Cómo educar a un hijo único

Saber qué conviene hacer y qué es mejor evitar a la hora de tratarle os ayudará a hacer de vuestro hijo un adulto seguro y feliz.

 

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Mitos y verdades sobre el hijo único

Siempre han existido muchas ideas preconcebidas acerca de los hijos únicos: les afecta la soledad, son más mimados, no saben compartir, les cuesta sociabilizar porque son dominantes y egocéntricos...

Sin embargo, no hay ningún estudio que demuestre estas ideas. Más bien al contrario: está comprobado que, de mayores, hijos únicos y niños que han crecido con hermanos obtienen las mismas puntuaciones en aspectos como control sobre sí mismo, estabilidad emocional, sociabilidad...

Y es que, si bien es cierto que el hecho de ser “hijo exclusivo” en la familia puede tener una serie de ventajas y de inconvenientes a priori, esto es solo un punto de partida. La educación que reciben de sus padres es esencial para favorecer los aspectos más positivos y contrarrestar los menos favorables, logrando así que el niño se convierta en un adulto feliz y seguro.

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Aspectos muy positivos

Muchos estudios indican que, en general (aunque evidentemente depende mucho del temperamento innato de cada uno) el hijo único suele ser un niño que se adapta bien a cualquier situación, que se siente seguro de sí mismo, tiene una autoestima alta y sabe lo que quiere. Estos datos se explican por dos circunstancias.

Cuenta con la atención exclusiva de sus padres

Como no hay nadie que le arrebate esta atención ni tiene presión para defender su posición, se siente seguro y confiado. Cuando se encuentra con otros niños, se enfrenta a ellos con curiosidad y sin reservas, pues no ha aprendido a ser cauteloso. Se muestra abierto en el contacto con otros y no le cuesta compartir lo suyo, dada su seguridad en sí mismo. Muchas veces es el líder del grupo. Al no conocer la competitividad, en el trabajo de equipo se muestra más colaborador que otros niños. Le define una alta autoestima y una buena relación con sus padres.

Los tiene como modelos

Al no tener otro niño como punto de referencia, se compara con sus padres e intenta ponerse a su altura. Goza del privilegio de poder hablar con ellos sin intervenciones de un hermano, lo cual favorece su desarrollo intelectual. Esto le da ventaja frente a otros niños: su capacidad verbal es asombrosa y su rendimiento en el colegio suele ser muy bueno. Le define un alto nivel de ambición y buenas notas, junto con un alto sentido de responsabilidad, disciplina y perseverancia. No es extraño que, de adultos, los hijos únicos ocupan puestos altos que requieren seriedad y responsabilidad, cualidades ampliamente presentes en ellos.

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Y otros menos favorables

También existen, y es importante tenerlos en cuenta.

No vive interacciones sociales con otros niños en la familia

No vive el toma y daca entre hermanos en el seno familiar, donde cada uno aprende a buscar el compromiso, hacer las paces, ponerse en el lugar del otro, etc. Por ello es probable que le cueste más esperar turno, no ser el centro de atención y defender lo suyo. Frecuentemente se asusta de las peleas entre sus amiguitos e intenta actuar como mediador (un rol que, por cierto, le va muy bien).

Está muy pendiente de sus padres

Intenta complacerlos al máximo, pues son su punto de apoyo emocional más importante. Por ello hace todo lo posible por comportarse “como es debido”. Esto, que podría parecer positivo, tiene un riesgo: que renuncie a sus deseos de niño para evitar que sus padres se enfaden. Esto le empujará a comportarse como “un mayor”, dando la imagen de un pequeño adulto aunque en su interior siga siendo niño.

No puede compartir sus emociones en casa con un hermano

Cuando se producen tensiones en el seno familiar, el hijo único no cuenta con alguien de su edad para compartir sus emociones. Tampoco tiene a nadie con quien hablar de los ‘errores’ de sus padres.

Puede sentir presión para rendir bien

Como los padres se centran exclusivamente en él, esa presión puede llegar a ser alta.

Tiene más riesgo de sufrir sobrepeso

En el hijo único existe un mayor riesgo de padecer este problema, aunque no se conocer aún cuál puede ser la causa.

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Qué conviene hacer a la hora de educarle

Es evidente: la situación que vive el hijo único en su infancia es distinta a la que vive un niño con hermanos. Por eso a la hora de educarle es esencial tener presentes algunos aspectos:

- Procurad que tenga contacto con otros niños. Invitad a menudo a amigos a casa, dejadle ir a casa de otros e incluso quedarse a dormir allí, planead encuentros familiares, apuntardle a excursiones y campamentos.
- Si os apetece, compradle una mascota. Un animal doméstico puede ser un fiel amigo para él, que le ayudará a desarrollar el sentido de responsabilidad.
- Recordad su estadio madurativo. No lo consideréis como un niño adulto. En este sentido, tened presente que su gran dominio de su lenguaje puede ser engañoso: por muy bien que se exprese, por dentro sigue siendo un niño. Disfrutad de sus travesuras, su desorden (el niño necesita cierto caos para desarrollar su juego) y sus protestas. La rebeldía es algo normal entre los 18 y 36 meses y sirve para afianzar su personalidad.
- Animadle a ser independiente e id aumentando sus responsabilidades, encargándole pequeñas tareas en casa. En caso de duda, consultad con otros padres.
- Ante él, mostraos contentos con vuestra propia vida, vuestros logros y vuestra relación.
- Reservad los regalos para las fechas señaladas.
- Elogiadle cuando se esfuerce o haga algo realmente bonito. Así desarrollará un concepto realista de sí mismo y no será engreído (‘sé dibujar, pero no juego bien al fútbol’).
- Planead tiempo para todo: a veces como pareja sin el hijo y otras veces como padres.
- Animadle a explorar. Los estudios confirman que el hijo único suele ser cauto a la hora de asumir riesgos y también es menos dado a abrirse ante nuevas experiencias. Tenedlo en cuenta y favoreced sus intentos de explorar.

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Y qué es mejor evitar con él

Tan importante como saber qué conviene hacer es conocer lo que es bueno evitar:

- Presionarle. Como todas vuestras expectativas se centran solo en él, es fácil que se conviertan en una carga. Otorgadle confianza y libertad.
- Prestarle demasiada atención y asusatros a la mínima que le ocurra. Puede vivirlo como sobreprotección, que siempre es un riesgo real en caso de un hijo único y le genera baja autoestima e inseguridad.
- Solucionar todo por él. Esto le crea inseguridad en sí mismo, ya que le hace pensar que no es capaz de solucionar las cosas sin ayuda. Dadle libertad en la toma de decisiones.
- Mantener su círculo social muy reducido. Ya sabéis que necesita socializar con niños de su edad.
- Volcar todas vuestras expectativas en él, exigirle demasiado y, al mismo tiempo, elogiar sus logros y habilidades indiscriminadamente.
- Concederle todo lo que quiere a nivel materialista.
- Sacrificaros completamente por él y olvidar vuestra relación de pareja.

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