¡A mi hijo le encanta disfrazarse!

Y es genial que sea así, porque este juego le aporta grandes beneficios.

Ver una espada donde solo hay un palo o transformar una colchoneta en un coche de carreras es algo que a tu peque se le da muy bien, ya que a esta edad, hacia los 4 años, tiene muy desarrollado el “pensamiento simbólico”. Y los disfraces son perfectos para esta forma de jugar.

Ten en cuenta que el “juego simbólico“ o de “representación de roles” es más que una simple imitación: cuando tu hijo se pone un delantal y juega con sus cacharritos no sólo está haciendo que cocina, también se siente como mamá o papá o como ese cocinero que sale por la tele. Y no es necesario que el disfraz sea realista, su imaginación es capaz de convertir un chal y una diadema en un traje de princesa espectacular, o una simple sábana en un disfraz de terrorífico fantasma. Por eso es una gran idea poner un baúl en su cuarto en el que ir metiendo ropa y complementos que ya no uséis, así potenciaréis este tipo de juego que, además de divertirle, tiene también un componente importante de aprendizaje.

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Cuánto le enseña disfrazarse

Al interpretar el papel de otra persona, tu peque asume sus modos de actuar y esto le puede ayudar en muchos aspectos:

  • Aumenta su empatía, es decir, su capacidad para entender a los demás y poder ayudarlos.
  • Favorece su comprensión y aceptación de las normas y obligaciones. Por ejemplo, al hacer de profesora tiene que regañar a ese muñeco que se está portando mal y no le deja dar la clase.
  • Le sirve para desinhibirse y mostrarse más abierto, lo que puede ayudarle a socializar con otros niños o a superar su timidez.
  • Se siente más fuerte, listo y poderoso con su disfraz, aumenta su autoestima y su motivación para lograr metas más altas.

    Y tú también aprendes...

    Para ti, el juego simbólico que propician los disfraces puede ser una ventana a su interior. Al observar su juego puedes ver el mundo desde sus ojos, lo cual es útil para ayudarle a cambiar estereotipos, a resolver miedos, a expresar deseos… y para favorecer el acercamiento entre vosotros. Por ejemplo, al ver cómo representa el papel de padre o madre, qué destaca (el componente afectivo, las discusiones, la instrucción…), puedes hacerte una idea aproximada de cómo vive tu hijo vuestra relación. Y ver qué monstruo le gusta interpretar (o cuál se niega a ser) te servirá para saber si hay algo que le da miedo.

    Acertar con su disfraz

    Si vas a comprarle un disfraz o se lo vas a fabricar tú, ten en cuenta estas premisas para acertar.

    • La temática ha de ser acorde con los gustos del niño y con sus aspiraciones. Dos formas de acertar: sus personajes de ficción favoritos (con los que dará rienda suelta a su imaginación) y las profesiones que admira (con los que ensayará roles sociales).
    • Es esencial que sea cómodo de llevar y que le permita libertad de movimientos. También que no se rompa con facilidad, ya que le ocasionaría un buen disgusto.
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      Tu hijo se ha probado la careta del disfraz, le queda muy bien, pero se niega a llevarla. ¿Por qué? Porque necesita que se vea su cara para reafirmar su protagonismo. Es algo muy frecuente en niños pequeños y hacia los 4 años aún sigue siendo normal.

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