2-4 años: ¿cómo actúo ante sus rabietas?

Entre los 2 y los 4 años casi todos los niños tienen rabietas. ¿A qué se deben y cómo podemos aprovecharlas para educar a nuestro hijo?

 

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La primera adolescencia

Salvo raras excepciones, todos los niños entre 2 y 4 años pasan por una etapa más o menos larga de rabietas, en la que lloran, gritna y patalean ante el menor contratiempo. Sus ataques desproporcionados de rabia pueden prolongarse durante media hora y repetirse un par de veces al día, lo que hace que los padres acaben agotados y desmoralizados.

¿Sabes de qué hablamos? Para mejorar la convivencia diaria con tu pequeño, tan importante es que conozcas los motivos que le llevan a comportarse así, como las maneras más acertadas de afrontarlos.

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Tres razones para sus rabietas

Tu hijo ha dejado de ser un bebé grande para convertirse en una niña o un niño pequeño que ya no te necesita tanto: se desplaza de forma autónoma, come solo... Esto le produce una sensación de poder que le encanta, pero que le lleva a confundirse: cree que la manera de reafirmar su personalidad es oponiéndose a todo lo que le dices. Además, ahora te ve como alguien que le marca límites y le prohíbe hacer lo que se le antoja.

A este cúmulo de sentimientos se une que aún no maneja el lenguaje lo bastante bien como para poder expresar con palabras sus vivencias internas. Por eso, en lugar de decir “estoy enfadado” o “no me apetece lo que me pides”, opta por los gritos y el pataleo.

La tercera razón de las rabietas infantiles es la intolerancia de los pequeños a la frustración: no pueden soportar que algo que se han propuesto les salga mal.

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Pautas de actuación ante una rabieta

Ante una rabieta, aplica estas técnicas (no todas funcionan con todos los niños, tendrás que probar al menos un par de veces hasta ver cuál es la más efectiva con tu pequeño).

- Quedarte a su lado, evitando que se golpee con algo. Si esperas así a que se calme, le harás ver que te interesa lo que le pasa, pero que no vas a ceder ante su pataleta.
- Hablarle con calma y firmeza. Cógele por los hombros, mírale a los ojos y dile en tono cariñoso pero firme: “así no”. Le convencerá de que hablas en serio y le recordará que le sigues queriendo, lo que le ayudará a calmarse.
- Cambiarle de entorno. Por ejemplo, si no logras sacarle de la piscina y lleva mucho tiempo en remojo, llévatelo a otra zona donde hay unos niños jugando al fútbol. Verlos le hará olvidarse del agua... y de la rabieta.
- Utilizar la “pausa obligada”. Llévale unos instantes a una zona alejada de todos (un minuto por cada año de edad), donde no pueda hacerse daño, para que se desahogue, se vaya calmando y, por último, reflexione sobre su actitud.
- No intentar razonar con él durante la rabieta. No te escuchará y os pondréis más nerviosos. Y, eso sí, una vez que se haya calmado, abrázale o acaríciale y emprended juntos una actividad que le guste.

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Hay niños más propensos a sufrirlas

Algunos pequeños son más propensos a enrabietarse y a prolongar esta manera de reaccionar más allá de los 4 años.

- Los niños más que las niñas.
- Los pequeños a los que no se les ponen límites nunca.
- Los que están pasando por una situación difícil, como el divorcio de sus padres, el inicio del cole....
- Los niños muy perfeccionistas, que se frustran ante cualquier fallo.

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El lado positivo de las rabietas

Los especialistas coinciden en que las rabietas son muy positivas para el desarrollo de los niños.

- Les ayudan a liberar la tensión que han acumulado a lo largo del día, lo que se traduce en una posterior sensación de calma y de relajación.
- Son una manifestación de que están madurando, tienen sus propias opiniones y quieren imponerlas.
- Demuestran que los niños se están independizando de sus progenitores psicológicamente, algo imprescindible para que puedan crecer a todos los niveles.
- Indican que han establecido un apego sano con sus padres. Si no estuvieran seguros de su amor, no se enrabietarían tanto con ellos.

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