0 a 5 años: cambia su enfado por una sonrisa

Descubre las causas típicas del mal humor del niño a cada edad y qué puedes hacer para cambiar su ánimo.

 

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Les pasa a todos los niños

Todos los niños, sea cual sea su carácter, tienen sus momentos de mal humor. Por ejemplo, a Pablo, de seis meses, le cambia el humor cuando tiene hambre. Eva, de año y medio, se coge una rabieta en cuanto no le conceden lo que quiere.Y Miguel, de casi tres años, se enfada cada vez que algo no le sale bien.

Estos momentos de mal humor están propiciados tanto por su carácter como por su edad.

Busca la causa de su enfado

El carácter viene determinado por los genes y no podemos influir en él, pero si encontramos la causa de su malestar, es más fácil ayudarles a mejorar su humor.

Qué altera al bebé de 0 a 1 año de edad

El mayor reto del bebé en sus primeros meses es adaptarse a su nueva vida y lo hace según su carácter: puede ser plácido, inquieto, miedoso, temeroso... ¿Qué le pone de mal humor a esta edad tan temprana y qué podemos hacer los padres para cambiarlo?

El hambre  

En su vida intrauterina el niño tenía cubiertas sus necesidades nutricionales en todo momento, pero ahora tiene que llorar y esperar para que le den de comer, lo que no le gusta nada.
¿Qué puedes hacer? Observa a tu hijo y si durante el sueño empieza a realizar movimientos de succión, anticípate a su llanto (está soñando que mama) y dale la toma, prolongando así su estado paradisíaco. De momento, no le hagas esperar. Él solito se irá haciendo más paciente con el tiempo.

Los cambios inesperados de horario

Y también de sus costumbres habituales. Le alteran mucho y le hacen llorar, sobre todo si se trata de un bebé irascible, al que le cuesta adaptarse y establecer un ritmo fijo.
¿Qué puedes hacer? Ofrécele un entorno tranquilo y una rutina constante. Y cuando no tengas más remedio que salirte de ella, compensa ese cambio que tanta inseguridad le produce con más mimos: háblale con cariño al acercarte a él, cógele de la cuna y déjale en ella con mucha delicadeza, acurrúcale contra tu pecho... 

Los continuos aprendizajes

Aprender a darse la vuelta, a sentarse, a comer con la cuchara, a hacerse entender... supone un gran esfuerzo para él y a veces le produce frustración y le pone de mal humor.
¿Qué puedes hacer? Observa su comportamiento y si está ensayando una nueva habilidad, quédate a su lado (tu compañía le reconforta) y cuando lo creas necesario, ayúdale a lograr su hazaña, pero no se lo des todo hecho (acércale un poco el juguete que quiere alcanzar, pero no se lo pongas en la mano). Cierta dosis de frustración le viene muy bien, es un importante estímulo para superarse.

Causas de enfado de 1 a 2 años

El niño se ha convertido en un torbellino que se recorre la casa de arriba a abajo, explorándolo todo, y que no para ni un momento. ¿Qué situaciones le ponen de mal humor?

Los límites a su libertad

Las normas (“no toques eso”, “no corras”, “no te subas ahí”...) hacen que su buen talante se transforme en un remolino de enfado, rabia y llanto.

¿Qué puedes hacer? Adapta la casa a sus necesidades y proporciónale un espacio amplio donde pueda jugar a sus anchas, sin riesgos. Llevarle al parque todos los días también le ayudará a desfogarse. Y cuando se encapriche con algo que puede ser peligroso, desvía su atención hacia otra cosa: como su memoria todavía es muy corta, enseguida volverá a ponerse de buen humor. Y no te asustes: estas rabietas no implican necesariamente que tenga un carácter difícil. Son típicas de esta edad, en la que aún no dispone de muchas palabras para expresarse y desahogarse.

El cansancio 

A medida que se va quedando sin energías, se pone más irritable y tontorrón. Extrema tu vigilancia en esos momentos (antes de la siesta, a la caída de la tarde...), porque al estar más torpe, es más propenso a los accidentes.

¿Qué puedes hacer? Ten muy en cuenta su ritmo de sueño para evitar que se quede exhausto. Si le notas muy cansado, prueba a acostarle antes, introduce alguna siesta más en su ritmo diario y fomenta sus ratos de juego tranquilo (anímale a ver cuentos contigo, haz con él juegos de manos, dile cómo se llaman las partes del cuerpo...). Y no te olvides de que el cansancio excesivo y la sobreexcitación pueden dificultarle el sueño. Así que ayúdale primero a calmarse y luego, una vez que esté tranquilo, acuéstale.

Sus deseos contrapuestos

Hay momentos en los que desea acurrucarse en tu regazo y otros en los que se emperra en alejarse de ti. Por un lado quiere ser autónomo y por otro, le aterra perderte de vista. Quiere ser bueno, y quiere ser él. Esta encrucijada de sentimientos le impide sentirse bien consigo mismo y le pone de un humor de perros.

¿Qué puedes hacer? Si no quiere ponerse los zapatos, recurre al humor, dile algo como: “pobre zapatito, con lo que le gusta tu pie...”. También las situaciones atípicas, como esconderle unos instantes en la cama de su hermano mayor cuando se niega a acostarse, a pesar de estar muerto de sueño, le ayudan a tolerar mejor esos momentos en los que ni él mismo sabe realmente lo que quiere.

Motivos de mal humor entre 2 y 4 años

A partir de los 2 años el niño es mucho más autónomo: utiliza frases para expresarse, escucha los razonamientos de los mayores y empieza a jugar con otros pequeños. Naturalmente, en este reto de integración progresiva en su ambiente, sigue habiendo situaciones que le sacan de sus casillas. Son éstas.

El descubrimiento del “yo”

El niño necesita afianzar su personalidad y lo hace oponiéndose a todo y a todos: se niega a comer, no quiere entrar en la bañera y luego no quiere salir de ella, acostarle se convierte en un drama, se coge una rabieta si le sacamos de casa y después no hay quien le haga volver...

¿Qué puedes hacer? Recuérdate a menudo que tu hijo está descubriendo su propia identidad (los psicólogos nos referimos a esta edad como “la primera adolescencia”) y para no pasarte el día luchando con él, déjale cierto margen de libertad en temas que no son importantes (elegir el camino para ir al parque, ponerse el anorak que más le apetece...), para que así se sienta más autónomo, y sé estricta en los que no admiten discusión (“te llevo a la cama porque es tu hora de dormir”, “te cojo de la mano porque vamos a cruzar la calle”...). Tu actitud serena y decidida le hace bien, porque le marca límites. Y esto, aunque en un primer momento le pone de muy mal humor, en el fondo le hace sentirse querido, protegido... y contento.

Las relaciones con otros niños

A veces le producen algún que otro sinsabor, sobre todo por el tema de los juguetes. Entre los dos años y los tres, el niño aún no tiene establecido su sentido del “yo”, cree que los juguetes son una parte de él y le cuesta mucho prestarlos. Además, tampoco tiene claros los límites de la posesión, no sabe hasta dónde llega lo suyo y dónde comienza lo de los demás, y ante la duda, opta por quedarse con todo (es la edad del “mío”). A partir de los tres años y medio la cosa cambia y compartir sus pertenencias deja de ponerle de tan mal humor.

¿Qué puedes hacer? Cuando se encapriche del juguete de otro niño, desvía su atención hacia otra cosa, haz turnos para que jueguen tranquilamente un rato cada uno...

Las despedidas y los reencuentros

María, de 30 meses, siempre llora al entrar en la guardería. Y Sandra, de dos años, se enfada cuando su madre acude a recogerla. A las dos les cuesta hacer la transición de una situación a otra. Los lloros de Sandra al reencontrarse con su madre se deben a dos motivos: a que justo en ese instante se percata de lo mucho que la ha echado de menos y a que, al verla, descarga la tensión que ha ido acumulando durante el día.

¿Qué puedes hacer? No alargues las despedidas y dale alguna referencia temporal sencilla para que sepa cuándo vas a ir a buscarle (“después de la siesta estaré aquí de nuevo”). Y si se porta mal cuando os reencontréis, no se lo tengas en cuenta, quédate a su lado y dale un poco de tiempo. No tardará en cambiar su enfado por una sonrisa.

El ejemplo paterno y materno, esencial

A un niño irascible no se le puede cambiar su humor básico, pero sí es posible sintonizar con él para mejorarlo.

También es importante darle buen ejemplo: enseñarle a no sacar las cosas de quicio y hacerle ver que además del blanco y el negro existen los matices, son formas muy prácticas de fomentar su buen humor.

Y es que, aunque es evidente que unos niños tienen mejor humor que otros, no hay duda de que todos, absolutamente todos, lo tienen. La prueba está en que algunas estructuras cerebrales responsables de la alegría y el buen humor, como el lóbulo límbico, ya están desarrolladas en el momento del nacimiento.

Cada vez mejor humor

Si te esfuerzas en comprender lo que a tu pequeño le molesta y consideras su mal humor como un reflejo evidente de su inmadurez y de su carácter, no de tu crianza, te será mucho más sencillo saber cómo puedes cambiar su ceño fruncido por la mejor de sus sonrisas en cada ocasión.

Ten en cuenta también que, a medida que crece, tu hijo descubrirá otras formas nuevas de expresarse y de desahogarse, distintas a los enfados y a las caras largas (hablar, dar un paseo, pintar, escribir...), que harán cada vez menos frecuentes sus momentos de rabia y de mal humor.

Qué altera el humor del niño de 4 a 5 años

A esta edad el niño se muestra más colaborador y dispuesto a escuchar que antes. Disfruta mucho de su tiempo fuera de casa, en compañía de otros niños. Pero sigue habiendo situaciones que a veces le ponen de mal humor.

Los madrugones

Algunos niños necesitan un rato para despertarse del todo y las prisas matutinas les desbordan.

¿Qué puedes hacer? Despiértale con tiempo para que pueda ir a su ritmo, sin que la hora del cole se os eche encima. Entra en su cuarto, dale un achuchón y dile algo como: “cariño, vete levantando que ahora vuelvo”. Poniendo el despertador un cuarto de hora antes y dejándolo todo preparado la noche anterior, evitarás que empiece el día crispado.

Equivocarse

Es algo que enfada mucho a los niños que son muy perfeccionistas. Tanto, que a veces rompen lo que tienen entre manos, provocando también el enfado de sus padres.

¿Qué puedes hacer? Explícale que todos nos equivocamos y que los errores no son fracasos, sino oportunidades para mejorar. Anímale a que continúe intentando las cosas y elógiale por su tenacidad, al margen de los resultados.

Los acontecimientos impactantes

Un divorcio o un cambio de colegio pueden volver al niño más irascible.

¿Qué puedes hacer? Intenta averiguar la causa de su malestar y una vez que la descubras, trata de solucionarla. Mientras, ayúdale a sobreponerse emprendiendo juntos actividades agradables, como ir al zoo, visitar una ludoteca...

¿Qué les hace reír a cada edad?

Reír es una afición muy saludable, que refuerza el sistema inmune y mejora las relaciones sociales. Las risas evolucionan con el desarrollo del pequeño, por eso los estímulos que le hacen reír son diferentes a cada edad. Conócelos y sabrás cómo hacer feliz a tu hijo.

3-6 meses

Le encanta escudriñar tu cara, tocarte los labios cuando hablas y tirarte del pelo. Si te diriges a él sonriendo, te devolverá la sonrisa y se volverá más risueño.

6-12 meses

Disfruta muchísimo con los juegos de manos y con las canciones para gesticular que le repites cada día. El cucú-tras, el escondite y las cosquillas son otros de sus juegos favoritos. Se siente cómodo con lo conocido, con lo que le resulta familiar.

1-2 años

Le gustan las situaciones atípicas: que te pongas su gorrito de lana, que te manches la nariz con la nata de un pastel, que le busques en el salón cuando está en la cocina...

2-3 años

Le encanta gastarte bromas para que te rías con él: a tu pregunta, “¿dónde tienes los ojitos?”, se tocará las orejas adrede, para provocar tu sorpresa y tus risas.

3-4 años

Disfruta con los payasos, viendo cómo su hermanito se embadurna la cara de puré, mojándose bajo la lluvia... Empieza a compartir las primeras bromas con sus amigos y se ríe cuando ve que lo hacéis su padre y tú, aunque no entienda vuestros motivos.

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