¿Tu hijo no soporta perder?

Es lógico que los niños se alegren cuando ganan o tienen éxito; el problema surge si ese afán por ser los mejores se convierte en una necesidad. ¿Cómo prevenir la competitividad insana?

 

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No es lo mismo alegrarse por ganar que necesitarlo

Papá, mi profesor me ha dicho que soy el que mejor suma de toda la clase”, le cuenta Carlos a su padre. “Mamá, ¿a que yo corro más rápido que María?”, pregunta Raquel a su madre.

Frases tan típicas como éstas demuestran el afán de cualquier niño por hacer las cosas bien y por demostrárselo a sus padres, las personas cuya aprobación más necesita.

Que actúe así es lógico y positivo; a todos, también a los adultos, nos llena de satistacción obtener éxitos o ser reconocidos por algo. 

¿Demasiado competitivo?

El problema aparece cuando ganar se convierte en una necesidad y la competitividad deja de ser sana para transformarse en un factor obsesivo y estresante para el niño, que le impide disfrutar de lo que está haciendo.

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El papel que juegan los padres

La Madre Naturaleza es sabia y nos muestra que no es posible ser el mejor en todo. Así, el niño precoz en el habla suele ser más tardío en la marcha y el que destaca con los números tiende a atascarse con las letras. El organismo funciona así, y si algo se fuerza mucho puede romperse.

Sin embargo, hay niños que de por sí tienen tendencia al perfeccionismo. Quieren hacerlo todo bien y cualquier error, por pequeño que sea, les resulta inaceptable. Incluso pueden llegar a abandonar tareas nuevas por miedo a fracasar.

Una enorme influencia

En esta forma de reaccionar influye muchísimo el papel de los padres. Si tendemos a comparar a nuestro hijo con sus amigos, si nos agobiamos en exceso al descubir que otros niños saben hacer algo de lo que el nuestro no es capaz, o si solamente le felicitamos cuando gana, le estaremos demostrando que medimos sus logros en función de los de los demás.  

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Descubre su nivel de autoexigencia

Para conocer el nivel de exigencia y competitividad de tu hijo, obsérvale en sus juegos, en los deportes de grupo y en las actividades escolares (los deberes y las evaluaciones).

Si se enfada cuando no gana, está más pendiente del resultado que de disfrutar, reacciona exageradamente en la victoria y en la derrota y valora sus resultados en términos de todo o nada, puede tener problemas de baja autoestima, estrés y poca tolerancia a la frustración.

Así conviene actuar

Para evitarlo, conviene poner en práctica estas pautas.

- Repítele a menudo que no es necesario ser el primero para disfrutar.
- Premia el esfuerzo y la dedicación: son tan valiosos como el resultado.
- Entre el sobresaliente y el suspenso hay notas intermedias: elógialas y enseña al niño a valorarlas.
- Evita comentarios como: “está bien, pero sería mejor...”. Acentúan su tendencia al perfeccionismo.
- Enséñale a buscar la mejora en sus tareas, no la perfección. El deseo de mejorar es algo muy positivo; la necesidad de ser perfecto, no.
- Demuéstrale (con palabras, pero también con actos) que equivocarse no es una tragedia, sino una oportunidad para aprender y avanzar.  
- Revisa tu nivel personal de autocrítica, objetivos y expectativas. Los niños copian el estilo familiar.

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Hay que motivar, no presionar

Ya sabes que el niño quiere siempre satisfacer a sus adultos de referencia, en especial padres y maestros.

Depende de ellos y teme que dejen de quererle. Se esmera en portarse bien para asegurarse su amor, pero también porque percibe con nitidez sus expectativas y no quiere defraudarlos.

Hasta cumplir los 6 años, tu hijo está en la “etapa egocéntrica”: todavía no está capacitado para situarse en un plano de igualdad respecto a los otros y tiene dificultad para aceptar que las cosas no sean como él desea.

Por eso hay que enseñarle a admitir las derrotas y evitar educarle en la idea de que tiene que destacar en todo.

Unos consejos importantes

- Acéptale tal como es; con sus cualidades, habilidades y destrezas. Así le transmites seguridad y confianza.
- Motívale para que explore el mundo y aprenda a su ritmo, sin forzarle ni agobiarle.
- Procura estar muy pendiente de sus sentimientos, emociones y pensamientos y anímale a expresarlos.

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Elogiar en lugar de descalificar

Debemos reconocer también que muchas veces nuestros comentarios tienden a descalificar: “eres un vago”, “pareces tonto”, “no seas bruto”... 

Lo hacemos sin darnos cuenta, pero lo cierto es que “etiquetamos” al niño en vez de a la conducta que queremos mejorar.

Y así lo que conseguimos es reforzar lo que criticamos, porque el niño se cree al pie de la letra lo que escucha a sus padres y se comporta como dicen que es; así funciona su esquema mental.

Unas pautas eficaces

- Cambia los mensajes anteriores por otros que le indiquen cómo debe comportarse. Di: “tienes que ayudarme a recoger tu cuarto”, “deja de hacer el tonto” o “no puedes pegar a otros niños”.
- No te fijes sólo en lo que hace mal. ¡Hace muchas cosas bien! ¡Elógialas!
- Tu hijo debe saber que tu amor por él está muy por encima de su comportamiento. Demuéstraselo cada día.

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Competitivo, en su justa medida

Para desarrollar en tu hijo una competitividad sana puedes aplicar varias ideas.

La primera de ellas, y la base de todas, es aceptarle como es, no como querrías que fuese.

Y además...

- Ayúdale a flexibilizar las exigencias; fija metas realistas en su día a día.
- Refuerza las áreas en las que muestre desventaja y evita compararle con otros.
- Edúcale en el esfuerzo y en el disfrute de la tarea, al margen de los resultados.
- Enséñale a manejar los errores; son oportunidades para aprender y crecer.
- Fomenta en él actitudes de ayuda a los demás, tolerancia y colaboración.
- Demuéstrale que cuenta con tu cariño y aceptación independientemente del resultado de sus acciones.

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Comparar no es bueno

Comparar al niño con otros (hermanos o amigos de su clase) puede entorpecer las buenas relaciones. Tenlo en cuenta cuando hables con él.

Dos ejemplos

- En lugar de decirle: “lo has hecho mejor que él”, dile “¡qué bien lo has hecho!”. De este modo le enseñas a medir sus logros en base a su propia satisfacción, no contra el éxito de otras personas.
- Dile “tienes que portarte un poco mejor”, en vez de “a ver si te portas tan bien como tu hermana”. Si no, pensará que a él le quieres menos y a ella la verá como a una rival.

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