Límites, rutinas y reglas para educar

Tener autoridad sin ser autoritarios, mantener rutinas, establecer reglas y lograr que se cumplan... Son las claves para evitar que nuestros niños se conviertan en tiranos.

 

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¡Cuánto ha cambiado la forma de educar!

Efectivamente, ha variado mucho desde que nosotros éramos pequeños hasta ahora. Si antes los hijos tenían, en la mayoría de los casos, que limitarse a escuchar y obedecer sin más, hoy se busca una relación más cercana y comunicativa, en la que los niños tengan también la oportunidad de expresar sus opiniones.

Es una forma de actuar positiva mientras no caigamos en el extremo contrario al anterior y dejemos que el pequeño sea quien tome las decisiones y acabe convirtiéndose en el rey (o, más bien, en el tirano) de la casa.

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Por qué el niño necesita límites

Porque le dan seguridad, le demuestran que nos preocupamos por él y le enseñan las claves para convivir con los demás y manejarse en el mundo que le rodea.

Aunque hoy no es nada fácil poner reglas y mantenerlas. Las razones son varias. Primero, porque hoy los hijos llegan más tarde, con gran planificación, a veces es difícil tenerlos y a menudo son hijos únicos. Esto puede hacer que cueste más frustrar sus deseos. Además, las familias cuentan con menos apoyos sociales para educar (y más influencias discordantes). Y es muy frecuente que los dos padres trabajen, lo que reduce el tiempo compartido.

Aún así, es posible y necesario hacerlo. ¿La clave para lograrlo? Ir paso a paso.

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Las primeras rutinas

Los límites en el periodo que va de los 3 a los 15 meses tienen que ver con la creación de una rutina diaria (sueño, comidas, etc.) y de unas normas de seguridad (apartarle de un sitio peligroso, prohibirle tocar objetos...). Hacia los 9 meses el bebé ya entiende que algo está prohibido si le decimos “no” en  tono decidido y con cara de desaprobación.

Ésta es la mejor manera de empezar a inculcarle algunas normas básicas, sobre todo si nuestro “no” es constante, decidido y claro.  Pero no hay que enfadarse con él ni castigarle, ya que a esta edad no hace trastadas a conciencia y éstas provienen de sus deseos lógicos de explorar.

Al final de esta etapa el propio niño empieza ya a decir “no” mientras hace una trastada: es buena señal, indica que sabe que no debe hacerlo, aunque su curiosidad sigue venciéndole. El siguiente paso, que no tardará mucho en darse, es que aprenda a controlar sus impulsos, a aceptar la frustración y a calmarse.

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A medida que crece...

A partir de los 16 meses ya es más libre y hay que ser más rigurosos con los límites. No es sencillo, ya que al hacerlo chocamos con un nuevo descubrimiento del niño, el sentido del “yo”: ya entiende que él es una persona autónoma, no una parte de su madre, como hasta ahora creía, y le gusta imponerse. Al rebelarse se afianza. Por ello contesta con un “no” o se va corriendo cuando le pedimos que venga.

Conviene darle cierta libertad y opciones para elegir, por ejemplo en la ropa (así se siente autónomo), pero ser firmes en temas importantes: somos nosotros los que decidimos la hora de dormir, lo que ve en la tele, etc. Es bueno permitirle que proteste, ya que con sus rabietas expresa su frustración, pero sin ceder.

Para corregirle es eficaz la técnica de la pausa obligada: dejarle unos minutos (uno por cada año de edad) en un rincón del cuarto en el que estemos.

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Desde los 3 años

A esta edad el niño ya conoce las normas y sabe obedecer, pero como habla, también sabe pedir, negociar...

Hay que distinguir entre sus caprichos y sus verdaderas necesidades (si llora de dolor o para lograr algo).

Si desobedece o actúa mal, lo mejor es aplicar la “pausa obligada” o el efecto de las consecuencias (reparar el daño causado). Y elogiarle cuando se porte bien en vez de atenderle sólo si se porta mal.

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No es tan fácil poner normas

A la hora de poner normas a un niño hay que aplicar la regla de las tres C: Coherencia (tienen sentido, no son un capricho), Consistencia (son estables, no varían según el ánimo) y Continuidad (se mantienen hasta que son asumidas). Sin embargo, a veces nos cuesta poner límites. Varios motivos lo explican:

- Queremos ser amigos de nuestros hijos y tememos perder su amor si nos oponemos a ellos. Pero la realidad es que los niños agradecen que tomemos las decisiones; les hace sentirse seguros y protegidos.
- Disponemos de poco tiempo para estar con ellos y no queremos estropearlo con discusiones. Lo cierto es que así no logramos la armonía, sino que sean los niños quienes manden y la casa acabe convertida en un caos.
- Queremos educar a nuestros hijos a nuestra manera, pero no disponemos de un modelo. Éste es un proceso en el que cada uno debe encontrar su camino; hablarlo en pareja y con otros padres siempre ayuda.

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Cómo tienen que ser las normas

- Es mejor que sean pocas (sólo normas realmente importantes). Órdenes, no más de una a la vez.
- Siempre han de ser justas, razonables y consecuentes.
- Formuladas con un tono de voz y una actitud amable, pero con firmeza y seguridad.
- Expuestas de forma concreta y no con una pregunta (en vez de “¿quieres...?”, decir “vamos”).
- Deben mantenerse siempre, sin excepciones y sin entrar en discusiones.
- Hay que dar las órdenes de cerca y mirando al niño a los ojos o tocándole el hombro.
- Nunca deben acompañarse de hostilidad, descalificaciones o amenazas; sí hay que advertir de las consecuencias si no se cumplen y reconocer y agradecer cuando las haya cumplido.

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Reacciones efectivas ante la actitud del niño

Ante sus berrinches
En vez de ceder y darle el capricho, con un bebé de 1 a 3 años es mejor desviar su atención de lo que ha causado el problema. Y a partir de los 3 años lo adecuado es dejar que se desahogue y luego calmarle.

Si se niega a comer
Ante esta conducta, que puede aparecer a partir de los 16 meses, en lugar de insistir para que coma o darle otra cosa, es conveniente retirar tranquilamente el plato y no darle nada hasta la siguiente comida.

Pega o muerde
En lugar de responder con un manotazo, debemos apartarle del niño al que ha agredido y demostrarle que desaprobamos su conducta.

Se niega a obedecer
¿Lo más efectivo? Mantener la calma y dejarle en un rincón del salón un minuto por cada año de edad.

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