2 años: la edad de rebelarse contra el mundo

¿La palabra favorita de tu hijo es “no”? ¡Enhorabuena! Indica que está madurando. Pero ¿cómo responder ante su actitud?

 

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Así es el niño de 2 años

Hasta ahora vuestro hijo iba aceptando las reglas que le marcabais e incluso se mostraba muy solícito y colaborador ante vuestras demandas. Pero de un tiempo a esta parte, su discurso está plagado de “yo solo” y de “noes” y los lloros y las pataletas aparecen cada vez que le lleváis la contraria en algo.
No os agobiéis, esto no indica que vaya a tener una personalidad complicada ni que le estéis educando mal.
Es una etapa normal de su desarrollo, la primera de una serie de períodos de rebeldía que vivirá vuestro hijo. Y sí, es una temporada de mucho desgaste para vosotros, pero llena de retos para él. ¿Cómo aprovecharla para afianzar las bases de su educación?

No le gustan las normas

A esta edad el niño vive un gran cambio: hasta ahora, aunque tuviera ya algunos límites, podía hacer mucho de lo que le apetecía. Pero a medida que adquiere más autonomía y siente una mayor necesidad de investigar y hacer cosas sin ayuda, se va enfrentando a más prohibiciones. Eso le desconcierta y le enfada, sobre todo cuando quienes le frenan son ¡mamá y papá!  
Además, en esta etapa, aceptar las normas resulta especialmente frustrante para el pequeño: debe dejar su juego (“ven a ponerte el pijama”), posponer su deseo (“ahora no puedes ver la tele”) y acatar la voluntad de sus padres justo cuando está empezando a descubrir la suya.

Está afianzando su "yo"

Por otra parte, hay que tener presente que, para crecer, el niño necesita entrenar su autonomía: querer lo que sus padres no quieren, y negarse a lo que le piden.
Y ahora que está en plena fase de afianzamiento del “yo”, se opone a las órdenes para reforzar su incipiente personalidad.
Dice “no” para luego sentirse autónomo al decir “sí” (“no lo hago porque tú me lo pidas, lo hago porque yo quiero hacerlo”).

Expresa mejor sus emociones

Además, en esta etapa, vuestro hijo realiza otra gran conquista: conoce cada vez más emociones y se lanza a expresar qué le gusta y qué no, a veces con palabras y otras veces mediante su lenguaje corporal. Así, del mismo modo que corre o ríe cuando se siente feliz, patalea, grita o pega cuando siente rabia o frustración.
¿Y por qué lo hace más en casa que fuera? Porque empieza a comprender mejor la diferencia entre el “yo” y el “otro” a través de la relación con sus adultos de referencia, es decir, sus padres.
Y como solo se atreve a experimentar sus sentimientos dentro de un vínculo seguro, las reacciones típicas de esta etapa (obstinación, impaciencia, oposición...) afloran a menudo con vosotros y pocas veces en la guardería. Así que esto es buena señal: indica que hay un apego positivo y un desarrollo emocional sano.

Debe aceptar la frustración

Partiendo de esta base, ahora el siguiente reto para vuestro hijo es aprender a tolerar la frustración. Para ayudarle, es importante que no caigáis en la tentación de ceder ante susexigencias por pena o, simplemente, por no oírle.
Tener un poco de mano izquierda y grandes dosis de paciencia y poner en práctica estas pautas son las claves para superar y aprovechar este período:

- No toméis la oposición del niño como un acto contra vosotros; os haría reaccionar con enfado y frustración. Intentad mirarlo desde su lado y entender su postura (por ejemplo, no quiere irse a la cama porque teme separarse de vosotros). Así abordaréis la situación con una actitud más positiva.
-  Ofrecedle oportunidades de ser autónomo. Sed inamovibles en algunos asuntos (“es hora de dormir” o “no puedes tomar caramelos antes de comer”), pero dejadle elegir en pequeñas cosas (¿nos llevamos de paseo la muñeca o el peluche?).
-  Cuando queráis algo de él, no utilicéis frases interrogativas (¿nos vamos a la cama?), sino asertivas: “nos vamos a la cama”. De esta forma no se planteará que hay posibilidad de protestar.
- Tratad de cambiar vuestro “¡no!” por un “¡ya!” o  un “¡para!”. Los mensajes de prohibición van en contra de su afán de ser autónomo y enconan más su actitud.
-  Elogiadle siempre que muestre una actitud colaboradora. Pero recordad que para el niño de esta edad los mejores premios son los besos y los abrazos.

Las rabietas son positivas

A pesar de estas pautas, es prácticamente seguro que durante esta época las rabietas de vuestro hijo serán algo habitual.
Si os preguntáis si sería mejor consentir algo más al pequeño para evitarlas, os será de utilidad recordar que cuando un niño no tiene límites se siente inseguro, desprotegido y perdido.
Y os tranquilizará saber que las rabietas, por incómodas que resulten, juegan un papel importante en el desarrollo emocional del pequeño e irán desapareciendo a medida que vaya creciendo y madurando (de hecho, entre los 3 y los 4 años disminuye su frecuencia y a partir de esta edad empiezan a desaparecer).
Como padres, tener presente que son un síntoma positivo y que no duran eternamente os ayudará a vivirlas mejor y a mantener la calma a la hora de afrontarlas. Y esto, sin duda, será muy beneficioso para vuestro hijo.  

No le amenacéis con "dejar de quererle"

El niño de esta edad se debate entre el deseo de protección y el de independencia. Está tratando de ser él mismo y, aunque termine obedeciendo, necesita oponerse para afirmar su individualidad.
Quiere hacerlo todo solo, ser autónomo, pero a la vez necesita tremendamente el amor de sus padres. Y, al luchar por lo primero, siente que pone en peligro lo segundo. Así que no es conveniente la amenaza de dejar de quererle, que solo le crea angustia. Si sabe que siempre le vamos a querer, se sentirá seguro y le resultará más fácil aceptar las normas.

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