Cómo actuar con los niños en los momentos más difíciles del día

El momento de levantarse, el de acostarse o el de dejar de jugar, las comidas, el adiós en el cole... Si tu hijo los lleva mal, mantén la calma y sigue estas pautas.

 

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El mejor modo de afrontar momentos difíciles

Le cuesta madrugar, no quiere quedarse en la guardería o en el cole, se eterniza comiendo, remolonea al acostarse, se coge una rabieta justo cuando no puedes atenderle...

A veces, el amor, el sentido común y la experiencia no bastan para afrontar los momentos conflictivos del día con los niños.

Pero hay recetas educativas que ayudan a hacerlos más llevaderos. La primera: activar el "modo zen" y plantearse que transmitir calma al niño es la mejor manera de que todo vaya mejor.

Además, existen pautas específicas para cada situación concreta. ¿Quieres conocerlas?

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¡Llegamos tarde!

“¡A despertar!”, “termínate la leche”, “¿dónde está tu mochila?” Por la mañana, hasta el momento de salir de casa, suele ser necesario apremiar al niño para no llegar tarde al trabajo y al colegio, y resulta complicado mantener la calma sin perder los nervios.

Buenas pautas

La programación, las rutinas y el orden son básicos para controlar la situación en todo momento:

- Prepara por la noche tu ropa y la suya y el resto de cosas precisas: el bolso, la agenda, la mochila... Además, si tu hijo ya ha cumplido 2 años puede ayudarte a hacerlo. Seguro que le gustará participar y es muy educativo: organizar, ordenar, asumir pequeñas responsabilidades... Plantéalo como una actividad rutinaria más antes de ir a domir.
- Por la mañana levántale un cuarto de hora antes. Él apenas lo notará y podréis desayunar y vestiros con algo más de calma.
- Cuando estéis listos en la puerta, a punto de salir, celébralo con él y felicítale por haberse preparado a tiempo para llegar al colegio puntual y sin prisas. Esto le motivará para lograrlo cada día.

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Despedirse, ¡qué difícil!

En casa, en la guardería o en el cole, el momento de la despedida es crucial y difícil para ambos. Pero ten un ánimo positivo. Afortunadamente, en la mayoría de los casos el “sofocón” dura solo el momento de decir adiós.

Buenas pautas

- Entre los 9 y los 18 meses está en la peor edad para las despedidas. Aún no ha adquirido la noción de la permanencia y cree que si no estás con él, dejas de existir. Déjale su mascota o un objeto que huela a ti o a casa; se sentirá más acompañado.
- Entre los 18 y los 36 meses, indícale cuándo irás a buscarle poniendo como referencia una actividad que conozca (cuando se despierte de la siesta, antes de comer o después de merendar).
- De los 3 a los 5 años, la naturalidad y la sinceridad son tus mejores aliadas para evitar despedidas trágicas. Un simple “hasta luego” es la mejor manera de demostrarle que no es nada malo que te vayas un rato.

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La guerra de las comidas

“No me gusta”, “no quiero”, “no tengo hambre”... En lugar de perder los nervios, averigua las causas por las que a tu hijo le cuesta comer y toma medidas para lograr que lo haga sin tener que luchar con él.

Buenas pautas

- Si es poco comilón, no le obligues a tomar grandes raciones; sírvele poca cantidad y en un plato grande para que no se agobie. Y varía el menú con frecuencia para que no se aburra de comer siempre lo mismo.
- Camufla los sabores que le disgustan mezclándolos con otros que sí le gustan. Y comprende que puede haber algún alimento (no todos) que no le guste.
- No entres en competición con él; piensa que su oposición a comer puede ser en realidad un intento de llamar tu atención. Si tu hijo sabe que negándose a comer te preocupas y le prestas atención exclusiva, repetirá su conducta una y otra vez.  
- Muestra indiferencia cuando se niegue a comer: si te dice que no quiere más, deja pasar 10 minutos sin que pruebe bocado, luego retírale el plato y dile que puede ir a su cuarto. Así verá que la comida no es un método adecuado para reclamar tu atención y dejará de utilizarlo.

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¡Vamos a la cama!

Casi todos los niños se muestran reticentes a acostarse, salvo que estén muy cansados. Les cuesta dejar la compañía de los padres y cambiar la actividad y el juego por el sueño.

Buenas pautas

Para hacérselo más fácil y evitar conflictos, sigue estos consejos que te proponemos:

- Establece una rutina cotidiana y plantea el acostarse como una actividad más: baño, cena, organizar las cosas del día siguiente, el cuento en la cama, el beso de “buenas noches”... ¡y a dormir!
- Media hora antes de acostarle, evita juegos activos, programas de televisión, comidas o bebidas excitantes... En este tiempo puedes ayudarle a ponerse el pijama, hablar un rato con él, leerle un cuento, etcétera.
- Si insiste en llamarte, acércale su mascota, dale otro beso y las buenas noches de nuevo. Ve a consolarle, pero no claudiques. Así se dará cuenta de que su actitud no es eficaz.

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¡Qué duro es cambiar de actividad!

A los niños les cuesta cambiar de actividad, porque para pasar a lo siguiente han de dejar lo que están haciendo con tanto afán. Se suma que en estas edades aún no manejan el concepto de tiempo y no son capaces de anticipar lo próximo; eso supone dejar algo a cambio de nada.

Tres recetas para que te haga caso

- No le des órdenes desde otra habitación; si no te ve, le costará mucho más obedecerte. Debes comprobar que te ha escuchado.
- Tócale el hombro y mírale a los ojos al pedirle las cosas; el contacto físico le ayuda a centrarse en lo que le estás pidiendo.
- Sé clara y concisa en tu petición: “Mete los juguetes aquí, en el cesto, que ya está el baño preparado”.

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Tu hijo no lo hace para enfadarte

En los primeros años los niños no tienen sentido del tiempo ni de las prisas. Pon normas sencillas y mantén la calma sabiendo que tu hijo...

- Distingue cuándo es por la manaña o por la noche, pero no entiende lo que significa que sólo falte media hora para que empiece el colegio.
- Tiene necesidades e intereses muy distintos a los de un adulto. Por eso debes mantener los nervios y encauzar su interés con mano izquierda.
- No se distrae o remolonea intencionadamente con el fin de molestarte, sólo responde a su momento evolutivo.
- Está en una fase pasajera de su desarrollo, su actitud variará.

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