Evitad discusiones en las fiestas familiares

Disfrutar de las celebraciones en familia sin que aparezca algún conflicto no siempre es fácil. ¿Qué podemos hacer (o dejar de hacer) para conseguirlo?

 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Sentimientos contrapuestos

Estamos en fechas de reuniones familiares y, con ellas, pueden llegar las emociones contrapuestas. Sentimientos de protección, calor y ternura, pero también frustración, quejas, malentendidos, riñas y conflictos.

Porque las personas clave de nuestra vida, esas que nos han dejado huella y que tienen que ver con nuestro caminar, pueden conectarnos con nuestros puntos fuertes, pero también con nuestras carencias, debilidades y vacíos.

La carga emocional de estas fechas es alta y todo parece tener mayor trascendencia, especialmente las fricciones que ocurren en el entorno más íntimo.

Como todo lo que atañe al mundo emocional, esto es algo muy complejo y necesita reflexión y empeño para modificarlo. Pero es posible y merece la pena.

¿Cuáles son las claves para que las celebraciones transcurran de forma pacífica y todo el mundo vuelva a casa feliz?

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Saber qué nos afecta en estas fechas

El primer paso es ser conscientes de todo lo que puede afectarnos en esta época y de cómo influye en nuestras emociones:  

- Los días son cortos y recibimos menos luz. Esto puede alterar el equilibrio del sistema nervioso central y bajar nuestro tono vital.
- La carga emotiva de la Navidad puede relacionarse con procesos bioquímicos como bajada de ánimo, mayor sensibilidad...
- Quienes han perdido a un ser querido suelen sentir acentuado su vacío y reproducir los sentimientos de un duelo.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Revisar nuestras expectativas

Si nos reunimos pocas veces al año, quizá esperamos demasiado de esos encuentros, con lo que echamos a perder la posibilidad de disfrutar de lo que sí podemos compartir.

Con los familiares más allegados podemos caer en el hábito de fijarnos más en lo que no nos gusta en lugar de apreciar el valor que nos aportan. Pero es importante que veamos a los miembros de la familia como son y no como queremos que sean; que nos acerquemos a ellos aceptándolos con sus fallos y virtudes.

Por otro lado, las familias cambian con los tiempos y en la actualidad son más complejas. A la celebración pueden añadirse familiares recientes (parejas de hermanos, nuevas parejas del padre o de la madre) o amigos.

En estos casos, ajustemos nuestras expectivas a procurar una velada agradable para todos, también para los recién llegados.  

- Si somos nosotros quienes llevamos a un nuevo comensal, antes de la celebración debemos hablar con él sobre lo que espera de la reunión, prevenir aquello que pueda suponer un conflicto para él o para los demás...
- En general, en la mesa es eficaz sacar  temas de conversación que tengan que ver con los puntos fuertes o de interés de los nuevos comensales (planes, viajes, trabajo...) y tratar de buscar lo positivo de cada uno de ellos.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Estar bien con nosotros mismos

En ocasiones los conflictos que tenemos con los demás proceden de nosotros mismos y de nuestras necesidades o deseos contrapuestos.

Y esto es especialmente cierto ahora, cuando la proximidad del nuevo año nos lleva a preguntarnos por el sentido de nuestra vida, lo que hace emerger viejos conflictos no resueltos que mantienen zonas de nuestro yo en “stand by”.

En este sentido, ayuda reflexionar sobre cómo nos afecta lo que ocurre en la familia y cuánto de lo nuestro está interviniendo en nuestras relaciones. Y a partir de ahí, admitir la propia responsabilidad y cuando nos reunamos, hablar desde la autenticidad y mostrarnos abiertos y receptivos.
Las demandas afectivas que no se satisfacen suelen ser las que crean más conflictos, por eso es importante saber pedir lo que queremos y expresar lo que nos importa.

Y si algo nos ofende, no negar el enfado ni pasar el resto de la velada con mala cara, sino hablarlo con calma, en primera persona y haciendo referencia a nuestros sentimientos: “Yo me siento...”

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Prevenir situaciones incómodas

Un factor clave para evitar malestares en los encuentros familiares es hablar previamente de lo que nos incomoda con la persona implicada (hermano, madre, cuñada...).

Eso sí, al abordar el tema hay que tener en cuenta dos aspectos que facilitan un buen diálogo: una actitud receptiva de escucha, tratando de percibir la situación del otro y su postura, y una expresión clara de nuestras peticiones.

Y es que, si escuchamos al otro con atención y ponemos en palabras lo que queremos lograr, hacemos posible el entendimiento. En cambio, si centramos nuestro discurso en lo negativo y nos anclamos en la queja, cerramos la puerta a soluciones y a propuestas.

En caso de que nos resulte imposible hablar de forma directa con esa persona, conviene buscar ayuda en otras que actúen como intermediarias. Y si llegamos a la conclusión de que el entendimiento no es posible, es mejor reflexionar acerca de las posibilidades de eludir el encuentro o alejarnos del conflicto.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
La discusión constructiva

Para lograrla es esencial seguir estas pautas:

Evitar prejuicios

Ni nosotros tenemos toda la razón ni el otro es tal cual creemos. Estar activamente presentes con quien hablamos es el primer paso para generar cambios que sanen.

Hablar del presente

Orientar la conversación hacia situaciones pasadas promueve excusas. Si nos referimos al ahora podemos movilizar cambios de postura.

No usar la ironía

Los comentarios sarcásticos dejan al otro en mal lugar y alejan el posible entendimiento.

Decir qué queremos

En lugar de lo que nos disgusta. Así nadie se siente atacado.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo