¿Le dejamos jugar "a la guerra"?

En casa fomentáis los valores de la paz, la cordialidad y la no violencia, pero vuestro hijo se empeña en jugar a la guerra. ¿Es algo malo? ¿Deberíais impedírselo?

Los padres de Marcos nunca le han comprado a su hijo un juguete bélico; eso iría en contra de los valores que desean transmitirle.

Sin embargo, el niño usa un palo para jugar a los espadachines con sus amigos, conoce a los personajes de La Guerra de las Galaxias, aunque todavía no ha visto la película, y ha pedido por su cumpleaños un disfraz de caballero Jedi... con espada láser incluida.

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Sus padres están desconcertados. ¿De dónde le vienen estas influencias? ¿Deberían negarle su deseo?

Jugar sin violencia

Para empezar, hay que considerar que en un niño de esta edad, además de los padres, influye lo que ve y oye en la tele (anuncios, películas...) y, sobre todo, lo que dicen y la forma de jugar de sus amigos.

Por otra parte, existe una corriente educativa según la cual el hecho de regalar a un niño un arma de juguete (o unos muñecos guerreros) supone una aprobación de la violencia. Pero muchos la rebaten: ¿acaso por regalar un disfraz de bruja estamos abogando por la brujería?

Y un último argumento sobre el que reflexionar: hay niños que se ponen de acuerdo en quién debe hacerse el muerto primero (todo un ejemplo de cooperación) y otros que insultan al amigo por ganarles en el juego de la oca.

Fantasía y realidad

En realidad son muchos los factores que fomentan la violencia o bien el respeto, aunque el más importante sea sin duda el diálogo y el ejemplo que se percibe en la familia. Estar en contra de los juguetes bélicos y evitar comprarlos es una buena postura, pero ¿qué hacer si tu hijo, como Marcos, te pide uno de estos juguetes?

Ante todo, decidas lo que decidas, no le hagas sentirse culpable, porque esa apetencia no significa que sea violento ni que vaya a serlo. Y si le concedes su deseo, ten en cuenta que lo importante es marcar la frontera entre juego y realidad.

  • Las armas de juguete, mejor que sean poco realistas.
  • Vigila que no tengan peligro de provocar lesiones, a él o a otros.
  • No permitas que en sus juegos se produzcan jamás agresiones físicas o verbales reales.
  • La mayoría de sus juguetes, que sean didácticos y de cooperación.
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    Para enseñarle a amar la paz

    Con estos libros tu hijo descubrirá las virtudes de la convivencia pacífica y la belleza de la diversidad.

    • “Leonor y la paloma de la paz”, de M. Menéndez y M. Carranza, Editorial SM, 5,90 €.
    • “¡Buenos días, mundo!”, B. Hollyer, Intermon Oxfam, 14 €.
    • “¿Hacemos las paces?”, de C. del Río, Edit. Salvatella, 6 €.
    • “La paloma Mari Paz”, de C. Gil, Editorial SM, 5,90 €.

      ¡Qué interesante!

      Según el antropólogo Gregory Bateson, todos los cachorros, incluidos los humanos, juegan a luchar, pero disponen de un metalenguaje para diferenciar el juego (“esto es broma”) de la lucha (“esto va en serio”).

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