Educar a los gemelos en los primeros años

¿Sois padres de dos bebés? Aprovechad los primeros años para sentar las bases de su buen desarrollo afectivo y social.

 

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El doble esfuerzo de educar gemelos

Educar a un niño no es nada sencillo y nos exige un esfuerzo continuo para lograr establecer pautas claras y consecuentes. Y en el caso de los padres de gemelos o mellizos, esta tarea se ha de multiplicar por dos, aunque no tiene por qué ser necesariamente el doble de complicada.

Todo es cuestión de que tu pareja y tú tengáis en cuenta los distintos aspectos que influyen en la formación de la personalidad y en el desarrollo afectivo y social de los pequeños. Así podréis crear unas bases adecuadas y cuando llegue el momento de poner las primeras normas será mucho más fácil.

De hecho, numerosos estudios demuestran que los gemelos no tienen más problemas de conducta

que los niños que vienen solos. Y en cuanto a las relaciones sociales, cuentan con cierto adelanto, ya que aprenden muy pronto a compartir y desarrollan antes la empatía.

Aprenden juntos

Lo primero que debes saber es que los gemelos o mellizos (sobre todo los primeros) tienen un vínculo fortísimo entre ellos. Tenerlo presente ayuda a entender mejor sus comportamientos y a adecuar la forma de tratarlos en su día a día, desde que son bebés, para lograr que se conviertan en niños felices, independientes y seguros de sí mismos. 

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Establecer el vínculo con cada uno

Es importante que en los primeros días de llegada a casa delegues todo lo que no sea tu cuidado y el de tus bebés. Lo que más precisan ahora es estar contigo, además de muy cerquita el uno del otro. Tú necesitas conocerlos, olerlos, tenerlos en tus brazos y saber cómo es cada hermano. Según las investigaciones, el vínculo con los gemelos se establece de uno en uno. Y no te agobies si al principio te resulta más fácil vincularte con uno de ellos: es algo habitual y sólo es cuestión de tiempo que te sientas muy unida a los dos. 

Dejar que duerman cerca

Algunos pediatras afirman que los gemelos deben compartir cuna, ya que durante el embarazo han esta- do juntos y ahora esta práctica hace que duerman mejor y lloren menos. Otros son contrarios a esta opción porque podría aumentar el riesgo de muerte súbita del lactante. En todo caso, es importante que duerman cerca uno del otro. Quizá lo más seguro sea optar por dos cunas en la misma habitación y ponerlos juntos en los momentos de vigilia.

Atenderlos cuando lloran a la vez

Las mamás de gemelos saben lo estresante que resulta que los bebés lloren a dúo. Cuando te ocurra, consuela primero al que más pro- teste; siempre hay uno que es me- nos “exigente”. Si la causa del llanto es el hambre y todavía no dominas la práctica de darles de comer a la vez, alimenta primero al bebé que más llora, mientras el otro está contigo, acostado en su hamaquita con el chupete puesto. Si le hablas y le miras, también se sentirá atendido. 

Ayudarles a desarrollar el lenguaje

Los gemelos empiezan a hablar más tarde que el bebé que viene solo. Este retraso se debe a que reciben menos atención individual, ya que es habitual, por ejemplo, que mientras te diriges a uno estés cambiando al otro, con lo que tu contacto visual con cada uno es más corto y difuso y tus palabras acompañan menos a tus gestos (dos condiciones básicas para aprender el lenguaje).

También es común que empleen un idioma propio. Uno imita la lengua de trapo del otro y los dos se comunican muy bien, pero el resto de las personas no les entienden.

Estos retrasos en el lenguaje se compensan cuando los niños cumplen 4 años. Mientras tanto, para que se suelten a hablar antes es esencial dedicar a cada hermano ratitos comunicativos individuales. 

Despertar su conciencia del “yo”

La consciencia de ser una persona individual e independiente es esencial en la evolución de cualquier niño. En el caso de los gemelos este aprendizaje se produce de un modo peculiar, ya que desarrollan primero la sensación del “nosotros” y luego la del “yo”. Por eso los pequeños muchas veces utilizan un único nombre para los dos, como Juanlex (Juan-Alex). Y es que, además de aprender que no son parte de su mamá, tienen que lograr entender que tampoco lo son de su hermanito.

Un niño que viene solo entiende el sentido del “yo” hacia los 18 meses; los gemelos, alrededor de los 2 años. El niño único comprende a los 24 meses que la imagen que ve en el espejo es la suya. Hasta los 30 meses, el niño gemelo cree que la imagen reflejada es su hermano. En este descubrimiento del “yo”, una condición básica es estar solo de vez en cuando, pero los gemelos raras veces viven situaciones el uno sin el otro. Por eso conviene que introduzcas costumbres que les ayuden a estar “separados”: llévate un día a uno de ellos a hacer la compra y al día siguiente ve con el otro. Regálales juguetes distintos según su carácter y si piden los mismos, personalízaselos con colores; cómprales ropa diferente o prendas iguales pero en otros tonos.... 

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Las primeras normas

Hacia el final del primer año llega el momento de empezar a poner las primeras normas de comportamiento al niño (lo que hemos hecho hasta ahora ha sido darle pautas de conducta). En el caso de los gemelos esto resulta más difícil, ya que se apoyan el uno en el otro y a veces forman “equipo” contra los padres.

Cuando quieras inculcarles una norma, debes hablar a cada uno por separado. Si te diriges a ambos a la vez se sentirán menos aludidos.

Si uno se porta mal, llévale aparte e imponle un castigo. Es probable que el otro salga en su defensa, pero debes ser consecuente. Si los dos se comportan mal, mándalos a lugares distintos. Si no, empezarán a jugar y el castigo no les afectará. Y si alguna vez se ponen muy insistentes y no sabes qué hacer, diles que lo pensarás, para ganar tiempo.

Acopla tus normas también a lo que cada uno necesita, ya que uno será más dócil, otro más pillín, etc. 

¡Cuánto se pelean!

Desde los primeros meses los gemelos interactúan: se sonríen, se hablan con balbuceos, buscan al otro con la mirada, se alteran al ver llorar a su hermano... Pero también muestran enfado, rabia y frustración: quieren el mismo juguete en el mismo momento y se pegan para conseguirlo.

Muchas peleas ocurren porque están siempre juntos y aún no distinguen quién es quién. A veces es suficiente separarlos un rato. También es bueno ir enseñándoles palabras como “ahora yo” o “no”, que irán sustituyendo a las muestras físicas de enfado. En caso de que se pongan muy agresivos (si se muerden, por ejemplo), es bueno aplicar el truco de la pausa obligada: el agresor debe pasar unos minutos en el pasillo.

En cualquier caso es muy importante mantener la calma: se pe- lean mucho, pero gracias a su convivencia tan íntima aprenden antes a jugar juntos y a esperar su turno. 

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Pautas eficaces

- Aunque contéis con ayuda (es básica), tu pareja y tú debéis llevar siempre las riendas en la educación de vuestros hijos.
- Acepta el vínculo especial que hay entre ellos y, al mismo tiempo, procura estimular la individualidad de cada uno.
- No te sientas culpable por atender a uno más que a otro. Los niños tienen necesidades diferentes. Pero, eso sí, si uno se muestra mucho más exigente, busca tiempo individual para el otro.
- Toma medidas de seguridad en casa. Dos bebés son más ingeniosos que uno solo y, además, los gemelos o mellizos empiezan antes a hacer travesuras.
- Tener dos parques puede ser de gran ayuda, ya que no podrás vigilarlos de continuo.
- Diferencia con una pegatina los juguetes que tienen iguales. Esto ayuda al desarrollo del “yo” y también es más justo cuando uno es más cuidadoso que el otro.
- Cuando crezcan un poco, es bueno que compartan la habitación. Sólo en caso de que se despierten habrá que separarlos, pero es algo muy poco habitual. 

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¿Juntos en la escuela?

Es una de las preguntas que más se plantean las madres que escolarizan a sus gemelos o mellizos.

En los 3 primeros años

Lo más conveniente es que los niños estén juntos en el mismo grupo. Si no sufrirán una doble separación: de su madre y de su hermano. Hasta los 3 años el sentido del “yo” todavía no está afianzado del todo y aún predomina el “nosotros”. Por eso su compañía es un apoyo para ambos. No hay motivo para una separación tan temprana, ya que les hace sufrir y no favorece el desarrollo de la propia identidad. Para ello es mucho más eficaz la educación que les procuran sus padres a diario en casa. Si son idénticos, hay que intentar que sus cuidadores los distingan poniéndoles su nombre en la ropa para facilitar la relación y el trato personal con cada uno de ellos.

A partir de los 3 años

Se debe valorar si conviene que sigan juntos o no. En muchos casos la opción ideal es la primera, pero si uno domina al otro o hay mucha competitividad entre ellos, es más adecuado optar por clases separadas. Al iniciar Primaria conviene analizar y valorar de nuevo la situación. 

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