Hermanos: pautas para que se lleven bien

Tener hermanos enriquece al niño, pero es importante que los padres sepan cómo fomentar una buena relación entre todos los hijos.

 

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Un trato personalizado

Tener hermanos es algo muy positivo para el niño: le ayuda a aprender antes a relacionarse en un entorno más amplio, hace que tenga a alguien con quien compartir sentimientos, le proporciona buenos momentos de risas y juegos...

Eso sí, para que los hermanos se beneficien de estas ventajas y construyan una relación sana entre ellos, es imprescindible que los padres se ocupen de satisfacer las necesidades de todos y de cada uno individualmente.

En este sentido, es importante saber que el orden de llegada, la diferencia de edad y el ser o no del mismo sexo influyen en su comportamiento en el entorno familiar, algo que quedará reflejado también en sus relaciones sociales presentes y futuras.

Convivir en un entorno relajado favorecerá en los niños el aprendizaje de actitudes tan fundamentales para la convivencia como compartir, cooperar, ceder y negociar, que les ayudarán a crecer y madurar como personas.

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Cómo educar al hijo mayor

Es imposible generalizar, pero es cierto que los hermanos mayores suelen compartir una serie de características y situaciones, tanto positivas como negativas:

Las características

- Suele ser un hijo muy buscado y esperado, que durante un tiempo goza de las atenciones y de los cuidados de su familia en exclusiva. Es el encargado de despejar el camino a los hermanos que vienen detrás.
- Tiene algunos privilegios con respecto a sus hermanos.
- La llegada del resto de hijos le enseña a compartir y a enfrentarse a la frustración que supone para él no gozar de toda la atención de sus padres.
- Es, para el resto de sus hermanos, el modelo a seguir. En muchas ocasiones será él quien se encargue de apoyar y transmitir las enseñanzas de sus padres a los más pequeños. Para sus hermanos es el mejor compañero de juegos y una fuente constante de estimulación: le observan y le imitan para ser “mayores”.
- La admiración que despierta en sus hermanos le predispone a cuidarlos y a entretenerlos, llegando a realizar con ellos actividades que ya tenía superadas y que ya no le divierten, lo que le convierte en una persona adaptable, empática y comprensiva con los que le rodean
- En ocasiones, los padres tienden a exigirles más de la cuenta olvidando que todavía es pequeño. De hecho, están muy pendientes de lo que hace y pueden perder los nervios con él antes que con los otros hijoss.
- Por ser el mayor, en ocasiones se le carga con más tareas de las que debería asumir para su edad, algo que puede hacer que se sienta culpable al verse incapaz de cumplir con lo que se espera de él.
- La situación de privilegio de la que gozaba cuando era el único niño de la familia se ve afectada con la llegada de un nuevo hermano, por eso es normal que sienta celillos, sobre todo si entre los niños hay poca diferencia de edad (menos de tres años).

Cómo tratarle

- Es muy importante implicar al mayor en la llegada de cada nuevo hermanito: hay que hablarle del pequeño, explicarle que está en la tripa de su mamá, preguntarle qué nombre le gustaría ponerle, pedirle ayuda para decorar su habitación...
- En esta etapa de adaptación no deben imponérsele cambios que alteren sus rutinas habituales (retirada de chupete y de pañales, inicio en la guardería...), porque éstas le dan seguridad.
- Los padres deben hacer que se sienta especial por ser quien es, pero además por ser el primogénito.
- Enseñarle que su posición tiene algunas ventajas con respecto a las de sus hermanos (sabe más que ellos, puede hacer más cosas, se acuesta algo más tarde, puede ir a más sitios...) también es un antídoto estupendo contra los celos fraternales.
- En todo caso, el hecho de que el primogénito se encargue a veces del cuidado de sus hermanos refuerza los lazos de unión entre ellos, pero, ojo, no podemos olvidar que aunque es el mayor, continúa siendo pequeño.
- Jamás debemos delegar la educación del benjamín en el mayor ni atribuir a éste responsabilidades tan importantes que le generen ansiedad o que hagan que su hermanito quede expuesto a situaciones difíciles o peligrosas.

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Pautas con el hijo mediano

Ser el mediano tiene sus pros y sus contras. Tiene más libertad, porque el primogénito ya ha “despejado el camino”, pero puede sentir envidia por el trato que recibe el mayor y los mimos con los que cuenta el pequeño.

Las características

- El hijo “del medio” no es lo bastante mayor para asumir responsabilidades ni tan pequeño como para ser mimado. Cuenta con el cariño de sus padres y hermanos mayores y con la admiración del benjamín, aunque él no lo ve así.
- Es el más habilidoso para compartir y para negociar, algo que sus hermanos pueden aprender de él. Su presencia enseña al mayor a repartir sus atenciones entre él y el pequeño y a éste, a dividir su admiración y cariño entre él y el mayor.
- Las “puertas abiertas” que le ha dejado el mayor le permitirán gozar de más libertad (seguirá sus pasos). Del menor aprenderá lo bonito que es ser admirado, lo que reforzará su autoestima.
- Su presencia favorece las alianzas a dúo entre hermanos, una situación que los padres deben evitar para que ninguno se quede desplazado.

Cómo tratarle

- El papel del mediano no está tan claro como el de sus hermanos, por lo que necesita saber qué es lo que le hace especial y recibir reconocimiento por ello.
- Diariamente hay que dedicarle un ratito en exclusiva y de vez en cuando conviene llevarle al cine o al parque sin sus hermanos.
- Hacerle preguntas sobre cuál es su relación con ellos también le ayudará a sentirse integrado y único.

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Claves para el niño pequeño

Los hijos pequeños aprenden rápido por la influencia de sus hermanos mayores. Tendemos a protegerlos más de la cuenta olvidando que tienen que encontrar su sitio dentro de la familia y en la sociedad.

Las características

- Desde el principio es objeto de muchos mimos, ya que despierta la ternura de toda la familia. Sus padres se enfrentan a su educación de una manera mucho más relajada que con el primogénito, lo que influye en sus pautas de crianza y relación.
- Gracias a él sus hermanos mayores tendrán que aprender a compartir, a negociar y, en muchas ocasiones, a ceder.
- Su presencia hace que los mayores desarrollen su resistencia a la frustración, que se hagan más tolerantes y pacientes. También les enseña a cuidar y a velar por los más vulnerables.
- Como está acostumbrado a tratar con niños desde bebé, la relación con sus iguales se desarrolla de manera natural, lo que hace que sea más sociable y espontáneo.
- Su interés por las actividades de los hermanos mayores estimula su aprendizaje y agiliza su comunicación, favoreciendo así la aparición precoz de un lenguaje fluido.
- El pequeño tendrá que enfrentarse a los celos de sus hermanos y soportar los suyos propios.
- Sus padres suelen sobreprotegerlo por percibirlo como más indefenso que sus hermanos. Esto puede hacer que su resistencia a la frustración sea baja y que dependa mucho de los demás para hacer las cosas.

Cómo tratarle

- Al igual que el primogénito, el benjamín debe sentirse especial por ser quien es y disfrutar de su lugar en la familia (es una posición por la que será envidiado, ya que sus hermanos sólo la han podido disfrutar durante un tiempo).
- Puede ser proclive a las rabietas y enfados, al no poder hacer las mismas actividades que sus hermanos. Necesitará la ayuda de sus padres para superar sus ganas de “crecer rápido” y éstos deberán darle responsabilidades acordes con su edad y no “pasárselo” todo por ser el pequeño.

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¿Influye si son niños o niñas?

Aunque depende de muchas cosas y nunca se puede generalizar, es frecuente que si los hermanos son dos niños se lleven peor y riñan más que si son dos niñas. En cuanto a la relación entre hermano y hermana, se sitúa en un punto intermedio.

Por otro lado, los expertos señalan que es más fácil destronar a un “príncipe” varón si el bebé que llega es una niña, y que una “princesa” también acepta mejor al recién llegado si es un niño.
En cuanto al mediano, su situación resulta menos complicada cuando su sexo difiere del de sus dos hermanos (o sea, si es un niño entre dos niñas o una niña entre dos varones).

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¿Y la diferencia de edad?

Los hermanos que se llevan menos de tres años pueden compartir actividades espontáneamente, creándose entre ellos un vínculo más estrecho, aunque también más explosivo. Y es que si los niños están próximos en edad, es más probable que compitan por ocupar el mismo lugar dentro de la familia, lo que favorece los enfrentamientos.
Cuando la diferencia de edad es de cinco años o más, la búsqueda de actividades conjuntas se complica, así que los padres tendrán que proponer juegos intermedios con los que ambos disfruten.
Pero los niños que se llevan más años suelen tener menos celos, ya que su posición dentro de la familia está más definida. Así, el mayor puede disfrutar ejerciendo plenamente su papel de primogénito y cuidar del pequeño, ayudarle y enseñarle cosas, mientras que el benjamínconfiará en él ciegamente, obedeciéndole como a un adulto y tratando de imitarle en todo.

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