Somos más exigentes con las hijas

Algo sobre lo que reflexionar si queremos que la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad.

Todos tenemos claro que la igualdad entre mujeres y hombres debe ser una realidad y no un sueño. Y que para lograrlo es esencial sentar una buena base en nuestros hijos desde el principio.

Pero todavía tenemos mucho que hacer en este sentido. Y lo primero es comenzar a analizar nuestros comportamientos cotidianos como madres y padres y nuestras creencias más profundas, esas tan arraigadas en nosotros desde la infancia que nos parecen normales.

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Un estudio para pensar

En este sentido, merece la pena echar un vistazo a un estudio que llevó a cabo el portal británico Netmums, tras realizar una encuesta entre 2.672 madres para conocer el modo en que educaban a sus hijos. Las conclusiones fueron de lo más llamativas.

Así, aunque el 51% de ellas opinaba que es un error tratar de modo distinto a los niños y a las niñas, las cosas cambiaban cuando se les preguntaba sobre temas concretos:

  • El 55% aseguró que conectaba mejor con sus vástagos varones que sus hijas.
  • El 20% de las encuestadas afirmó que si su hijo varón le llevaba la contraria, normalmente dejaba que se saliera con la suya. Pero si se trataba de una niña, no lo permitía.
  • Y todas, el 100%, aseguraron ser el doble de exigentes con sus hijas que con sus hijos.

    Más datos llamativos: al pedir a estas madres que describieran el carácter de unos y otras, los adjetivos fueron de lo más distintos: a sus ojos los hijos eran divertidos, traviesos, juguetones y cariñosos, mientras que las niñas eran contestonas, serias, difíciles de complacer y malhumoradas. Curiosamente, el estudio demostró que las madres que solo tenían hijas también tendían a utilizar adjetivos más negativos que positivos para describirlas. A juicio de Crissy Duff, psicoterapeuta de Netmums, este estudio fue una muestra clara de que la diferenciación de géneros es heredada, más que aprendida.

    Parémonos a pensar sobre este estudio, sobre los prejuicios y las creencias erróneas que siguen manteniéndose y sobre nuestro papel esencial como madres en la búsqueda de una igualdad real entre hombres y mujeres. Y tratemos a nuestros hijos como lo que son, personas con una forma de ser única y maravillosa, independientemente de su sexo, que nos necesitan a su lado y aprenderán de nuestro ejemplo.

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