Cómo educar a tus hijos siguiendo el "slow parenting"

¿Conoces esta tendencia? Defiende una educación que respete el ritmo de desarrollo y las necesidades concretas de cada niño.

 

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¿Qué es el slow parenting?

Lunes, pintura; martes, natación; miércoles, inglés… y así hasta el fin de semana, cuando hay que terminar los deberes pendientes, asistir a la exhibición de baile del cole, quedar con unos amigos...

Todos queremos lo mejor para nuestros hijos, pero es posible que, sin darnos cuenta, estemos convirtiéndonos en una generación de padres helicópteros cuyas hélices giran cada vez más deprisa, sin dejar tiempo a los niños para ser precisamente eso, niños. 

Esto es lo que afirman los seguidores del movimiento slow parenting, que aboga por una educación más relajada y tranquila con la que los críos puedan ir descubriendo el mundo en el que viven sin prisas.

Tendencia educativa

La vida no es una carrera; es un viaje, un descubrimiento para hacer juntos”, cuenta Carl Honoré, autor de, entre otros libros, “El elogio de la lentitud” y uno de los principales gurús de esta nueva tendencia educativa que cada vez cuenta con más adeptos en Estados Unidos y Europa.

“Hace unos años –continúa Honoré– mi vida era una carrera contrarreloj. Un día me encontré comprando para mis hijos el libro “One minute bedtime stories” (algo así como “Cuentos para dormir de un minuto”) y me di cuenta de que no estaba viviendo la vida, sino pasando por ella a toda velocidad. Pensar en leer Blancanieves en sesenta segundos fue lo que me salvó”.

Tu peque es único

Pero ¿qué es lo que está haciendo de nosotros padres acelerados y competitivos? El cambio social de los últimos años tiene mucho que ver. Para empezar, las familias son hoy más pequeñas, de manera que la atención que en generaciones anteriores había que repartir entre cuatro o cinco hijos, ahora se dedica a dos o, como mucho, tres niños.

Por otro lado, el hecho de que la edad para ser madre se haya retrasado parece llevar implícito un mensaje subliminal: tenemos que hacer las cosas a paso ligero porque hemos empezado más tarde. Y no hay que olvidar el consumismo que impera en nuestra sociedad, que en muchos casos nos crea la imperiosa “necesidad” de que a nuestros hijos no les falte ni uno de los últimos “gadgets” del mercado. 

No hay fórmula mágica

Los defensores del slow parenting aseguran que uno de los principales problemas de esa continua competencia entre padres es que estamos perdiendo la confianza en nosotros mismos y dejando de creer en nuestros instintos. Y parece que no les falta razón: en una reciente encuesta llevada a cabo por el portal Netmums, muchas de las madres confesaron que solían mentir a otras madres sobre lo que daban de comer a sus hijos o el tiempo que les dejaban ver la tele.

 “Conviene recordar que no hay una fórmula mágica y universal para educar a nuestros hijos, porque cada niño es único. Como familia debemos poner en práctica lo que mejor funcione para nosotros y dejar de compararnos con el resto”, dice Honoré.

Por otro lado, aunque hasta cierto punto presumir de nuestros hijos es natural e inevitable, los psicólogos apuntan el riesgo de que con ello no les dejemos ser como son, sino como nosotros queremos que sean. “Yo lo vi claro después de que la profesora de mi niño de 7 años me dijera que tenía un talento especial para la pintura. Me fui a casa orgulloso pensando en cómo potenciar el talento de mi pequeño Picasso, pero cuando le dije que iba a tener un tutor, me contestó que lo que él quería era pintar tranquilamente”, explica Carl Honoré.

Cada niño, a una velocidad diferente

En todo caso, a pesar de que el término slow significa literalmente “despacio”, es importante aclarar que esta tendencia no consiste en hacer las cosas a paso de tortuga o sin imponer reglas, sino en hacerlas a su debido tiempo, sin atosigar.

Hay que tener en cuenta que cada niño madura a una velocidad diferente y a distintos niveles y parece que, a la larga, los resultados de una sobrestimulación pueden ser más negativos que positivos. 

Dicho esto, también hay que evitar caer en el error de irse al lado contrario. “Vivimos en una cultura en la que se ha perdido el equilibrio; por una parte exigimos mucho a los niños a nivel académico y por otra los protegemos demasiado, casi nunca les dejamos que hagan algo por sí solos”, explica Honoré.

Pero es necesario buscar este equilibrio: poner unos límites a los hijos y, al mismo tiempo, darles libertad para que exploren y descubran. “Es fundamental que los niños asuman riesgos y se equivoquen, de lo contrario nunca crecerán y acabarán convirtiéndose en adultos inmaduros”, añade. Por ejemplo, si no dejamos que los niños corran y salten en el parque (y que a veces se hagan daño) no aprenderán qué es el peligro y cómo afrontarlo, y ese aprendizaje forma parte de la infancia.

Más que un juego

Por otro lado, uno de los aspectos a los que se da más importancia en el slow parenting es el juego libre, es decir, aquel que no tiene una meta programada de antemano. Se estima que el 15% del tiempo que los peques están despiertos deberían dedicarlo a esta actividad. Cuando juegan a lo que les apetece, ya sea trepar a un árbol, hacer un dibujo o divertirse con un muñeco, su córtex prefrontal se activa, lo que poco a poco les ayuda a adquirir habilidades como la empatía, el autocontrol y la capacidad para entender el lenguaje no verbal, esenciales en la vida adulta.

Pero además, que nuestro hijo se divierta a su manera también puede influir en su futuro profesional, como demostró en un estudio el psiquiatra Stuart Brown, fundador del National Institute of Play en Estados Unidos. Al analizar las habilidades de los ingenieros de la NASA que estudiaban el Sistema Solar, este experto descubrió que a los de las nuevas generaciones les costaba más encontrar diferentes alternativas para solucionar problemas, en comparación con sus colegas más maduros. Y eso a pesar de haber terminado sus carreras con notas altísimas.

Para Brown, la razón estaba en que, a diferencia de los mayores, los jóvenes no habían tenido muchas oportunidades para desmontar y montar relojes, construir modelos… en su niñez. 
Y quizá, como vaticina Carl Honoré, el futuro no sea del niño que hoy se pasa el día haciendo deberes, sino de aquel que haya tenido una infancia con tiempo para jugar, descubrir y conocerse a sí mismo, ya que será capaz de encontrar respuestas multidisciplinares y únicas.

Claves para educar a tu hijo sin agobios

Según los defensores del movimiento educativo slow parenting, para adoptar este tipo de educación sólo hace falta realizar una serie de ajustes en la vida diaria con los hijos. Sobre todo aprovecha el tiempo que pasáis juntos para demostrarle tu cariño.

- Muchos mimos. No escatimes tiempo en hacer al bebé mimos y carantoñas. Además, favorece todo lo que puedas el contacto ocular con él; así poco a poco empezará a descifrar qué significan las expresiones faciales, una herramienta muy útil en la edad adulta.
- Tiempo de calidad. Maximiza el tiempo que puedas pasar con tu hijo. Intenta, por ejemplo, que la hora del baño y del cuento de antes de dormir se conviertan en un momento sin prisas, especial para vosotros.
- Menos televisión. Aunque utilizada con moderación puede ser un buen vehículo educativo, la tele en exceso se convierte en una sustituta de las experiencias reales: el niño las adopta como normales sin haberlas vivido.
- Suficiente atención. Escucha a tu hijo, trata de ponerte a su nivel y contesta a sus preguntas; de este modo le ayudas a descubrirse a sí mismo. Pero, al mismo tiempo, déjale también ratos para que pueda jugar solo, incluso para que se aburra. Pronto encontrará algo con lo que entretenerse, una señal de que su desarrollo es el correcto.
- Diversión sin reglas. Si vuestras jornadas laborales obligan a que el niño se quede en la guardería o en el colegio fuera del horario lectivo, optad por las actividades no estructuradas.
- Motivación correcta. Elogia sus logros, pero a la vez enséñale que no pasa nada por cometer errores, explícale que lo importante es intentar hacerlo bien.
- Responsabilidades. Dáselas desde pequeño: han de ser concretas y adaptadas a su desarrollo y es bueno que las adopte como costumbres.

Dos aspectos esenciales

- Nada de comparaciones. No le compares con otros, dile que te gusta como es y en qué puede mejorar. Y en el parque aléjate de la madre alpha que asegura tener hijos trilingües desde los 2 años: te creará ansiedad y estrés.
- El mejor ejemplo. Los peques aprenden por imitación, así que predica con el ejemplo: que no te vea todo el día agobiada corriendo de aquí para allá.

ADEMÁS

--> Mindfulness en familia

¿Tu hijo está sobreestimulado?

Ciertos comportamientos de tu pequeño pueden ser un mensaje que te indica que está sometido a un estrés excesivo, por lo que deberás reducir su actividad diaria. También podéis dedicar un día a la semana o al mes a no hacer nada. Centraos en disfrutar sólo en familia.

Duerme mal por las noches

Cuando el niño está sobrecargado, le cuesta conciliar el sueño o se despierta varias veces por la noche. Se debe al mayor nivel de cortisol y adrenalina que genera su organismo y es contraproducente, ya que durante el descanso el cerebro del niño procesa y asimila todo lo que ha aprendido a lo largo del día.

Le cuesta mucho concentrarse

Esta dificultad para detenerse y centrarse en lo que hace se aprecia más cuando el niño realiza una actividad manual.

Suele aburrirse

Te lo dice a menudo y te pide siempre que juegues con él.

Se queja de que todo es injusto

Y al mismo tiempo se niega a aceptar responsabilidades.

No sabe tomar decisiones

Si le das a elegir entre dos o más opciones suele bloquearse.

Si descubres estos síntomas en tu hijo es el momento de parar y analizar qué es lo que estás haciendo mal. No escatimes tiempo para estar con él y si no lo tienes, el poco del que dispongas que sea de calidad. Aprovecha el momento del baño, de la cena o intenta leerle un cuento todas las noches. Escúchale e interésate por lo que ha hecho durante el día, de manera que comprenda que él es lo más importante para tí. Así aumentará su autoestima y será un niño feliz.

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