¿Crees que tu niño es hiperactivo?

Quizá lo sea, o quizá solo sea muy inquieto. Te contamos qué debes saber sobre el TDAH y cómo puedes actuar ante él.

 

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¿Qué es el TDAH?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) afecta a casi un 6% de los niños españoles. Son pequeños con problemas de atención, inquietud e impulsividad, conocidos popularmente como niños hiperactivos.

Este trastorno, que es más frecuente en los varones, no está considerado una enfermedad: “Los niños hiperactivos son niños sanos, no están enfermos”, afirma Petra Sánchez Mascaraque, médico adjunto del Departamento de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid.

¿Cómo se siente el niño?

La raíz del problema se encuentra en su cerebro, en una disfunción de los neurotransmisores (dopamina y noradrenalina), que les hace percibir muchos estímulos a la vez sin que puedan centrarse en ninguno. “No son capaces de discernir los estímulos importantes de los que no lo son”, explica la psiquiatra infantil.

Para hacernos una idea de cómo se sienten, imaginemos que estamos en una sala escuchando una conferencia y de repente alguien abre las ventanas que dan a la calle y oímos el ruido de los coches, al tiempo que otra persona pone una radio a todo volumen y otra se dedica a encender y apagar las luces. Con tantos estímulos será imposible que nos centremos en lo que explica el conferenciante. Pues esto es lo que le ocurre al hiperactivo, pero continuamente.

¿Cuál es la causa de este trastorno?

Hay varios factores que pueden originar el TDAH.

- Genético o hereditario. Dentro de una misma familia suelen encontrarse distintos miembros con el mismo problema.
- Factores prenatales y neonatales. Tienen más riesgo los hijos de madres que han fumado y tomado alcohol o drogas durante el embarazo, los bebés muy prematuros o con bajo peso al nacer (menos de 1,5 Kg) o los niños que hayan sufrido infecciones de recién nacidos (sepsis). “Cualquier cosa que haya ocasionado un daño cerebral en el bebé puede producir hiperactividad”, apunta Petra Sánchez.
- Ambiente en el que crecen. También es muy importante para acelerar o retrasar la aparición del problema en los niños predispuestos. “Las causas pueden ser genéticas o biológicas, pero los factores psicosociales también influyen en la aparición del TDAH”, explica la especialista.

¿Qué hacer ante la sospecha?

Es importante decir que siempre que los padres sospechen hiperactividad deben acudir al pediatra para que decida si envía o no al niño al especialista. El diagnóstico suelen realizarlo los psiquiatras infantiles, los neurólogos o los psicólogos infantiles.
Para ello no realizan pruebas objetivas, sino que se basan en un diagnóstico clínico: exploración y observación del pequeño, información de los padres y del colegio y evaluación e historia clínica.

¿Cuándo se puede diagnosticar?

Antes de los 6 años es complicado realizar un diagnóstico certero: “Un niño de 3 años puede parecer hiperactivo, pero este mismo niño, visto a los 6 años, ya no lo parece; tiene que haber una severidad importante en los síntomas para acudir con él al especialista”, aclara la psiquiatra infantil.

Para hacer el diagnóstico de hiperactividad hay que observar que el niño se comporta como hiperactivo al menos en dos lugares (colegio, casa, parque) y que la conducta se mantiene en el tiempo. “A veces un niño se comporta como un hiperactivo pero no lo es, y lo hace por la relación que tiene con los progenitores (padres muy permisivos que no ponen límites) o por situaciones que le alteran, como la llegada de un hermano, la separación de los padres, un cambio de domicilio o el inicio de la guardería”, indica la especialista.

¿En qué fijarse antes de los 6 años?

En todo caso, a modo de orientación, antes de que cumpla los 6 años puedes fijarte en varios posibles síntomas de hiperactividad:

- Inquietud motora excesiva. El pequeño se golpea siempre, se cae, se mete continuamente en situaciones de peligro... “Son niños impulsivos sin sentido, muy movidos pero sin intencionalidad clara en sus movimientos”, dice la especialista.
- Desobediencia extrema. Le hablas y no te hace caso nunca, es como si no te escuchara y debes repetir varias veces lo mismo.
- Falta de atención. No puede mantener la concentración en una tarea durante mucho tiempo, se cansa enseguida. Y no es capaz de estar sentado en clase como los demás, se levanta de la silla y no hace caso al profesor. “A estas edades la falta de atención no produce retraso en el aprendizaje, algo que sí ocurre a partir de los 6 años”, explica Petra Sánchez.
- Muy ruidoso. Habla y grita mucho, le cuesta estar callado. “Lo característico es que hablen mucho y algunos tienen retraso en el lenguaje y en la articulación del mismo”, apunta la psiquiatra.
- Agresividad llamativa. Tiene respuestas desproporcionadas (empuja, chilla, tira los juguetes u objetos...). Esto hace que los compañeros de clase lo rechacen.

¿Por qué le gustan tanto la tele y las tablets?

Estos pequeños tienen en común su atracción por la televisión, las tablets, las videoconsolas... Pueden estar largo tiempo quietos delante de la “tele”, por eso muchos padres suelen caer en el error de utilizarla como canguro. “La televisión y la videoconsola les proporcionan un sistema de recompensa inmediato, no son actividades aburridas para ellos. Pero hay que tener cuidado porque un exceso de ambas es peligroso en estos niños, ya que no les obliga a esforzar su atención sostenida en actividades que no les resultan gratificantes”, advierte la psiquiatra infantil.

¿Cómo se trata la hiperactividad?

Cuando se diagnostica el TDAH, lo primero que hace el especialista es aplicar técnicas de psicoeducación en los padres para enseñarles en qué consiste el problema y cómo deben tratar al niño.
Además, hay que hablar con el colegio para que los profesores lo tengan en cuenta y tomen medidas especiales (sentarle en la primera fila cerca del profesor, alejarle de la ventana o de estímulos que puedan distraerle, etc.).

Por último, si el pequeño presenta un trastorno grave, se le administran fármacos (mientras dura el tratamiento, el niño deberá acudir a controles con el especialista). Si padece hiperactividad leve o moderada, que no altera el rendimiento académico o no afecta a la relación con otros niños y a la armonía familiar, no necesitará fármacos. Basta con la ayuda en el colegio y con la psicoeducación de los padres.

¿Y cómo suele evolucionar?

Por regla general, con el paso de los años los síntomas de inquietud e impulsividad se atenúan, pero el déficit de atención suele permanecer. Hay niños que al llegar a la adolescencia mejoran y ya no necesitan fármacos, pero otros muchos siguen padeciendo el trastorno. “El niño hiperactivo tiene una alta probabilidad de ser un adulto hiperactivo”, dice la especialista. Y es que, según un estudio realizado en el Hospital Universitario de la Vall de Hebron, en Barcelona, existe relación entre un gen (Latrofilina 3) y la persistencia del trastorno en adultos.

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