Sólo obedece a su padre, ¿qué hago?

Para que vuestro hijo os haga caso a ambos por igual, debéis revisar juntos el modo en que actuáis con él y acordar cómo vais a reaccionar cuando no lo haga.

Un ejemplo cotidiano: la madre de Claudia le pide que recoja los juguetes porque es la hora del baño. “Hija… ¿has recogido ya?”, pregunta por tercera vez desde la cocina. Pero la niña, haciendo oídos sordos, sigue entretenida jugando con sus muñecos. El padre entra en escena, va a la habitación en la que juega la niña, se acerca a ella y le dice: “Vamos, a recoger, que es la hora del baño”, al tiempo que coloca el primer juguete en su sitio. Y la pequeña obedece sin rechistar.

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Las formas importan

Los niños, desde muy pequeños, tienen un radar especial para detectar hasta dónde pueden llegar con cada uno de sus progenitores. Y se guían por el modo en que ambos tratan con él. Esto facilita a los padres la tarea de tomar medidas a favor de su educación.

Para que tu hijo te haga caso, háblale con tono decidido. Si expresas tu petición en forma de ruego o con tono cansino, le transmites la sensación de que puede pasar de lo que dices. Acércate a su lado y procura un contacto visual y físico; así centras su atención. Hablándole desde otra habitación pierdes autoridad.

Ajusta sus expectativas

A esta edad el niño es apasionado no sólo en sus afectos, también en sus acciones, y cuando se afana en algo le cuesta cambiar de actividad. Esto está en la base de su natural resistencia a obedecer órdenes. Y es necesario tenerlo en cuenta para no pretender siempre una respuesta inmediata. Así puedes facilitárselo:

  • Define claramente lo que quieres que haga. Recoger su cuarto puede significar algo muy distinto para tu hijo que para ti.
  • No le impongas demasiadas normas, céntrate en las importantes y no le des varias órdenes a la vez.
  • Anímale a cumplir lo que le pides: “A ver si terminas de vestirte antes de que yo acabe de desayunar”. Los retos le incentivan.
  • Felicítale siempre que obedezca.

    Y recuerda que vale pactar: Si un día se resiste a levantarse para ir al cole, proponle un desayuno que le guste mucho. Una oferta apetecible puede ser una estupenda motivación para obedecer.

    Haz equipo con su padre

    Pídele que te apoye delante del niño con frases como “haz lo que te dice mamá” o “no me gusta que no hagas lo que ella te pide”. Y no discutáis en su presencia. Así os verá como un equipo.

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    Malas prácticas

    • Utilizar frases, como “cuando venga tu padre vas a ver”. Con ellas transmites al niño la idea de que su padre es el único al que hay que respetar y obedecer.
    • Aliarte con él para que obedezca permitiéndole algo que sabes que su padre no le consiente. Eso desorientaría a tu hijo y tú no ganarías ninguna autoridad.
    • Anunciar un castigo y no ponerlo (“o recoges tus juguetes o no vamos a jugar al parque”) nos desautoriza ante los ojos del niño. Debes cumplir siempre lo prometido.
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