Así le afecta que discutáis ante él

Alguna vez discutiréis, pero hacedlo bien. A vuestro hijo, aunque no os entienda, las discusiones en mal tono le causan inseguridad y angustia.

Todas las parejas, incluso las más afines, han de ponerse de acuerdo en algunas cuestiones, especialmente en las que atañen a la educación de los hijos. Es habitual que donde uno permite el otro prohíba. Y tiene su lógica. Porque cada uno procede de una familia diferente, con unos criterios y una forma de educar distintos. Y ambos tienden instintivamente a reproducir el ambiente en el que han crecido.

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El método civilizado

Cuando surgen discrepancias es importante no vivir el desacuerdo como un problema. Porque si adoptamos una actitud flexible y aportamos diferentes puntos de vista, salimos todos beneficiados; también los hijos. Proceded así:
• Tratad de llegar a un acuerdo hablando a solas (mientras el niño duerme o está en la escuela).
• Centraos en el aspecto concreto a acordar, así evitáis una discusión interminable y poco constructiva.
• No os empeñéis en tener la razón, escuchad al otro.
• Ceded un poco cada uno en vuestras posiciones hasta encontrar una aceptable para ambos.
• Si el acuerdo no es posible, tendrá que ceder uno (la próxima vez lo hará el otro) para indicar un único camino al pequeño.

Cuidado con el tono

En vuestras discrepancias debéis evitar algunas actitudes que perjudicarán a vuestro hijo. Una es desautorizar al otro (habladlo cuando no esté el niño). Otra es no respetar el acuerdo alcanzado. Y otra es gritar y perder los nervios. Al peque, a esta edad, le afecta el tono y los ademanes que mostráis. Y ver a sus padres fuera de sus casillas le provoca inseguridad y angustia.

¿Cómo reaccionará el niño?

Si vuestras discusiones crean un mal ambiente en casa, el niño lo acusará.
• Estará más irritable y nervioso.
• Se mostrará más inseguro y temeroso al afrontar nuevos retos.
• Dormirá peor y tendrá pesadillas, miedo a dormirse, llanto nocturno...
• Tendrá conductas regresivas, como volver a necesitar el pañal cuando ya lo había dejado, no poder renunciar al chupete, chuparse el dedo...

Puede que alguna vez, aunque intentéis evitarlo, tengáis una discusión fuerte delante del niño. Es muy importante en este caso explicarle que no es por su culpa (es lo que tenderá a creer) y hacer las paces en su presencia.

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