Celos del niño cuando llega un bebé

Los celos fraternos constituyen uno de los sentimientos más enjuiciados en el niño pero, si se enfocan bien, pueden favorecer el desarrollo emocional del pequeño.

 

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Prevenir desde el principio

Una de las mejores maneras de evitar que el hijo sufra por celos es prepararle desde el embarazo. Así podrá ir asumiendo con mayor naturalidad este gran cambio que se va a producir en su vida.

- Cuéntale que estás embarazada. Díselo antes que a personas ajenas a la familia. Si se entera por otros creerá que hay algo que quieres ocultarle. Y háblale del tema con naturalidad.
- Implícale. Deja que participe en los preparativos para la llegada del bebé. Pregúntale qué nombre le gustaría ponerle, qué color elegiría para su habitación... Si tienes en cuenta su opinión se sentirá mayor.
- Háblale de su hermano. Enséñale todas las ecografías, libros en los que vea cómo crece un bebé... Dile que ponga su mano en tu tripa y que hable al hermanito.
- No dejes de informarle. Cuando ya falte poco para el parto, avísale de que vas a estar fuera unos días y explícale bien con quién se quedará.
- Cuida tu llegada. El día que vuelvas a casa, deja que sea tu pareja quien lleve en brazos al recién nacido. Así podrás abrazar a tu hijo mayor antes que a nadie y se sentirá muy querido. Luego preséntale a su hermano y dile que como aún no sabe hacer nada él, que es “mayor”, tiene que enseñarle muchas cosas.
- Avisa a las visitas. Pídeles que cuando vayan a casa para conocer al bebé, saluden primero al niño mayor y le traigan un detalle.

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Los celos están permitidos

Clara, de 4 años, adora a su hermanito Adrián, de 8 meses.

Sin embargo, se enfada cuando su mamá no puede jugar con ella porque está dando de comer al bebé o tiene que acostarlo.

Entonces su madre intenta dar protagonismo a la niña, le explica que sigue queriéndola igual que antes... Pero Clara se abraza a su peluche y no habla.

En el fondo subyace algo esencial: sus padres piensan que los celos de la niña son negativos y cada vez que reaccionan ante su actitud, inconscientemente le envían el mensaje de que está actuando de forma incorrecta.

Así, la idea que percibe Clara es que los celos son un sentimiento que no hay que tener.

Sin embargo, pretender esto es utópico, sobre todo en niños menores de 7 u 8 años, que no poseen la madurez necesaria para aceptar al recién llegado como un compañero en lugar de como un rival.

Al fin y al cabo, todos los niños necesitan saber que los adultos con los que tienen una relación emocional los quieren y están pendientes de sus necesidades. Y un hermano resta encuentros afectivos con papá y mamá, los abuelos, los tíos...

Así que pedir al pequeño que no sienta celos es como impedirle que sea él mismo y que se implique en las relaciones que más le importan.

Pero entonces, si los celos son algo natural en la mayoría de los niños, ¿hay que limitarse a aceptarlos, sin más? La respuesta no es tan sencilla, porque la clave no está en este sentimiento, sino en el modo en que lo vive el pequeño y en la forma en que le afecta.

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Ejemplos de cómo se muestran los celos

Manuela, de 3 años, desde que nació su hermanita no pierde de vista a su madre y tiene rabietas a menudo.

Sus papás piensan que es demasiado posesiva, pero lo cierto es que la llegada del bebé ha coincidido con una etapa de gran dependencia emocional de Manuela, típica de esta edad en la que todos los niños se debaten entre sus deseos de explorar el mundo y el temor a separarse de su mamá.

Así que, en su caso, los celos son una forma de asegurarse de que, si se aleja de su madre para investigar, ella va a estar siempre ahí para protegerla.

Y lo bueno es que si su mamá sabe comprender por qué actúa así y le demuestra que sigue a su lado, aunque haya nacido el bebé, se reforzará el vínculo entre ellas y la niña ganará confianza y seguridad, lo que será muy positivo para su crecimiento.

Otro caso diferente es el de Gerardo, de 5 años. Está siempre pendiente de su hermana Laura, se empeña en darle de comer, la “vigila” para ver si llora... Y a menudo le pregunta a su madre: “¿verdad que te ayudo mucho con el bebé?”.

Gerardo tiene celos de su hermana, pero esta emoción le lleva a implicarse más en su cuidado y se traduce en actitudes de afecto, contención, autocontrol...

Es un sentimiento beneficioso, siempre que no lleve al niño a angustiarse cuando el bebé llora o a enfadarse si alguien lo coge.

En los dos casos anteriores, los celos forman parte de la evolución del hijo e indican que está aprendiendo a convivir y a compartir, lo cual es positivo.

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Ideas para favorecer el vínculo entre hermanos

Aun así, debemos cuidar nuestra forma de actuar, para que el niño se sienta querido:

- Aprovecha cualquier ocasión para demostrar a tu hijo mayor lo mucho que le quieres. Dale “abrazos mágicos” y dedícale más tiempo de calidad.
- Refuérzale con frases positivas cuando tenga en cuenta su bienestar y el de su hermano: “¡Cuánto os estáis divirtiendo! Me encanta que le hagas reír”.
- Habla siempre en términos de nosotros, no de yo: “Queremos mucho a este pequeñajo, ¿verdad?”, en lugar de “quiero mucho a este pequeñajo”.
- Permite que participe activamente en el cuidado del bebé. Pídele que te ayude a elegir las sábanas de la cuna y encárgale “misiones” que solo puede hacer él, como sujetar la toalla mientras bañas al pequeño.
- Si reclama tu atención en un momento en el que no puedes dejar al bebé, explícaselo dándole una alternativa: “Ahora tiene que comer el bebé. ¿Por qué no le cantas hasta que acabe y después jugamos juntos?
- Cread un libro de familia en el que escribáis ideas, anécdotas... Deja para tu hijo un apartado titulado “Soy el hermano mayor” y anímale a que haga dibujos y pegue fotos en las que ambos aparezcan juntos.

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Evita que el pequeño tenga celos

A medida que el bebé vaya creciendo conviene poner en práctica más ideas, para favorecer el vínculo entre los hermanos y evitar que el pequeño tenga celos:

- Deja que el mayor enseñe a su hermanito a hacer alguna cosa, o que le ayude si no logra algo. Y no los interrumpas cuando estén divirtiéndose. Al revés, fomenta una relación basada en el placer de estar juntos.
- Dedica un rato individual a cada uno, para que ambos tengan momentos de intimidad contigo.
- Ayuda a los dos a mantener su personalidad. Demuéstrales las ventajas de ser el mayor o el menor en cada caso, e impide que uno invada el espacio del otro (no lleves al pequeño al cumpleaños de un amigo del mayor, por ejemplo). Y deja que cada uno tenga un juguete “propio”. Aprender a compartir es importante, pero la no diferenciación y tener todo en común, en lugar de prevenir los celos, los aumenta.

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Cuando los celos son negativos...

Sin embargo, en ocasiones los celos son excesivos, van acompañados de crisis de angustia y hacen que el niño lo pase muy mal.

Hay pequeños que se retraen o se vuelven muy rebeldes; otros se aferran a conductas que les daban seguridad en el pasado, como chuparse el dedo; los hay que vuelven a mojar la cama por la noche o a tener pesadillas y miedos nocturnos...

Incluso hay primogénitos que intentan hacer daño a su hermanito y cuando sus padres les riñen por ello, se enfadan y se enrabietan.

Si tu hijo está pasando por esta situación es lógico que te sientas desbordada y cansada de su comportamiento, pero ten siempre presente que el que peor lo está pasando es él.

Así que, ante todo, evita hábitos negativos, como vigilarle constantemente, haciendo que se sienta observado, juzgar en todo momento lo que hace o utilizar recompensas excesivas (regalos, juguetes...) cuando no se muestra celoso.

Para ayudarle a superar su angustia, lo primero que puedes hacer es reducir al máximo las situaciones en las que el niño sea comparado en algún sentido con su hermano.

Además, pon en práctica estrategias dirigidas a reforzar su autoestima, como hacerle ver sus habilidades y reforzar sus logros (“eres muy bueno haciendo puzzles” o “¡qué bien combinas los colores en los dibujos!”).

También conviene que apliques las claves que te hemos dado antes para lograr que se sienta muy querido y gane confianza en sí mismo.

Así, poco a poco, gracias a tu paciencia, a tu ayuda y a tu cariño, tu hijo mayor irá descubriendo que la llegada del bebé no le ha quitado su espacio, el pequeño irá encontrando el suyo propio y los dos comprenderán que son para ti las personas más importantes del mundo.

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Actitudes que debemos evitar

En ocasiones, sin darnos cuenta, fomentamos la rivalidad y los celos entre nuestros hijos. Por eso conviene que estemos muy atentos a la manera en que les hablamos y que procuremos evitar actitudes como las siguientes:

- Tratar al mayor como si fuera un adulto. Por muy “mayor” que nos parezca sigue siendo un niño. No hay que exigirle más de lo que puede dar.
- Criticarle por estar celoso de su hermanito. Y hablar delante de él de los celos que siente. Si actuamos así pensará que el sentimiento que tiene no es bueno.
- Hacer comparaciones entre los dos niños. Comparar es malo para ambos. Para el hijo que queda mal, porque puede retraerse, pensar que él es peor en todo o buscar otra forma de llamar la atención, como comportarse de forma agresiva. Y para el que queda bien, porque fomentamos su egocentrismo. Por eso, cuando uno de los niños hace algo bien es mejor alabarlos a ambos: “¡Qué genial ha quedado tu dibujo, Mario. Me encanta que Alberto y tú pintéis tan bien!”.
- Mostrar preferencias. Hacerlo puede crear sentimientos de culpa en el niño ‘preferido’ y de inseguridad y tristeza en el otro hijo.

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