Educar en solitario, buenas claves

Por decisión propia o por circunstancias de la vida, afrontar la educación de los hijos en solitario supone conjugar la superación de momentos duros con otros de profunda satisfacción. 

 

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Cada vez más habitual

La familia monoparental (compuesta por un progenitor sin pareja y los hijos a su cargo) ha existido siempre, lo que ha cambiado es la mirada de la sociedad hacia ella: la discriminación disminuye a medida que aumenta la cantidad.

Y en las últimas décadas el crecimiento ha sido llamativo por razones como el número cada vez mayor de mujeres (y, en menor porcentaje, también de hombres) que deciden asumir las funciones parentales en solitario, o los divorcios en los que solo uno de los progenitores se hace cargo de los hijos.

Grandes desafíos

Para la madre o el padre que crían en solitario a un hijo, esta tarea supone grandes desafíos. El mayor, sobrellevar la responsabilidad de su educación y cuidados además de atender los compromisos profesionales y domésticos.

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Padre y madre a la vez

Compatibilizar el trabajo fuera de casa con el cuidado de los niños y las tareas domésticas es complicado; si tienes que hacer además de padre y de madre a la vez, se convierte en todo un reto.

Debes equilibrar la balanza de los abrazos y las normas para criar a hijos autónomos y responsables sin hacerles crecer antes de tiempo. Eres su única referencia a la hora de educarlos y a ti te toca reñirlos y jugar con ellos.

La ventaja es que no tienes que pelear para mantener tu criterio; será tu estilo afectivo el que predomine. Y el hándicap, que no cuentas con ayuda a la hora de tomar decisiones sobre su educación y fijar criterios.

Sigue estas indicaciones

En esta situación es habitual tender a exagerar las atenciones y cuidados del niño, especialmente durante la etapa de bebé. Pero conviene evitarlo, porque la sobreprotección dificulta el natural aprendizaje y la autonomía del niño. Tres consejos:

- Marca límites y normas. Pocas, pero fijas y coherentes. Un “no” es siempre un “no”; no lo hagas depender de tu estado de ánimo o del momento.
- Evita mensajes contradictorios. Recuerda que el niño aprende más de lo que haces que de lo que le dices.
- Dale autonomía. No hagas por él las cosas que puede hacer solo para evitar que el tiempo se os eche encima y ganar unos minutos. Actuar así impide que vaya asumiendo pequeñas responsabilidades y acaba convirtiéndole en un ser dependiente. Los fines de semana, contrarresta el ritmo acelerado y déjale hacer las cosas solo o con menos ayuda aunque se eternice. Así podrá entrenar las habilidades que va adquiriendo e ir ganando destreza, autonomía y confianza en sí mismo.

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¡No tengo ni un minuto libre!

Ocuparse de la crianza de un hijo en solitario y ser el único soporte económico de la familia a veces obliga a buscar más de un empleo o a dedicar más tiempo a tareas remuneradas. Esto hace que resulte difícil conseguir el tiempo necesario para estar con el hijo y jugar con él.

A esto se une que las escasas horas que se pasan juntos hay que dedicarlas también a cocinar, poner lavadoras... El resultado: la madre sola (o el padre) se sienten culpables.

¿Qué hacer?

La clave está en ser realistas y tratar de sacar lo positivo de las circunstancias. Un modo de ganar tiempo es quedar con alguna madre/padre de un compañero de tu hijo que viva cerca y turnaros para llevarlos y recogerlos, tanto en el colegio como en las clases extraescolares. Dedica ese tiempo que ahorras a tareas ajenas al niño, así no tendrás que hacerlas cuando estés con él.

Eso sí, el día que no te toque llevarle, pregúntale luego qué tal ha ido la jornada, para que perciba que te interesa lo que hace.

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Una relación de calidad

Otra idea esencial: aprovechar bien el tiempo que pasáis juntos. Por mucho que tengas que hacer cuando estéis en casa, busca un rato para dedicárselo por entero a tu hijo, para estar totalmente presente (sin móvil y sin televisión) disfrutando con él.

Además, selecciona los momentos y actividades suyas más significativas (el baño, el momento de ir a la cama...) y, en la medida de lo posible, participa de ellas.

Demuéstrale que te importa

Y no solo es importante que disfrutéis de vuestros momentos juntos. También necesita ver que te importa el resto de su vida: intenta participar en las reuniones del colegio, habla con sus profesores cuando lo veas necesario, interésate por sus actividades extraescolares, pregúntale por sus amigos y por lo que ha aprendido en clase...

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La importancia de contar con ayuda

A veces, “todo” es demasiado y olvidamos que hay asideros a los que está permitido y es bueno agarrarse.

Es fundamental que evites el aislamiento. Involucra a familiares, amigos y otras personas cercanas en la organización de vuestra jornada. Y pide consejo: compartir los estados de ánimo y las dudas con personas queridas siempre tranquiliza y, aunque las decisiones últimas te corresponderán a ti, a veces simplemente hablando se encuentra una respuesta satisfactoria.

No te agobies

Si cuentas con ingresos suficientes y te planteas la posibilidad de contratar a alguien para ayudarte en los cuidados del niño, dedica tiempo a elegir a la persona más indicada.

Una vez escogida, evita agobiarte: seguro que la decisión es positiva para los dos.

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Transmitirle valores positivos

Por último, a la hora de educar, ten presente que el niño necesita una estructura para desarrollar valores como la responsabilidad o el respeto, cuya transmisión comienza en casa.

A partir del año es fundamental que tu hijo tenga tareas asignadas, adecuadas a su edad y nivel madurativo. Todos los niños pueden colaborar y es bueno y necesario que lo hagan, porque la sensación de servir de ayuda contribuye a hacer de ellos personas autosuficientes e independientes.

¡Qué importante es tu ejemplo!

El sentido de la responsabilidad y del respeto a las demás personas y seres vivos se inculca a través del ejemplo y del refuerzo positivo. Saluda a tus vecinos, cuida las plantas y a los animales, abre la puerta a quien va cargado y cede el asiento a una persona mayor. Tu hijo aprenderá a hacerlo. Dile lo bien que lo ha hecho, prémiale con una sonrisa o un beso y querrá repetirlo.

Ofrécele además oportunidades de crecimiento y aprendizaje. Por ejemplo, para que aprenda a relacionarse, facilítale situaciones en las que pueda interactuar con niños diferentes.

Por último, recuerda que es importante que en su entorno haya figuras de referencia tanto masculinas como femeninas (familiares o amigos cercanos) como apoyo y parte de su desarrollo.

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