2 años: edad de gracias y de rabietas

Ocurrencias divertidas, intensas rabietas, afán por hacer las cosas solo... No es raro que tu hijo de 2 años te vuelva loca (y no solo de amor).

 

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Entiende su estadio madurativo

Tu hijo está a punto de cumplir 2 años? Entonces te queda poco para comprender por qué hay quien denomina a la etapa en la que va a entrar “la edad de las gracias” y quien la conoce como “los terribles 2 años”.

Ambas definiciones expresan dos caras distintas de una misma realidad. Es cierto que entre los 24 y los 36 meses las ocurrencias y diabluras del niño son de lo más enternecedor. Pero también lo es que su energía y sus rabietas agotan a cualquiera.

Dos caras de una misma moneda

Aun así, Alan Kazdin, director del “Parenting Center” de la Universidad de Yale, se muestra contrario a definir los 2 años como “terribles”. Este experto considera que cada edad tiene una parte positiva y otra negativa y explica que en ésta el niño es muy enérgico, no ve peligro, necesita límites porque aún no tiene un freno interior (aunque siempre los rebate) y su cerebro no sabe asimilar emociones, por lo que a veces explota (las temidas rabietas).

Entender el estadio madurativo en el que se encuentra ahora tu hijo es clave para educarle. Por eso te contamos las características más típicas del niño a esta edad y respondemos a las dudas comunes que generan en los padres.

Cambia de humor en minutos

“Mi hijo, de 24 meses, pasa de decir ‘¡no!’ a todo y mostrarse obstinado y cabezota a estar muy mimoso y reclamar cariño.”

Su actitud se debe a que está en pleno descubrimiento del “yo”: ahora comprende que es una persona independiente (y no una parte de ti, como pensaba antes) y se rebela para afianzar ese “yo”. Pero por otro lado, tú sigues siendo su apoyo más seguro. Esto produce sus cambios de conducta, que indican su lucha entre la dependencia y la independencia.

Cómo actuar

Lo mejor que puedes hacer es formular frases que no den pie a un “no”. En vez de un “¿Te vienes conmigo?”, dile: “Cariño, nos vamos”.
Sé estricta con él cuando la situación lo requiera, porque ahora no tiene límites propios y los necesita para sentirse seguro. Pero dale voz y voto en otros momentos para satisfacer su necesidad de autonomía.

Necesita moverse mucho

Mi niña se pone furiosa cuando la siento en su silla del coche. ¡Un día me mordió!”

Estar sentada y sujeta coarta su afán por moverse, una necesidad muy presente a esta edad. Y la reacción de morder es frecuente en esta etapa en la que el niño no dispone aún de muchas palabras y recurre al lenguaje corporal (pegar, dar patadas...).

Cómo actuar

Procura que el hecho de estar sentada vaya asociado a algo placentero como oír canciones. E intenta que el resto del tiempo tenga ocasión de moverse y jugar a su aire.

Y, por supuesto, déjale claro que te enfada mucho que muerda.

Está adquiriendo más autonomía

“Mi hijo se empeña en vestirse solo, comer sin ayuda... Me desespero porque llegamos tarde, él acaba llorando y yo, frustrada.”

Es una actitud lógica, cada vez es más autónomo y le encanta serlo.

Cómo actuar

Lo más eficaz es que actúes con diplomacia: al vestirse, permite que él se ponga una prenda, ponle tú la siguiente... Otra buena idea es dejarle elegir entre dos opciones: “¿Hoy quieres el jersey rojo o el azul?”.

A la hora de comer, deja que lo haga solo siempre que pueda y si algún día no llegáis dile que solo vas a ayudarle un poco porque tenéis mucha prisa y tú sabes que a él le gusta ayudar para que lleguéis a tiempo.

Así eres tú quien dirige la actividad, pero él se siente dueño de la situación.

Vive el presente sin pensar en el después

“Cada tarea con mi hijo, de 30 meses, supone una lucha. Cuando llega la hora de bañarle se resiste, pero después se niega a salir de la bañera. Acabo siempre enfadándome.”

A esta edad el pequeño es testarudo porque vive en el momento. Le cuesta la transición de una actividad a otra, ya que se entrega por completo a lo que está haciendo y no piensa en el después.

Cómo actuar

Avísale de la siguiente actividad (“vamos a salir del baño”) y déjale un poco de tiempo para asimilarlo. No reacciones ante su “no”. Al rato, repite el mensaje con más decisión (“vamos a salir del baño”). Muchas veces a la segunda ya no hay protesta.

Y repítete este mantra: “Su afán de decir ‘no’ se debe a su necesidad de independizarse de mí y no a un deseo de complicarme la vida.”

La rutina le resulta fundamental

"Mi niña se enfada si las cosas no son como ella piensa. Si le damos un vaso blanco en vez del suyo, que es rojo, lo tira. Y si cambiamos el final de un cuento, se enrabieta.”

El niño de 2 años lleva mal los cambios porque necesita la rutina, que pone orden en su mundo ya de por sí abrumador por la cantidad de conceptos y palabras que aprende a diario.

Cómo actuar

Lo mejor, en la medida de lo posible, es seguir durante un tiempo una misma rutina: hora de bañarse y cenar, cuento, ritual para acostarle, etc. Y cuando tengas que introducir cambios, avísaselos con antelación.

Tiene rabietas a menudo

“Si le prohíbo algo, si no le sale lo que está intentando, si tiene sueño... Cualquier motivo provoca que mi hijo tenga una rabieta.”

Las rabietas son una manera de expresar enfado. Y son normales entre los 2 y los 4 años (el carácter influye en que sean más o menos frecuentes), cuando el niño necesita explorar, se encuentra con los límites paternos y no tiene otro modo de manifestar su frustración.

Cómo actuar

Ante su rabieta, permítele que se desahogue quedándote a su lado y traduce su estado emocional en palabras: “Veo que estás muy enfadado”. Espera tranquilamente, sin exigirle que entre en razón y sin ceder. Si reacciona rompiendo cosas, abrázale con firmeza sin impedir el llanto y háblale con calma y seguridad.

Juega junto a otros niños, no a su lado

“Cuando junto a mi hijo con su amiguito, de 24 meses, juegan cerca el uno del otro pero no entre ellos. Suelen correr alrededor de la mesa, subirse una y otra vez al sofá...”

A los 2 años predomina el juego imitativo y paralelo; cada uno por su lado. A lo largo de este año se iniciará el juego cooperativo, el “toma y daca”, y el juego simbólico, como mover un cochecito imitando su sonido, colocar sillas en fila que representan un tren, etc.

Cómo actuar

Llévale a jugar con otros niños, pero sin alargar mucho la reunión y sin forzar sus juegos. Y sácale a diario al parque: necesita espacio.

Aún tiene un lenguaje limitado

“Mi niño acaba de cumplir 2 años. Habla poco pero entiende todo y obedece pequeñas órdenes. Y me hace entender lo que quiere.”

Desde que empieza a hablar, el niño pasa de usar de 8 a 25 palabras a utilizar unas 300 al final del segundo año. En ese momento ya es habitual que formule pequeñas frases (“mira un perro”). Pero el ritmo del desarrollo lingüístico varía mucho de un pequeño a otro.  

Cómo actuar

Para fomentar el lenguaje de tu hijo es bueno que le leas cada día libros ilustrados que traten temas cotidianos, que nombres los objetos de su alrededor y que si te señala algo, simules que no le entiendes para que se anime a nombrarlo. Si te preocupa su evolución lingüística, anota las palabras que aprende durante varias semanas. Solo si no aumentan debes llevarle a que le vea un logopeda.

Está aprendiendo el control de esfínteres

“Mi hijo de 30 meses se niega a usar el orinal. Y sé que los hijos de muchos de mis amigos ya hacen en él sus necesidades.”

Más que la edad, es el estadio madurativo del niño el que determina el momento para empezar con el orinal.Hay señales que indican la madurez necesaria: si su pañal está mojado, lo dice o se pone nervioso; conoce las partes de su cuerpo y muestra curiosidad por ver lo que sale de él; le gusta colaborar y sabe bajarse los pantalones o los leotardos.

Cómo actuar

Si las ves en tu hijo, siéntale en el orinal en momentos fijos del día. Déjale unos minutos, mientras le lees un cuento, y si hace algo elógiale para que entienda qué esperas de él.

Su conciencia está formándose

“El otro día mi niña pintó en la pared. La expresión de su cara dejaba claro que sabía que había hecho algo mal, pero me dijo que había sido su amiga invisible.”

La conciencia infantil se forma paso a paso; de momento tú eres su conciencia externa, que más tarde interiorizará. Por eso, aunque conoce algunas normas, las recuerda solo en tu presencia.  Recurrir al amigo invisible para evitar tu enfado indica que reconoce su trastada, pero su afán por investigar supera a su deseo de obedecer.

Cómo actuar

Corrígela diciendo que desapruebas su conducta, no a ella (“no me gusta lo que has hecho” en vez de “eres mala”). Y dale oportunidad de pintar en papel, mancharse...

Todavía no sabe compartir cosas

“Mi niña es muy posesiva con sus juguetes. Cada vez que vienen amiguitos a casa y cogen alguno, monta un drama.”

El niño de 2 años considera sus juguetes parte de su persona. Con ellos bajo su dominio, su “yo” está más afianzado. Y no entiende el sentido del tiempo; para tu hija, prestarlos es como perderlos para siempre.

Cómo actuar

Cuando vayan amigos, guarda sus juguetes más preciados y saca otros. Y dile que solo es para un rato.

Le cuesta mucho esperar

"Mi hijo lo quiere todo al momento y si no cumplo sus deseos, se enfada y llora.”

El niño adquiere progresivamente la capacidad de aguantar una espera. A los 2 años le cuesta hacerlo, pero ya conviene enseñárselo.

Cómo actuar

Para lograrlo, alarga los momentos de espera poco a poco. “Ahora no puedo, luego jugaremos”. Así le habitúas a posponer la gratificación. Y préstale más atención cuando no llore.

7 claves para que obedezca

Son importantes porque si las utilizas desde el principio, lograrás que te haga caso más fácilmente y evitarás muchos malos momentos.

- Al poner normas sé clara, constante y consecuente: “Si vuelves a dar golpes en la mesa con el camión te lo quito”. Si repite su acción, cumple lo que has dicho.
- Explícale el porqué de esas pautas y normas.
- Mírale a la cara mientras le hablas. Es más efectivo.
- Si se enfada, no intentes razonar con él en plena rabieta; acepta su emoción.
- Utiliza “la pausa obligada” para conductas negativas; consiste en sentarle en una silla o mandarle al pasillo durante unos minutos (uno por cada año de edad).
- Cuando pase la rabieta, reflexiona sobre los factores que han podido influir en ella: cansancio, sobreestimulación, hambre, etc. Así te anticiparás a la siguiente.
- Elogia sus buenas conductas. “Me alegra que...”.

Por una feliz convivencia

Aplica estas pautas y el día a día será mucho más sencillo para todos:

- Mantén el sentido del humor y la paciencia.
- Anticípate a sus “¡no!”.
- No tomes sus protestas como intentos de enfadarte.
- Búscale una vía de escape para desfogarse: ir al parque a correr, saltar, etc.
- Dale libertad para decidir entre dos opciones marcadas.
- Apóyale en sus intentos de explorar y descubrir (dale  la mano para subir a un sitio, aparta peligros, etc).
- Enséñale palabras para nombrar sus emociones (“veo que estás triste”).
- Guarda recuerdos de esta etapa: graba vídeos de sus gracias, hazle fotos divertidas, anota sus ocurrencias...

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