Frustración en niños, cómo enseñarles a manejarla

Frustración: ¿problema u oportunidad? Descubre qué puedes hacer para convertir este sentimiento en algo positivo.

La frustración es un conjunto de emociones, como la angustia, el enojo, la preocupación o la tristeza, que experimenta el ser humano cuando no se cumplen todas sus expectativas respecto a un propósito, una necesidad, un deseo o una ilusión.

Los adultos, a lo largo de su vida, van adquiriendo la experiencia necesaria para saber que no todo lo que se proponen se puede conseguir, sin embargo, tienen que aprender a vivir con ello y a ser capaces de afrontar los problemas cuando estos se presenten.

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Los bebés llegan al mundo con la sensación de ser el centro del universo. Todas sus necesidades se ven cubiertas de forma espontánea, carecen de perspectiva temporal y todavía no han desarrollado su capacidad de empatía. Son los protagonistas de todo lo que sucede a su alrededor y, por lo general, obtienen todo lo que demandan.

A medida que el bebé se van desarrollando y creciendo, van apareciendo nuevas situaciones en las que no todos sus deseos se van a cumplir. Estas circunstancias le van a llevar a experimentar un sentimiento, la frustración, para el que no están preparados. Les cuesta entender por qué, de pronto, hay cosas que no suceden como ellos esperan y no consiguen todo lo que desean.

Este sentimiento puede representar un problema en el desarrollo de los niños, pero también es una oportunidad para que los padres puedan profundizar en su educación preparándolos para el futuro. Conseguir que nuestros hijos diferencien entre la aceptación de la frustración y la aceptación del fracaso, puede marcar la diferencia entre el éxito o el naufragio en su vida adulta.

Que las cosas no sucedan siempre como ellos quieren, es beneficioso para su desarrollo. Un poco de frustración puede ser saludable, aunque no conviene ni pasarse ni quedarse cortos. También debemos distinguir entre el lógico disgusto por no alcanzar un determinado objetivo, como ganar en un juego, con expresiones de pataletas, gritos o insultos que debemos corregir a la mayor brevedad.

Técnicas para ayudar a nuestros hijos a superar sus frustraciones

  • Dar ejemplo. Si los padres muestran una actitud práctica antes los inconvenientes que se presentan en la vida, los niños aprenderán a afrontar sus problemas de forma positiva.
  • No sobreproteger ni ser excesivamente permisivos. Si les damos todo hecho y les evitamos cualquier problema, los chicos no podrán equivocarse y, por tanto, no podrán aprender de sus errores ni afrontar correctamente las situaciones en las que no consiguen todo lo que quieren. No podrán afrontar el fracaso.
  • Enseñarles que las cosas se consiguen a través del esfuerzo. El niño tiene que saber que es necesario esforzarse, que las cosas suceden como consecuencia de nuestra dedicación. Lo que se conoce como la cultura del esfuerzo.
  • No aceptar chantajes. Cuando la frustración del niño deriva en situaciones de gritos, insultos o actitudes violentas, hay que hacerle ver que las rabietas no le sirven para nada. Si cedemos, creerán que la forma más efectiva de conseguir sus deseos es a través de esa actitud.
  • Los fracasos no son necesariamente algo negativo. El niño tiene que saber que la vida esta compuestas de éxitos y fracasos, que la felicidad no consiste únicamente en tener éxito, si no que también es reconfortante superar los fracasos. Que sea capaz de detectar en qué se ha equivocado para evitarlo en el futuro.
  • Marcar objetivos razonables y realistas. El niño aprenderá a tolerar la frustración si le ponemos objetivos alcanzables, no exponiéndole a situaciones que no pueda superar por su edad, condición física o nivel de madurez.
  • Aprovechar la frustración para que aprendan. Cuando algo no ha ido bien, podemos indicar las causas y la forma más efectiva de solucionarlo. En el futuro podrá hacer frente por sí mismo a situaciones iguales o parecidas.
  • Enseñarle la importancia de ser perseverante. Si el niño comprueba que con dedicación y constancia se pueden solucionar muchos problemas, controlará la aparición de la frustración sabiendo que si persigue las cosas puede conseguirlas.
  • Enseñarle a relajarse. Las situaciones adversas se afrontan mejor si estamos relajados, que el niño sepa relajarse cuando algo no funciona a la primera le ayudará a mitigar el sentimiento de frustración.
  • Que sepa pedir ayuda. El niño tiene que aprender a intentar buscar las soluciones por sí mismo en primera instancia, pero tiene que saber que cuenta con nosotros siempre que lo necesite.
  • Reforzar sus acciones positivas. Cuando el niño sepa contener su ira ante un problema o utilice una estrategia adecuada para afrontarlo debemos encomiar su actitud para reforzar sus logros y motivarlo para futuras situaciones.
  • Ofrecerle alternativas. Cuando una determinada tarea no está dando los resultados esperados, tenemos que aportar a nuestro hijo otros caminos para alcanzar el objetivo deseado.
  • Oriéntalo a que sea independiente. Cuanto antes adquiera cierto grado de autonomía para lavarse, comer, vestirse, etcétera, antes estará en condiciones de afrontar los problemas en el futuro.

    Los fracasos son parte de la vida, que el niño lo comprenda y cuente con técnicas para sobreponerse a las dificultades, le permitirá afrontar el futuro con mayores posibilidades de ser feliz.

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