Los momentos más conflictivos con niños

Madrugar, quedarse en el cole, acompañarte a la compra... ¿En estas situaciones tu hijo monta un número y tú te desesperas? Descubre cómo actuar.

 

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Las "horas punta" del día

A lo largo del día todos pasamos momentos de estrés, y los niños no son una excepción. Lo que ocurre es que nosotros sabemos controlarnos y mantener “el tipo” y ellos todavía no han aprendido a contenerse.

Por eso existen las tan temidas “horas punta”, esas ocasiones de caos y nerviosismo en las que los pequeños se tiran al suelo pataleando, dramatizan cualquier percance, se obcecan en hacer lo contrario de lo que les pedimos...

¿Por qué actúan así?

Sus exageradas protestas no se deben a que sean malos (aún no conocen la maldad) ni a que quieran fastidiarnos, sino a su falta de autocontrol y a que están sobreexcitados o les cuesta mucho hacer lo que les pedimos (todavía no son capaces de comprender que las normas no son caprichos nuestros, sino pautas que les benefician).

¿Quieres saber cuáles son los momentos más conflictivos del día y cómo actuar?

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Madrugar entre semana

Si a tu hijo le cuesta tanto levantarse por la mañana que lo hace enfadadoo, además de acostarle pronto la noche anterior para que descanse las horas que necesita...

- Tendrás que acostumbrarte a poner el despertador 20 minutos antes. Este margen de tiempo le permitirá remolonear un ratito en la cama antes de abandonarla y se levantará de mejor humor.
- Antes de despertarle comprueba si está en la fase REM del sueño (se caracteriza por el rápido movimiento de los ojos). Si es así está soñando y si le cortas el sueño se levantará malhumorado y puede que hasta con dolor de cabeza. Espera unos instantes hasta que el sueño pase (es una fase muy breve).
- Una vez que por fin vayas a despertarle hazlo con melodías clásicas, al ritmo “allegro”. Los expertos aseguran que son ideales para afrontar el día con buen ánimo.
- También puedes hablarle bajito, darle besos y transmitirle calma y alegría por la llegada del nuevo día, hasta que se despierte del todo.
- Si le dices que el desayuno le está esperando y lo disfrutas con él, es mucho menos probable que se enfade por abandonar las sábanas.
- Felicítale cuando consigáis llegar puntuales a los sitios. Tu apoyo le animará a repetir la experiencia.

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Quedarse en el cole o en la guardería

Otro momento duro es el adiós cuando le dejas en el colegio o en la guardería. Os resultará más llevadero así:

- Déjale un objeto que haga de puente entre vuestra casa y la escuela: su osito, un pañuelo tuyo... Le ayudará a tolerar la separación.
- Indícale cuándo volverás. Si aún no entiende de horas, tendrás que darle una referencia temporal: antes de comer, después de la siesta...
- No alargues la despedida, dale un beso y vete. Cuanto más natural te muestres, antes entenderá que no pasa nada porque os separéis.

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Acompañarte a hacer la compra

Si tienes que llevarle contigo a comprar comida, a elegir algo de ropa...

- Asegúrate de que no tiene hambre ni sueño, evita las horas y las fechas en las que suele haber más gente y llévate la sillita de paseo. Si vas alternando los momentos que va andando con los que va sentado, la visita al supermercado se le hará menos pesada.
- También le resultará divertido e interesante que le vayas enseñando los nombres de los alimentos y productos que no conoce y si ya es “mayor”, que le pidas ayuda para encontrar lo que buscas y para ir echándolo en el carro.
- De todas maneras, si el centro dispone de zona de ocio infantil, ve a verla con él: tal vez prefiera esperarte allí.

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Cambiar de actividad

Dejar los columpios, o salir de la bañera, o finalizar su juego para acostarse... A tu hijo le cuesta tanto cambiar de actividad porque se entrega con todo su afán a lo que está realizando.
Para que te obedezca pronto y de buen humor...

- Adelántale lo que le vas a pedir: "dentro de un ratito vamos a dormir" o "qué poco falta para que esté la cena preparada...".
- Pídele las cosas tocándole un hombro (el contacto físico le ayudará a centrarse en tus palabras) y a la vez, ofrécele un incentivo: “si haces esto, pondremos tu música favorita”.

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Cenar (cuando no tiene hambre)

Si tu hijo llega tan cansado a la noche que es incapaz de comer nada...

- Adelántale la hora de la cena.
- Otra opción es prepararle una merienda-cena a media tarde.
- En ambos casos, ofrécele platos que sean muy fáciles de comer.
- No te olvides de darle un vaso de leche antes de acostarle. Así no tendrá hambre a horas intempestivas.

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Irse a la cama

Uno de los instantes que más odian los niños es el de acostarse. Y es comprensible: significa el paso de la actividad al reposo y de la compañía a la soledad. Para que tu hijo se vaya a la cama más contento...

- Plantéale esta actividad como una más de su rutina cotidiana: después de jugar, bañarse y cenar, tiene que irse a la cama. De este modo podrá anticiparse a lo que viene después y se resistirá menos.
- Antes de que se vaya a la cama pídele ayuda para preparar juntos la ropa del día siguiente: harás que se sienta útil. Elige prendas que sean fáciles de poner, porque si a la mañana siguiente se empeña en vestirse solo y le permites hacerlo, empezaréis el día con mejor pie.
- Otra buena idea es que dejéis puesta la mesa del desayuno. Por la mañana lo agradeceréis y al hacer algo juntos al final del día, tu hijo se irá a la cama más satisfecho.
- Si te llama llorando ve a verle y dale un beso, pero no claudiques. Tu firmeza le demostrará que su lloriqueo no es eficaz.
- Para evitaros malos tragos, procura anticiparte a los momentos conflictivos de tu hijo. Si ves que va a estallar, sácale del lugar donde está o hazle cambiar de actividad y sobre todo, procura que descanse mucho y que duerma lo que necesita. Muchas veces las horas punta se dan por puro agotamiento.

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Trucos para mantener la calma

Si cuando tu hijo se encuentra en uno de esos momentos críticos del día, tú pierdes la calma, lo único que conseguirás será complicar aún más la situación. Por eso debes intentar mantenerte serena y adoptar una postura positiva. Para conseguirlo...

- Respira hondo y cuenta hasta diez. Hazlo antes de llegar al punto de gritar o mostrarte furiosa. Estos instantes serán suficientes para ayudarte a mantener la compostura.
- Repítete que esto es pasajero. Y piensa que a medida que pase el tiempo estos episodios irán siendo cada vez menos frecuentes.
- No llames al niño “perezoso” , “llorón”... Esa etiqueta refuerza la conducta que quieres erradicar y como consecuencia, hace que te desanimes de antemano, pues te lleva a dar por hecho lo que temes que pase (va a tardar en levantarse, va a gritar...).
- Ignora su mal comportamiento. Actuar así siempre es mejor que estresarse por él. Así que ya sabes: “pasa” de la reacción de tu hijo y mantente firme en tu criterio, para que vea que así no va a conseguir lo que quiere.
- Delega e implica a tu pareja. Te sentirás más apoyada y estarás menos estresada.

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