Celos del niño: aprovéchalos para educarle

Casi todos los niños manifiestan celos cuando nace el hermanito. Es algo normal y es incluso necesario para su madurez emocional. Descubre por qué y cómo puedes actuar.

 

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Entenderlos, aceptarlos y ayudarle a superarlos

Los celos nacen del deseo del niño de ser querido por sus padres de un modo exclusivo.

Vuestro hijo lo recibe todo de vosotros, no sólo alimento y protección, sino también una ayuda en su búsqueda de su propia identidad y mérito. Esto crea un sentimiento de exclusividad muy fuerte.

Y cuando descubre que existe “alguien más” con quien debe compartiros (cuando un nuevo bebé llega a la familia), aparecen la tristeza y la inseguridad.  

En las siguientes páginas descubrirás cómo se manifiestan, por qué pueden ser beneficiosos, cómo actuar ante sus comportamientos de celos, qué podemos hacer para ayudar al niño celoso y en qué casos hay que prestar mayor atención o buscar otras soluciones.

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Llamadas de atención

El niño no sabe decir que siente celos (ni siquiera sabe que los siente). Lo demuestra con conductas como llorar por todo, mostrarse exigente,  retroceder en su desarrollo (pedir de nuevo el chupete, hacerse pis, etc.), desobedecer o preguntaros cuándo vais a devolver al bebé.

Este tipo de actitudes no son más que llamadas de atención, maneras de decir: “¡Eh, papás, que estoy aquí! ¿Es que no me veis?”.

Suelen darse a partir de los 15 meses, cuando el niño ya es capaz de percatarse de forma “consciente” de que ha dejado de ser el centro de atención, sensación que se refuerza entre los 2 y 3 años.

Generalmente, a partir de los 4 años el pequeño tiene más capacidad para sobrellevar la llegada de un hermano, aunque siempre pasará por momentos de celos.

Y también los sentirá cuando su amigo juegue con otro, cuando piense que la maestra no le presta suficiente atención... ¡A diario hay muchos motivos para sentirse celoso!

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Pueden ser beneficiosos

Que vuestro niño experimente este sentimiento es algo normal. Y, bien conducido, puede aportarle beneficios.

Por ejemplo, los celos le enseñan qué es lo que desea tener o aprender a hacer, como montar en bici igual que su amigo. En este sentido, le ayudan a conocerse y a dedicar energía a conseguir lo que quiere.

Además, los celos (expresados y reconocidos como tales) le enseñan que a veces debe esperar y que no todo es para él; lo aprenderá con vuestra ayuda.

Y, por último, cuando surgen entre los hermanos, si los padres saben manejarlos de un modo correcto favorecen que se forje entre ellos una relación profunda. ¿Cómo lograrlo?

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Es esencial aceptarlos

El primer paso para ayudar a un niño con celos es considerarlos una señal positiva, que indica qué es lo que quiere. Como decía D. Winnicott, psicólogo inglés: “Los celos son buenos porque nacen del amor. Si el niño fuera incapaz de amar, no los sentiría”.

Por ejemplo, vuestro hijo desea vuestro amor exclusivo. Y como los celos incluyen también una sensación de amenaza e inseguridad (“¿Y si quieren más al bebé que a mí?”), al aceptarlos y no exigirle un amor inmediato, le facilitáis la situación al tiempo que le ponéis límites. “Entiendo que no te gusta compartirme, pero no debes pegar al bebé. Ya sabes que os quiero mucho a los dos”.

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Y ponerse en su lugar

Si vuestro hijo le quita un juguete a su hermano, probablemente vuestra primera reacción sea enfadaros. Pero con ello reforzáis su idea (“mamá quiere más al bebé”), y aumentan sus celos.

Pensad que es lógico que le cueste ceder espacio a un “intruso” y corregidle de otro modo: “Sé que quieres el juguete. ¿Por qué no le das otro para que se distraiga y lo coges luego?”. Si lo hace, elogiadle.

Además, tened presente que existen maneras de anticiparos a los celos de vuestro hijo. Por ejemplo si sabéis que se va a dar una situación difícil para él, como ver que viene gente a visitar a su hermano, para prevenir podéis proponerle alguna tarea: enseñar al bebé, abrir los regalos, etc. Le hará sentirse importante y “mayor”.

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Palabras para nombrarlos

Tener celos es una sensación confusa para el niño y esto hace que le cueste manejarlos. Necesita que vosotros le expliquéis qué siente y le deis una palabra para nombrarlos.

Así, si después de tener visitas en casa el niño coge una rabieta porque quiere regalos igual que el bebé, cogedle en brazos y habladle: “Estás enfadado porque él ha tenido un montón de regalos, ¿verdad? Lo entiendo. Lo que sientes son celos”. Seguramente se calmará.

La razón es que dar palabras a las emociones tiene un efecto tranquilizador: los estudios demuestran que así se tiende un puente entre dos sistemas neurológicos, la comunicación verbal y la no-verbal, y que esto provoca que las emociones pierdan el aspecto amenazador.

Del mismo modo, hablar sobre sus sentimientos y dejar que se exprese sin criticarle, aunque exprese algo negativo, le ayuda a elaborar la situación y, con tu ayuda, a reflexionar sobre los aspectos positivos.

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Seis maneras de ayudarle

- El “ratito” con mamá. Una buena idea es que mamá dedique todos los días unos 15 o 20 minutos a estar con el mayor a solas, hablando o jugando a algo que le guste.  
- Y con papá. También hay que instaurarlo, para fomentar su vínculo.
- Fiesta de “cumplemés”: Organizad una pequeña celebración con amigos del mayor cuando el bebé cumpla 1 mes. Él será el protagonista: apagará la vela, repartirá la tarta...
- Dadle un muñeco para que pueda expresar sus deseos (hacer desaparecer al bebé, por ejemplo).
- Permitidle ser bebé. Es lógico que tenga algún retroceso; no le regañéis y pronto lo superará.
- Dejad que os “ayude” a cuidar al bebé. Aprenderá a conocerle y a quererle.

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¿En qué casos son excesivos?

Por último, algo importante: saber diferenciar los celos normales de los que son preocupantes. Por ejemplo, es normal que el niño se muestre alguna vez celoso, que lo haga sobre todo en momentos especiales (un cumpleaños, el bautizo...), y que tenga reacciones de llanto, tristeza... que no sean excesivas. Pero si muestra actitudes como las que describimos a continuación, conviene descubrir qué está ocurriendo.

Prestad atención...

Si el niño dice con frecuencia que queréis más a su hermano, si muestra reacciones de celos cada día o varias veces por semana, si pregunta a menudo si le queréis... Conviene que liberéis tiempo para estar con él a solas.

Es preocupante...

Que casi a diario tenga un arrebato de celos, que se rebele mucho, que muestre reacciones excesivas por nimiedades. Averiguad qué puede estar causando esta reacción y si la situación perdura, buscad ayuda.

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