Actividades extraescolares, ¿sí o no?

Realizar una actividad extraescolar puede tener muchos beneficios, pero antes conviene analizar si es el momento y cuál es apropiada para tu hijo. Piensa en lo que le gusta y en lo que puede hacer mejor.

Una actividad extraescolar puede servirle para hacer amistades, descubrir nuevas aficiones o favorecer su desarrollo, pero debe tener un carácter lúdico y voluntario (no olvides que la escuela ya es su obligación diaria). Para que tenga éxito, antes de inscribirle piensa en lo que le gusta a tu hijo y en la que ahora le puede venir mejor.

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Para desfogar energía
Si tu hijo es muy activo le encantará ir a alguna de estas clases:
• Música y baile. Les gusta a casi todos los niños y si tu hijo es inquieto, con esta actividad desfogará su energía y aprenderá a controlar mejor sus movimientos.
• Deportes. Natación, judo, patinaje, fútbol, baloncesto... Pero es importante que a esta edad se practiquen como un juego de colaboración, no en plan competitivo. Aparte de las ventajas para la salud y el control corporal, el deporte ayuda a los niños a relacionarse y refuerza su voluntad.

O algo más tranquilo
Si a tu peque le va más lo “intelectual”, piensa en estas actividades:
• Pintura y manualidades. Si es habilidoso con sus manos, ésta es su extraescolar. Potenciará su imaginación y su creatividad.
• Idiomas. Tu hijo tiene una edad en la que podrá aprender cualquier lengua con facilidad. Lo importante es que sea a través de juegos para que no se convierta en otra “asignatura” más.
• Ajedrez. No es habitual que los niños la elijan como extraescolar, pero es una actividad apta para cualquiera que no sea nervioso, ya que requiere una buena dosis de atención. Ejercita la memoria y fomenta la capacidad de concentración y de análisis.
¡Qué útil!
La actividad extraescolar no es una clase de refuerzo. Al elegir la de tu hijo, no pienses en cuánto le servirá en un futuro, sino en cómo le beneficia ahora.

¡Ojo, vigila que no le estrese!

Cada vez más niños sufren de estrés por las exigencias a las que los padres creemos que debemos someterlos para adaptarlos a una sociedad moderna. Si le notas muy cansado, se irrita con facilidad, le cuesta mantener la atención o tiene problemas para dormir, puede ser señal de una sobrecarga de trabajo. Es el momento de cambiar sus rutinas para que disponga de más tiempo libre para jugar a su aire.

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