El apego de niños, clave para una buena relación con tus hijos en la adolescencia

Descubre en qué consiste la relación de apego y qué consecuencias positivas provocará en el desarrollo de tu hijo.

Cuando los padres orientan a sus hijos para desarrollar sus capacidades en libertad se forma un “círculo virtuoso” en el que el hijo reclama afecto, estabilidad y confianza de sus padres y estos, a través de este vínculo, pueden desarrollar, junto a los educadores, la acción educativa.

En el libro “La relación del apego: posibilidades educativas”, de Carmen Ávila de Encío, se explica la relación del apego como “la necesidad de los hijos de recibir cariño de sus padres, lo que establece una relación afectiva, esencial y asimétrica”. Además la autora añade que “cuando los padres aportan un amor consistente e inteligente, el menor se siente comprendido, acogido y querido de forma incondicional y eficaz, generando un soporte emocional que sustenta su autoestima”.

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Esta obra nos dice que el ser humano nace indefenso y su desarrollo madurativo es muy lento. Necesita una relación de apego personal basada en la necesidad de dar y recibir amor. Esta relación se establece en la vida familiar y es fundamental para desplegar la acción educativa. El apego evoluciona a lo largo de las distintas etapas del crecimiento de los hijos y su impacto en el desarrollo intelectual, afectivo, social y académico es importantísimo.

En este proceso se utilizan cuatro recursos educativos según la autora: autoridad, comunicación, aprendizaje por imitación de modelos y educación por objetivos.

  • La autoridad se entiende como un derecho del niño a ser orientado en la vida. Si se ejerce mediante un control y afecto equilibrado, evitaremos que caiga en permisividad, negligencia o autoritarismo.
  • La comunicación en la familia, que debe incluir el saber escuchar, permitirá que tus hijos desarrollen el juicio crítico y la búsqueda del sentido de la vida.
  • En cuanto al aprendizaje por imitación podemos decir que en la primera etapa de la vida de los niños los padres son un modelo universal que con el paso del tiempo se va a comparar con otros modelos y que constituirá una referencia para el menor durante su proceso educativo.
  • Para que todo esto se concrete es necesario plantear objetivos viables en la educación de los niños que incorporen la motivación, el esfuerzo y la resistencia al fracaso. Lo importante es que sean los propios niños quienes hagan suyos los objetivos y los puedan desarrollar después de la adolescencia, el inicio de su etapa como jóvenes adultos.

    En el libro se expone que esta relación de apego en el ámbito familiar evoluciona a lo largo del tiempo y tiene una gran incidencia en el desarrollo académico. Como dice Ávila,“los padres que en su interacción con sus hijos generan una relación de apego estable y segura, potencian sus capacidades al mismo tiempo”, lo que se pone de manifiesto en el período anterior a la universidad:“Los adolescentes con buena relación con sus padres afrontan la etapa universitaria con más seguridad y menos ansiedad”.

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    Es en la adolescencia es cuando más en peligro se pone la relación de apego, la autora declara que “durante la pubertad, la relación se trueca en tendencia al desapego por parte del hijo. Es un momento de inestabilidad emocional y desasosiego interno que rompe la sintonía que los padres habían establecido”. En el libro se indica como la conversación y el diálogo con los hijos son esenciales para conservar esta relación. La autora advierte que “puede parecer que el adolescente es sordo a nuestros esfuerzos por conversar con él, pero lo cierto es que, si la relación de apego ha sido buena durante trece o catorce años, a nuestro hijo adolescente sí le importará lo que digamos… y mucho más de lo que aparente”.

    Lo principal es que la conversación con nuestros hijos adolescentes sea una conversación inteligente, que invite a que obtenga sus propias conclusiones, que les transmitamos preguntas en lugar de órdenes o respuestas. Según la tesis de la obra, poder mantener esta conversación de forma sostenida permitirá que la buena relación de apego ayude al adolescente cuando tenga que empezar a tomar sus propias decisiones. “De esta forma, progresivamente se convertirá en un joven adulto con alas que le permitirán volar lejos, porque están arraigadas en unas fuertes raíces: el afecto, la confianza y la estima de sus padres hacia él y viceversa”, concluye la autora.

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