“El rol de padres demanda saber poner límites”

Experta en liderazgo y comunicación y entrenadora de líderes, nos explica cómo podemos serlo los padres al educar a los hijos: dirigiendo, comunicando, motivando... y poniendo límites.
(Ver esta entrevista en vídeo.)

 

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Las dudas de los padres

Experta en liderazgo y comunicación, Helena conduce en Vaughan TV los programas “El rincón de Helena” y “Escuela de padres”, éste también en radio (diario, 16.30 a 17.30 h) y escribe libros de psicología positiva ("Nadal, pasión y coraje", "Inteligencia creadora" o "Mario y el pijama mágico"…). Hoy nos da las claves para educar a los hijos, motivándolos y aprendiendo a ponerles límites.

¿Qué tipo de dudas te plantean los padres en tus programas de radio y televisión?

De todo tipo. Desde qué hacer para que un niño de 2 años se estimule más, juegue mejor y se pueda fomentar su creatividad, hasta cómo conseguir que un adolescente deje de estar enganchado al teléfono móvil. Muchas tratan sobre cómo mejorar la comunicación con los hijos, o ejercer la autoridad... Pero, fíjate, yo creo que en la mayoría de las preguntas vienen encubiertas dudas relativas a su propio desarrollo personal: qué puedo hacer yo para mejorar como padre y como persona y así poder equilibrar mejor mi entorno.

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¿Cree que educar a los hijos es más difícil que antes?

No necesariamente, pero cada época exige un estilo educativo y ahora estamos en un extremo: muchos provenimos de una educación un poquito autoritaria y hemos pasado, quizá, a demasiada permisividad.

En mi opinión, el rol de padres demanda saber poner límites. Pero límite es una palabra que a veces da miedo, algunos padres piensan que si se los ponen a sus hijos ellos les van a querer menos, cuando es todo lo contrario: el límite es un gran acto de amor, un niño que no tiene reglas crece confundido, disperso, y con la añoranza de que “ojalá mis padres me hubiesen dicho cuál era mi terreno de juego, mi demarcación, para saber dónde moverme”.

Los niños que no tienen límites los piden a gritos. De hecho, a veces muestran comportamientos un poco exagerados, con los que en realidad están pidiendo a sus padres que les miren, les escuchen y les hagan caso. Y esto es algo importante de cara a tener un desarrollo sano en el mundo adulto. Creo que “límite” es la palabra clave en la educación de este tercer milenio. Combinado con otros elementos, por supuesto.

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¿Qué errores solemos cometer los padres al educar?

Yo opino que no se puede hablar de errores, pienso que los padres lo hacen de la mejor manera que saben. Esto es algo que tenemos que entender nosotros de nuestros propios padres, y que nuestros hijos deberían empezar a entender de nosotros.

El error, si usamos esa palabra desde un punto de vista sano, es no romper eslabones. ¿A qué me refiero? A repetir los mismos patrones que nos hicieron sufrir cuando éramos niños. De lo que se trata es de pararse a decidir qué tipo de persona quiero ser y qué estilo de educación y liderazgo quiero trasladar o irradiar al mundo. De pensar ¿qué me hizo a mí sufrir?, ¿qué heridas tengo? Me paro, las analizo, las identifico, trato de resolverlas y desde ahí me recompongo y me renuevo para ser una persona diferente, transformada...

Y, desde luego, de apalancarse bien apalancado en el papel de padre. No somos amigos de nuestros hijos, ellos eligen a sus amigos y debe ser así. Tampoco tienen que vivir la vida que nosotros no logramos vivir, eso se llama trasladar la frustración a las generaciones venideras. Y debemos también aprender a respetar que ellos tomen sus propias decisiones, siempre bajo el paraguas de los límites.

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¿Deberíamos emplear los padres técnicas de "coach"?

Es verdad que los padres ahora intentamos ser más asertivos, más sensibles al mundo emocional, que antes se había tapado. Y que mediante las preguntas, que es la gran herramienta de las técnicas de “coaching”, logramos que los niños dejen salir lo que les inquieta y puedan dar nombre a sus emociones. Todo lo que sea así, bienvenido.

Pero de ahí a convertirnos en “coach” de nuestros hijos..., eso sería, de alguna manera, pervertir una relación que tiene que ser mucho más natural.

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¿Es mejor decir al niño "ve despacio" en lugar de "no corras"?

Bueno, dicen que el cerebro traduce todo en imágenes y en símbolos. Y, claro, la palabra “no” es complicado traducirla a un lenguaje de imagen. Cuando tú dices a alguien: “no corras”, lo primero que recoge su cerebro es la instrucción de correr. Son formas de hablar. Y yo creo que aquí sí tenemos que hacer un esfuerzo, porque el lenguaje es el mapa de lo que pensamos y las emociones salen de los pensamientos. A través del lenguaje podemos trasladar a los niños miedos, complejos, frustraciones, fobias...

O todo lo contrario: podemos motivarlos y podemos tener un lenguaje mucho más asertivo, más claro, en el sentido de que el niño se dé cuenta de que tiene una responsabilidad grande dentro de su ámbito de actuación. “Ve despacio”, esa frase que acabas de rescatar, es lenguaje asertivo, es comunicativo y, desde luego, es mucho más directo y mucho más “sensible”.

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¿Los tres primeros años son tan determinantes como dicen?

Bueno, de 0 a 7 años. Ahí se dice que queda escrito todo lo que somos, todas nuestras creencias, nuestros patrones... De 0 a 3 es una época en la que hay muchísimos cambios. Fíjate que a los 2 años el niño reivindica quién es ante el mundo, quiere decidir, quiere ser alguien independiente del resto y por lo tanto dice “no”, “esto es mío”, no quiere compartir... Es decir, el sentido de la pertenencia, de la propiedad y el de la identidad se forjan mucho durante estas edades. Eso es algo sanísimo para el desarrollo de adulto. 

De 0 a 3 años es también un periodo de mucha estimulación, creatividad y exploración. Con cosas simples. El hecho de tener una botella de plástico, con un cierre seguro, y llenarla de piedrecitas para que el niño pueda jugar a hacer ruido, a rodarla, bajo nuestra supervisión... enriquece su mundo muchísimo. Es decir, hay divertimentos y juguetes sencillos que tienen más poder educativo que las nuevas tecnologías. Sin demonizarlas, claro: son fantásticas, pero hay que recuperar las bases.

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"Mario y el pijama mágico" es más qué un libro. ¿Cómo funciona?

Es una novela para niños y es una herramienta para educar en valores. La escribí en modo dual. El niño lee cada capítulo, en español y en inglés (hay audio), y éste lleva implícito un mensaje. Y luego hay un desarrollo, con actividades, para que los padres o el profesor trabajen con ellos en ese valor. Y sí, funciona.

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En definitiva, ¿qué es lo esencial para educar?

Querer al niño. Pero ese amor comienza por el amor a uno mismo. Si tenemos esas heriditas que nos hicieron mucho daño de pequeños, nos convertiremos en adultos que tratan de buscar aquello que no sintieron en su infancia. Hay que recordar que el padre (o la madre) no ve al hijo, ve a una proyección suya de cuando era niño.

Por eso debemos trabajar en curar esas heridas. Para educar te tienes que querer a ti y luego, desde ahí, irradiar ese amor a los demás.

(Para saber más sobre Helena López-Casares: www.helenalopezcasares.com)

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