Cómo lograr que tu hijo te obedezca

La excesiva permisividad con los hijos hace de ellos niños inseguros e infelices. La clave de su felicidad radica en darles pautas y enseñarles a respetarlas. ¿Cómo lograrlo?

 

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Con tiempo y paciencia, todo llega

Últimamente los problemas de obediencia van en aumento, y el término "niño tirano" se utiliza cada vez más a menudo. Es cierto que enseñar a obedecer a los hijos es complicado, pero también lo es que, si no les ponemos unos límites, los niños no aprenden a confiar en sus capacidades y crecen sintiéndose desorientados, poco queridos, inseguros... La hiperprotección les impide acatar normas y entender que sus derechos y deseos tienen que armonizarse con los de los demás.

Enseñar obediencia requiere tiempo y mucha paciencia por parte de los padres. La base para conseguirlo con tu hijo la asentarás a lo largo de su primer año, cuidándole con esmero, consolándole cuando llora, dándole la toma cuando tiene hambre... así él descubrirá lo importante que es para ti y se sentirá seguro. Poco a poco, a medida que vayan pasando los meses, llegarán las primeras normas, que le enseñarás más fácilmente si sigues varias pautas. Así lograrás que te haga caso.

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Háblale mirándole a los ojos y sin interrogativas

Para lograr su atención cuando esté entretenido y conseguir que te haga caso, acércate a él, tócale un hombro o cógele de la mano, mírale fijamente a los ojos y dile con voz firme y cariñosa al mismo tiempo lo que quieres (por ej. “¡nos vamos!”). No uses frases interrogativas, sino afirmaciones (entre el primer y el tercer año tu hijo está en la fase del descubrimiento del "yo" y se opone a todas las órdenes para afianzar su incipiente personalidad).

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Explícale el porqué de tu petición

A tu hijo le será más fácil obedecerte si entiende el motivo. La razón siempre debe ser verdadera, no le des una falsa para que te obedezca o terminará por no creerte. Tu mensaje ha de desprender suficiente autoridad. Sé muy comprensiva y ten mucha paciencia.

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Tus “no” han de ser “no” siempre

Recuerda que tus “no” han de serlo siempre,en todo momento y circunstancia. Debes ser perseverante e insistir en tu negativa aunque estéis cansados, tengáis poco tiempo... La repetición de las normas debe ser una constante en el día a día, sobre todo entre los 12 y los 30 meses, para que poco a poco vaya interiorizándolas y las acepte como parte de una rutina.

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Aplica consecuencias

Una norma que suele funcionar bien es aplicar una consecuencia después de dos avisos. Si le demuestras que cuando no obedece pasa algo, te prestará más atención e irá aprendiendo a obedecerte. Recuerda, eso sí, que las consecuencias deben llevarse a cabo justo después de la desobediencia, no vale esperar al día siguiente porque el niño no unirá ambos conceptos. Y que, además, deben ser proporcionales a su actitud y a su edad.

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Convéncete: los límites son necesarios

Si no lo tienes claro, no podrás transmitírselo a tu hijo. Todos los niños necesitan límites porque le dan seguridad. Y, consecuentemente, no todo es negociable.

Está bien explicar al niño la razón de tu no y enseñarle a razonar, a dar argumentos para convencerte... Pero sin olvidar que la última palabra la tienes tú, y que es bueno que sea así. Sentir que sus padres deciden por él le tranquiliza.

Entrénate para actuar con más autoridad. Esto no implica hablar a voces, sino con una actitud más decidida.

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Aguanta sus rabietas con calma

Las rabietas, normales entre los 18 y 36 meses, son una manera que tiene el niño de expresar sus sentimientos de frustración, puesto que aún no sabe expresarlos bien mediante las palabras. Cuando te enfrentes a una mantén la calma y actúa con cariño pero con firmeza. Así tu hijo irá viendo que su actitud no tiene ningún resultado positivo y poco a poco, con tu ayuda, irá descubriendo otras maneras de expresar sus deseos y su frustración.

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Enséñale a tener paciencia

Entre el primer y el segundo año, tu hijo vivirá muchas frustraciones, porque le prohibirás cosas o porque le harás esperar. En el segundo caso, la razón de su enfado es que para él no es fácil entender por qué te comportas así, porque aún no conoce la diferencia entre ahora y después.

Acostúmbrale a pequeñas esperas para conseguir cosas y demuéstrale que a veces esperar tiene un buen resultado, como conseguir algo mejor de lo que podía obtener al principio.

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Procura cumplir las promesas

Evita prometer a tu hijo cosas que a priori sabes que no podrás cumplir, porque lo único que conseguirás es que no sepa qué puede esperar realmente y pierda la confianza y la seguridad.

Es mejor que hagas pocas promesas, pero posibles, porque esto le facilitará la obediencia; sabrá que puede contar contigo y se conformará antes.

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Establece una distancia

En las situaciones en las que sientes que vas a perder los nervios, haz una pausa y crea distancia entre vosotros. Una buena forma de hacerlo puede ser cogerle de la mano y llevarle al pasillo o a la “silla de pensar” (un minuto por cada año de edad o la medida será contraproducente). Este truco de la pausa obligada os permitirá relajaros un poco a los dos y ver las cosas con más calma antes de actuar.

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Por qué le cuesta obedecer

Existen factores propios de la evolución del niño que hacen que le cueste obedecer. Veamos cuáles son las posibles razones que pueden llevarle a ello:

-  Obedecer es frustrante para el pequeño. Debe dejar su juego, posponer su deseo y someterse a la voluntad de sus padres justo cuando empieza a descubrir la suya.
-  Le cuesta cambiar de situación. Si está jugando en la bañera o en el parque, no le apetecerá parar para que le pongas el pijama o para que volváis a casa.
-  Tiene más ganas de explorar que de obedecer. Siente una gran necesidad de tocar y de explorar lo que le rodea, ya que todo le resulta interesante: la tele, el bolso de mamá, el cubo de la basura...
-  Teme separarse de sus padres. Por ello no quiere irse a la cama, ni asistir a la guardería ni quedarse con la canguro.
-  Le asusta lo desconocido. De ahí que no pruebe la comida que tiene un aspecto u olor diferente al habitual.
-  No entiende lo que esperamos de él. Hay que ir muy poco a poco. Hacerle varias peticiones juntas, le abruma tanto que sólo recuerda la última.

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El carácter es un factor clave

La estrategia para conseguir que tu hijo sea más obediente también debe adaptarse a su carácter, así será más eficaz.

- El niño con temperamento fuerte. Necesita que le expliques el porqué de las normas, que le dejes un margen para su autodeterminación y que no dudes cuando le hables.
- El niño hiperactivo. Le cuesta prestar atención y pensar antes de actuar. Necesita un entorno tranquilo y normas claras y constantes. Le ayudan las pegatinas que le recuerdan dónde debe guardar sus juguetes, que tiene que lavarse las manos antes de comer, que debe cepillarse los dientes después de cenar, etc.
- El niño irritable. Busca un modo de sosegarle y a continuación dale pocas órdenes, pero muy precisas.
- El niño muy obediente. No es necesario exigirle mucho, porque se esmera en ser bueno. Hazle saber lo contenta que estás con él, para que se sienta querido.

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