Cómo contar un problema a un hijo

Sea cual sea su edad, no debe compartir tus preocupaciones. Facilítale sólo la información precisa para que pueda estar en el mundo seguro, sereno y confiado.

 

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Explica así al niño lo que ocurre

En los tiempos que corren es habitual que las cosas no siempre vayan como las habíamos planificado. Vivimos situaciones críticas que se nos escapan de las manos y que a menudo nos desbordan, y en esa inercia de descontrol nos cuesta pararnos a determinar qué hemos de comunicar a nuestros hijos y cómo tenemos que hacerlo.

La información necesaria

“Estamos preocupados porque a papá/mamá pueden echarle del trabajo. Pero ya verás cómo al final salimos adelante.” “No puedo comprarte eso, cariño, este mes vamos mal de dinero y aún hay que pagar el recibo de la casa, no sé cómo voy a hacerlo.”
Son ejemplos reales que revelan la dosis de información gratuita que damos a los niños. Descargamos en ellos inquietudes e insatisfacciones como si pudieran entendernos, sin darnos cuenta de que con ello les robamos parte de su frescura a cambio de nada.

¿Acaso puede aportar soluciones?

El mundo del niño es muy diferente al del adulto. Las cosas no significan lo mismo y ellos no procesan la información del modo en que lo hacemos nosotros. Por eso nuestras dudas y preocupaciones expresadas tal cual pueden traducirse para nuestros hijos en sentimientos de inseguridad y desconfianza.
Cuando debáis hacer partícipes a vuestro niño de alguna situación crítica, haced antes una reflexión: ¿para qué se lo cuento y qué es exactamente lo que necesita saber? Y cuidad que en la respuesta esté siempre contemplado su bienestar.

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Pautas para hablar del problema

El “cómo” decirlo está sujeto a circunstancias como la edad, el nivel madurativo y, en ocasiones, el sexo, si tiene o no hermanos, etc. Pero hay pautas acertadas para todos.

Hay que ser honestos y no engañarle

El niño ve lo que ocurre a su alrededor y necesita palabras que confirmen y orienten su observación. La mentira crea desconfianza.

Dosificad la información

Es mejor quedarse corto y ampliar si lo requiere, evitando en lo posible lo dramático. Y hacer pausas e interesarse por lo que piensa y siente.

Usad palabras que se entiendan

Y ejemplos sencillos que hagan referencia a su ámbito conocido. Siempre hay que darle una explicación razonable y asequible a su entendimiento, para que pueda establecer su propia composición mental y hacer frente a las preguntas de sus amigos o compañeros del cole.

Es fundamental dar un enfoque esperanzador

Se trata de una situación crítica pero no permanente. Transmitir ilusión y esperanza a nuestro hijo y dejarnos contagiar por la suya suele resultar de gran ayuda.Y a veces impide que nosotros mismos sucumbamos en las situaciones de crisis.

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Contarle que nos mudamos

Dejar su casa le supone perder la seguridad del entorno físico cotidiano. Sabe que deberá adaptarse a una nueva casa, colegio, amigos... Explícale los motivos, según su edad, y remarca siempre lo positivo del cambio.

Dejad que se exprese

Si es mayor protestará ante la noticia; es normal. Los más pequeños suelen sentirse inseguros al ver que se desmonta su habitación y se embalan sus cosas (imaginan que sus juguetes desaparecerán). Puede mostrar conductas regresivas que remitirán cuando se familiarice con lo nuevo. En todo caso, tenga la edad que tenga permitidle que exprese abiertamente sus sentimientos y responded a todas sus dudas, pero no le hagáis falsas promesas para contentarlo.

Apoyadle con cariño

Tenéis que intentar ayudarle en lo posible a familiarizarse con su nuevo lugar de residencia. Podéis hacerlo mediante cortas visitas, mostrándole las cosas que le interesen, y también con mapas, fotos, periódicos o vídeos.

Mostrad ilusión

Describid con ilusión todas las ventajas y oportunidades que ofrece para la familia el nuevo entorno. Y siempre tened muy en cuenta que cuanto mayor sea el niño, con más rebeldía reaccionará ante el traslado.
Ayudadle a recopilar direcciones y teléfonos de sus amigos y parientes para que pueda seguir en comunicación con ellos. También es muy buena idea sugerirle diferentes actividades a las que podrá incorporarse al llegar a su nuevo hogar.

Hacedle participar

Es importante que lo involucréis en la situación, dejándole participar en el traslado de sus cosas y la decoración de su cuarto. Por muy ocupados que estéis con la mudanza, es fundamental que le prestéis toda vuestra atención.

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Explicarle que nos separamos

Ningún niño acepta de buen grado que sus padres se separen. Lo afrontan mejor si los progenitores –los dos, juntos– le explican qué está pasando y cómo le va a afectar.

Decídselo juntos

Para que vea que estáis de acuerdo. Si hay un hermano mayor, hablad antes con él; luego puede ayudar a contarlo al pequeño.

Procurad contárselo fuera de casa

Así no la asociará con momentos duros. Un lugar que le guste (el parque, la playa, el zoo...) puede quitar dramatismo a la situación.

No le digáis que ya no os queréis

Vuestro hijo podría pensar que también podéis dejar de quererle a él. Decidle mejor que no os lleváis bien. Es muy positivo hablarle de estar mejor y más contentos, de enmendar errores...

Explicadle con claridad dónde vais a vivir

Y aseguradle que ambos vais a estar bien. Contadle también con quién va a vivir él y la frecuencia con la que se reunirá con el progenitor ausente. Dádselo todo resuelto y nunca le pongáis en la tesitura de tener que decidir.

Garantizadle el futuro

Vuestra ruptura le hace temer por su seguridad personal a niveles muy elementales: qué va a pasar conmigo, quién va a cuidar de mí, dónde comeré... Explicadle que la separación no implicará el abandono: ambos seguiréis siendo sus padres y continuaréis queriéndolo y ocupándoos de él.

Dejadle muy claro que él no es culpable

El pensamiento mágico del niño en las primeras edades y el sentimiento de omnipotencia hasta pasada la adolescencia son formas de pensar que les hacen creer que todo ocurre en referencia a ellos, por lo que pueden sentirse responsables de vuestra separación.

Contestad a todas sus preguntas

Hacedlo así en los días sucesivos, para satisfacer su curiosidad y para prevenir que le invada la incertidumbre y la inseguridad.

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Ante la muerte de un ser querido

Los niños sufren, lógicamente, pero también agradecen poder hablar de lo que sucede, saber qué sentís y no quedarse solos.

Si la persona está grave...

No le digáis que va a morir, pero tampoco que se va a curar; contadle sólo lo enfermo que está. A los preescolares les basta una indicación sencilla (“está muy malito”). Con los mayores podéis compartir algún dato médico adecuándolo a su entendimiento: “Hoy no está muy bien; le cuesta respirar”.

Si va a fallecer...

Contadle de forma clara y sencilla cómo todos los seres vivos tienen un tiempo de nacer y otro de morir. Planteadlo como un paso que dan las personas mayores, tratando de desligarlo de él o de vosotros.
A partir de los 4 o 5 años el niño teme quedarse solo en el mundo, que sus padres enfermen y también mueran: remarcad la diferencia entre estar enfermo y muy enfermo.
A los más pequeños, explicadles el ciclo vital con ejemplos cotidianos y sencillos: el perro que enfermó, las hojas que caen en otoño…

Y si ya ha fallecido...

Sed claros y sinceros. Sea cual sea su edad, no le digáis que“se ha ido de viaje”, porque eso crea sentimientos de abandono. Por el contrario, es bueno que, en la medida de lo posible, habléis de la persona fallecida y le facilitéis despedirse de ella con palabras o con una carta o un dibujo.

Evitad decir que se ha dormido

No le digáis: “se ha dormido para siempre” o “morir es quedarse dormido y no despertar más”, porque le puede generar traumas y miedos alrededor del sueño (no querer dormirse ni querer que os durmáis vosotros).
Entre los 2 y los 6 años los niños recurren al pensamiento mágico e interpretan las cosas literalmente.

Hablad con el colegio

Informad al centro escolar para crear un entorno afectivo adicional y fortalecer así su sistema de apoyo en estos momentos.

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Me he quedado en paro

Es una situación de crisis que hay que contar al hijo sólo si afecta de forma notoria a vuestro estado emocional o a la economía familiar.

Si es pequeño...

No notará el cambio y, por eso no hay que explicárselo. Evitemos decir: “No puedo comprártelo porque papá/mamá está en paro y no hay dinero”. No lo entiende.
El dinero es un concepto que les inculcamos los adultos. Por sí mismos, los niños pequeños no preguntarían nunca por el dinero.

Edad intermedia...

Planteadlo de forma positiva. Es un cambio: “Papá/mamá va a cambiar de trabajo. Y mientras tanto estará más tiempo contigo, pero también habrá menos dinero para gastar y tendremos que inventar formas nuevas de divertirnos”.
En la sociedad actual es difícil desvincular a los niños del dinero, pero podemos evitar su sobrevaloración. Exponerlo de forma positiva les enseñará a valorar más otras cosas.

Niño mayor...

Está más preparado para participar de la situación. Posee recursos propios y es bueno que escuchéis sus proposiciones y sugerencias y le permitáis colaborar (en ahorros-gastos y nivel de consumo: “este año no necesito comprarme tantas cosas”).
Las situaciones de crisis ayudan a movilizar recursos. Los niños sienten que son tomados en serio si ven que los padres dan crédito a sus iniciativas y propuestas y valoran sus esfuerzos.

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