Así aprenden a hacer amigos

¿Os preocupa que vuestro hijo no sea sociable? Descubrir cómo se crean los lazos de las primeras amistades os ayudará a saber si necesita vuestro apoyo en este sentido.

 

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¿Cuándo aprenden a jugar con otros niños?

Los niños no nacen sabiendo cómo relacionarse entre sí, pero durante sus primeros cinco años van desarrollando capacidades básicas que más adelante les permitirán hacerlo.

Antes los psicólogos pensaban que los niños no trababan amistades hasta los 3 o 4 años, pero recientes estudios han demostrado que los bebés de 8 meses ya muestran interés por otros pequeños: giran su cabeza, balbucean entre ellos... Éste ya es el comienzo de su andadura en las relaciones sociales.

Te contamos cómo evolucionan estas primeras amistades. Pero ten en cuenta que cada niño tiene su forma de ser. Si el tuyo es tímido, facilítale las cosas para que se sienta mejor en compañía de otros peques de su edad, pero no le fuerces o lograrás justo lo contrario. Respetar su forma de ser es el primer paso para que se sienta seguro y, con el tiempo, el resulte más fácil relacionarse con los demás.

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0 – 1 año: ¿Qué es eso que se mueve y suena?

Un bebé aún no tiene noción de sí mismo ni conoce el “yo”. Por eso, estando cerca de otros pequeños, los toca, les mete el dedo en un ojo, muerde los deditos de sus pies...

Gracias a estas interacciones el bebé se da cuenta de que tocar una parte del otro es distinto a tocarse a sí mismo, y así va conociendo los límites de su cuerpo. Según las investigaciones, hasta en los bebés puede darse una atracción mutua; no es raro ver cómo dos pequeños se ríen de un modo especial y se prestan más atención que a otros compañeros.

Pero, dada su edad, no saben todavía de lo que se trata: disfrutan de la compañía del otro como si fuese un juguete que se mueve y hace ruido.

Una pauta eficaz

Trata de que tu hijo se encuentre alguna vez con otros bebés. Aparte de ser toda una experiencia para él, te da la oportunidad de observar cómo reacciona y esto ya te revela algo sobre su carácter. ¿Está interesado y se emociona? Es probable que sea un niño muy sociable. ¿No se inmuta o más bien le desagrada? Puede indicar que es un niño tímido o simplemente que sólo es cuestión de tiempo.

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De 1 a 2 años: ¡Hay un ser como yo!

Hacia el año, el bebé tiene más idea de los propios límites corporales y empieza a ejercer un control sobre el espacio y el entorno. Esto implica que empuje a otros niños, no con maldad, sino para saber cuál es la delimitación de su cuerpo. También son frecuentes los estirones, las patadas… “Éste soy yo y éste es mi espacio”, parece decir. Esto resulta incómodo para vosotros, pero hay que valorarlo desde su estadio madurativo.

También empiezan ahora a manifestarse otros comportamientos que indican una interacción social. Roberto y Elsa, ambos de 18 meses, se persiguen dando vueltas alrededor de la mesa. Cuando Roberto se deja caer en el suelo, Elsa hace lo mismo. Se imitan continuamente y disfrutan mucho, porque los dos dominan las mismas habilidades. Imitación y repetición son las características de su amistad en esta etapa.

Está comprobado que el juego es más animado y duradero si se realiza en compañía de otro pequeño. Sin embargo, cuando los niños de 1 o 2 años se entretienen con juguetes, no hay mucha interacción social; cada uno está inmerso en su propia actividad. Por ello se le llama juego en paralelo.

Como aún no conocen del todo el sentido del “yo”, no ven al otro como una entidad en sí, con sentimientos y deseos propios. Por eso no saben compartir, se quitan los juguetes o uno se adueña con un empujón del andador que el otro está llevando. Y los dos quedan sorprendidos por las reacciones que sus conductas causan, como llantos o gritos. ¡No entienden el motivo!

Una pauta eficaz

No te tomes a mal sus conductas negativas. Desvía su atención con algo y sácale de esa situación. No le exijas que comparta sus juguetes, deja que tenga los suyos propios. El egocentrismo es normal a esta edad y gradualmente da paso a una mayor sociabilidad, a medida que el niño madura.

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2 – 4 años: ¿Quién eres tú? ¿Juegas conmigo?

Desde los 2 años el niño disfruta de la compañía de otros pequeños (por ello es una edad idónea para iniciar la guardería). Todavía está muy ocupado consigo mismo y sus propias necesidades, pero le gusta observar a otros niños y compararse con ellos.

Lo que hacen ellos, lo intenta él también y presume de lo que es capaz. “¡Mírame!” es una frase frecuente y una muestra de que va entendiendo el sentido del “yo”. No obstante, no siempre le será fácil entablar contacto. Es probable que aún lo haga mediante un empujón. La forma no es positiva, pero no deja de ser un intento de interacción social. “¡Aquí estoy! ¿No me ves?” Sólo necesita práctica.

Entre el segundo y el tercer año, el niño empieza a relacionarse con sus amigos de otra forma. El sentido del “yo” está establecido y por ello puede haber una verdadera interacción social en la que uno reconoce al otro como persona distinta a él. Es la fase del juego cooperativo. El niño da un juguete al otro y se alegra cuando éste lo recibe con una sonrisa y le devuelve algo, lo que da lugar al juego “dar y recibir”.

Entre los 3 y los 4 años los niños empiezan a desarrollar el juego simbólico, en el que cada uno representa un rol (“tú eres la mamá y yo el bebé, ¿vale?”). Ya está implicada una negociación verbal y el juego estimula el aprendizaje del habla. Gracias a ello poco a poco los empujones y otras acciones no verbales se sustituyen por expresiones como “ahora yo”, “dame”... Y esto facilita que el juego cada vez sea más armonioso.

También hay que añadir otro factor: ahora el niño está mejor capacitado para compartir. Para ello ha superado varios obstáculos evolutivos: cuando está en la fase del desarrollo del sentido del “yo” (2-3 años), se define a sí mismo en términos de sus posesiones: “Éste es mi brazo, mi camión, mi barriga, mi osito… Éste soy yo.”

Sus juguetes forman parte de ese incipiente “yo” y lo refuerzan. Y su incapacidad para compartir también tiene que ver con el sentido del tiempo. Mientras el niño no entiende conceptos como “ayer” o “luego”, no sabe que los juguetes que ha dejado durante un rato volverán a ser suyos. Para él, los pierde para siempre. Pero esto cambia una vez que entiende el sentido del tiempo (alrededor de los 3 años).

Una pauta eficaz

Algunos niños tienen en esta fase un amigo invisible al que hablan, dan de comer, etc. Les sirve para practicar las habilidades sociales y en absoluto indica un problema emocional.

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De 4 a 5 años: Soy mayor ¡y este es mi amigo!

El niño ya es mucho más sociable y comparte con mayor facilidad. Le gusta estar con otros niños y, tras un día escolar, aún quiere seguir jugando con ellos y son frecuentes las visitas.

Sigue habiendo peleas, que tienen que ver con el poder o el reparto de roles (“Quiero ser el bombero” o “¡me toca a mí!”). Pero el niño también sabe hacer las paces. Ahora se va perfilando su carácter social: si es líder o seguidor, tímido o lanzado, con muchos amigos o sólo con uno o dos.

Los que tienen muchos, que además cambian a menudo, suelen ser niños abiertos y extrovertidos, mientras que quienes sólo tienen uno o dos (y fieles) suelen tener un carácter más introvertido.

Una pauta eficaz

Si se pelea con su amigo, intervén y pregunta a cada uno qué es lo que ocurre. Así aprenden a expresar con palabras, en vez de patadas, lo que quieren. Evita ser juez, es suficiente escucharles y transmitirles lo que cada uno expone. “Veo que tú… Y veo que tú...”. A partir de ahí, muchas veces ellos llegan a un acuerdo. Sólo si la situación se desborda, tendrás que proponer una pausa, como una merienda, un cuento…

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¿Cómo eligen a sus amigos?

Al principio los niños eligen a sus amigos por familiaridad o cercanía (por ejemplo, los hijos de vuestros conocidos). Pero cuando van a la escuela infantil, lo habitual es que busquen un amiguito con un carácter afín al suyo. O también es posible que tu hijo busque a un niño totalmente distinto a él, porque le atrae lo opuesto.

Cuando empieza la fase del juego cooperativo, es importante que cada uno entienda las fantasías y ocurrencias del otro. Si no es así, el que ayer fue su mejor amigo, hoy deja de serlo y se presenta otro preferido. Por eso, entre los 2 y los 4 años las amistades cambian a menudo y suelen hacerse más estables a partir de los 5 años.

No obstante, entre algunos niños de muy corta edad se forma una amistad duradera. Suelen ser niños que se apoyan entre sí y que gracias a su mutua compañía se sienten más seguros al afrontar las situaciones en grupo. De ahí dan el paso hacia otras relaciones y su amistad, con el tiempo, deja de ser exclusiva.

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Ayúdale según sea su carácter

Observar cómo es tu hijo en relación con los demás te ayudará a echarle una mano (sin forzarle) para que se sienta mejor con otros niños.

Si es tímido

Necesita tiempo y distintas oportunidades: organiza planes para que juegue con algún niño en casa, estos encuentros en la intimidad del propio hogar pueden servir de trampolín para que inicie amistades. Tu apoyo en este proceso es muy importante.

Si es extrovertido

Si tu hijo tiene este carácter no necesita ayuda para entablar contactos, pero sí para superar decepciones que éstos pueden acarrearle. Y también le debes enseñar que no todas las personas son de fiar.

Si es un líder natural

Debes enseñarle a tener en cuenta los deseos de los otros niños y a que no sea siempre él quien decide. Como tiende a ser “mandón”, explícale las situaciones desde el punto de vista de los demás o léele un libro sobre el tema. Esto aumenta su capacidad para la empatía.

Si suele seguir al líder

Enséñale a hacerse oír y a confiar en su propio criterio. La vida en casa es un buen terreno para practicar, así que anímale a que se exprese. Los elogios aumentarán su autoestima. Si tiene amigos que no te gustan, averigua qué es lo que le atrae de ellos y busca distintos modos de suplantarlo (suele ser algo de lo que el niño carece).

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