Además, empieza a marcar la rutina con el tiempo establecido con el que contarás cuando le lleves al colegio”, recomienda la psicóloga Silvia Álava. Si crees que tendréis 15 minutos para desayunar, no dejes que lo haga en 30 minutos justo hasta el día antes del colegio, porque empezar ese día con prisas es sinónimo de fracaso.

Conocer el nuevo entorno

Por otra parte, también le ayudará que haya un proceso de descubrimiento previo de la escuela. Si todavía no habéis visitado juntos el cole de tu hijo, puede ser buena idea hacerlo ahora. Busca un momento sin prisas para hacerlo. Acompáñale, enséñale la clase, cuál será su colgador, preséntale a su profesora...

Es bueno que te vea hablar con otros padres. Si estáis suficiente rato, seguramente acabará jugando con los otros niños. ¡Qué mejor manera de conocer a sus compañeros de clase!

Ve preparándole mentalmente

Irle anticipando la situación es otra clave. Explícale que va a ir a la “escuela de mayores” y que eso significa hacer nuevos amigos, aprender mucho... También es importante que participe en los preparativos.

Por eso, comprar el material escolar juntos es una gran idea: forra con él las carpetas de actividades, déjale elegir la mochila que más le guste...

Llega el gran día

Contrariamente a lo que puedas creer, el primer día no suele ser el peor. Tu hijo no sabe bien lo que le espera, estrena un montón de cosas... y todo esto hace que vaya a la escuela relativamente ilusionado y contento.

En cualquier caso, tu actuación sentará las bases del resto.

La primera consigna es: despedidas cortas. Un beso, un abrazo, una gran sonrisa y te vas. Hay que evitar toda dramatización posible. Y, sobre todo, aunque tú estés hecha un flan, disimúlalo. “Los niños nos ganan por goleada en capacidad de observación. Tienen clarísimo el estado de ánimo de sus padres. Y como ellos son su fuente de seguridad, si los ven tristes se preocupan mucho”, explica Silvia Álava.

Mantén la calma al despedirte

Es probable que cuando le dejes, tu hijo empiece a llorar, a reclamarte o a montar una pataleta. En esos momentos es cuando necesitarás más autocontrol.

Continúa con tu idea de despedida breve, repítele el adiós y aléjate, sin liarte a justificar por qué le dejas ni mentirle con excusas del tipo “sólo será un ratito”.

Tampoco desaparezcas sin más. Eso le crearía angustia e inseguridad.

Piensa que lo más probable es que a los cinco minutos se haya calmado y esté jugando tranquilamente con sus compañeros.

Lo que sí puedes hacer para ayudarle, puesto que a esa edad los niños no tienen interiorizado el concepto de tiempo, es darle una referencia clara de cuándo volverás, algo sí como “mamá vendrá después de comer” o “cuando te levantes de la siesta”.

Así se irá adaptando tu hijo

Algunas escuelas hacen horarios progresivos y durante la primera semana sólo dan tres o cuatro horas de clase. Otras prefieren empezar con el horario completo desde el primer día.

Las dos opciones son igualmente válidas. Como dice Silvia Álava, “tiene que pasar el mal trago, de un tirón o poquito a poco”.

En cuanto a la siesta, la mayoría de los colegios reservan un tiempo después de la comida para que sus alumnos más pequeños echen una cabezadita. Si en el de tu hijo no lo hacen así, a partir de ahora deberás acostarle antes por la noche para que duerma las horas que necesita.

Recógele cuando toque

En cualquier caso, es importante que el primer día seas muy puntual al recogerle. No es bueno que vea que los demás niños se van y él aún está allí, porque le creará angustia.

Pero tampoco llegues antes; si te ve mirando por la ventana, no entenderá por qué no entras a buscarle y se pondrá nervioso. 

Ayuda a consolidar el avance

El primer mes es de consolidación. Cuando acaba este periodo, la gran mayoría de los niños ya están bien adaptados al colegio. Hasta entonces puedes seguir ayudando a tu hijo.

En primer lugar, intenta que haya una coherencia entre la escuela y vuestra casa. Eso da un sentido distinto al hecho de ir al centro, ayuda a conectarlo todo y así se facilita el proceso. La idea se aplica a varios planos. Por ejemplo, con la comida: si en la escuela tiene que masticar y en casa come sólo purés, algo no funciona.

Después, en sus actividades: interésate por los dibujos que ha hecho, entérate de qué cuentos le cuentan allí y repíteselos tú de vez en cuando... No abandones este interés cuando llegue el fin de semana. “Hay familias que esconden la mochila para que el niño no se acuerde de lo que le espera el lunes. Y es un error”, explica la psicopedagoga.

Buenas rutinas

En segundo lugar, mantén una estabilidad horaria en casa, la rutina es un referente de seguridad para los niños. Y en tercer lugar, no caigas en el error de mimarlo “porque está pasando un mal momento”.

Si le das todos sus caprichos, sobre todo cuando se enrabieta, le enseñarás que quejarse funciona y lo repetirá.

Además, al día siguiente le costará más ir a la escuela porque allí no le tratarán de forma tan “especial”.

Reacciones de rechazo normales

Si te preocupa alguna actitud de tu hijo, consúltalo con su profesora. Ella está habituada a tratar con niños de su edad y sabe distinguir si existe o no un problema. Estas son las reacciones de rechazo más habituales:

Lloros y rabietas

Son de lo más común y no hay que preocuparse por ellos. Sirven para que el niño se desahogue.

Provocarse vómitos

Una reacción típica de los primeros días. El pequeño llega a vomitar debido a los nervios que le atenazan. Impresiona, pero no es grave. Hay que actuar con naturalidad.

Rechazo a los padres

A veces los niños reaccionan ignorando a sus padres o rechazándolos como forma de expresar su frustración por tener que quedarse en el cole a la fuerza. Si tu hijo lo hace te sentirás herida, pero no te enfades. Cambia de tema y sigue con vuestras rutinas. Poco a poco se le pasará.

Regresiones

Se presentan cuando el niño da marcha atrás en etapas que ya tenía consolidadas, como el control de esfínteres o dormir de un tirón por la noche en su cama. La regresión es una forma muy habitual que utilizan los niños para llamar la atención. Con paciencia y naturalidad, poco a poco las aguas irán volviendo a su cauce.

Excusas para no ir

Si tu hijo todas las mañanas se queja de que le duele algo para no ir a la escuela, explícale que no pasa nada especial para que se encuentre mal y desvía su atención hacia un tema que sabes que le gusta. Luego, focaliza la conversación hacia los aspectos más positivos del colegio. Puedes hacerlo con cuentos que traten sobre el tema o explicándole cómo fueron tus primeros días de escuela.

Mal humor

Vas a recoger a tu hijo con toda la ilusión del mundo y él está de un humor de perros, enfadado contigo y sin ganas de hablar. Es comprensible. La jornada en la escuela le ha supuesto un gran esfuerzo, está cansado y te ha echado de menos. Dale tiempo para que se habitúe al ritmo y al entorno escolar.

En todo caso, ten en cuenta que a pesar de que tu hijo ya esté feliz en el colegio, no es raro que llore en momentos determinados. Por ejemplo, los lunes suelen ser días críticos para muchos niños. Y también la vuelta al cole después de un periodo sin ir, como las vacaciones de Navidad o una convalecencia en casa.

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