Jugando a imaginar

Ahora observarás un gran cambio en el modo de entretenerse de tu hijo: se inicia el juego simbólico, el de “hacer como si...”, que le acompañará y le ayudará en su evolución durante los siguientes años.

Si desde los 6 meses tu hijo ha sido un incansable explorador, y un torbellino en acción desde que cumplió 1 año, en esta etapa descubrirás que también tiene una gran imaginación y es muy creativo.

Empieza el juego simbólico, que pronto compartirá con sus amigos (antes con vosotros, por supuesto) y al que también jugará él solo.

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¡Cuánto le enseña!

En los juegos de fantasía el niño recrea la realidad con su imaginación: actúa representando un papel, pone en acción a sus muñecos o inventa un nuevo uso para un objeto (un plátano puede ser un micrófono de cantante; un cojín en el suelo, un bólido de carreras).

Son juegos que empiezan siendo acciones de imitación: peinar a la muñeca, dar de comer al osito…

Y a los 2 años, con su mayor dominio lingüístico, los conocimientos que ya tiene y su capacidad de inventiva, se convierten en dialogados, interactivos y más complejos.

Al jugar así, el niño representa lo que vive: las relaciones familiares, ir a la compra, las visitas al pediatra, la guardería…

Y aprende a recrear otras situaciones, interpreta a los personajes de la tele y de sus cuentos, introduce nuevos detalles... Es un proceso parecido y paralelo al de aprender a dibujar.

Con el juego simbólico, tu hijo…

  • Aprende normas sociales y de convivencia de modo divertido.
  • Asimila información. Reproduce lo que ha oído, lo que le han explicado… Una vez que ha jugado con ella es más fácil entenderla.
  • Procesa emociones. Estos juegos son a veces una válvula de escape, un bálsamo que consuela o una forma de afrontar conflictos.
  • Desarrolla la creatividad. Imprescindible para pensar y actuar (no sólo sirve para dibujar). “La imaginación es más importante que el conocimiento, porque éste es limitado y la imaginación lo comprende todo”, dijo Albert Einstein.

    Buenas condiciones

    En estos juegos hay que poner mucho entusiasmo. Ponlo tú también.

    Tendrás que proporcionarle un ambiente relajado, espacio más amplio (incluyendo parte de la zona común, con límites) y administrar tres tiempos: compartido, porque has de jugar con él; de espera, porque a veces tendrás que decirle que jugarás en cuanto puedas, y de observación atenta, porque no es bueno interrumpirle cuando esté jugando solo (te harán gracia sus diálogos, con diferentes voces, tan reveladores) ni cuando empiece a jugar así con sus amigos.

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    El juego de imaginar llega a su culmen a los 3 años y se mantiene hasta los 6. O más, en niños creativos (y no es un rasgo de infantilismo, sino de imaginación).

    Al fin y al cabo, el teatro, la pintura o la escritura son actividades de los adultos que recrean el juego simbólico.

    Los juguetes que lo favorecen

    Para desarrollar el juego imaginativo no hacen falta juguetes sofisticados, al contrario: cuanto más sencillos, mejor. Tu hijo juega con su imaginación.

    • Peluches o peluche-mascota, un amigo fiel (no todos lo adoptan).
    • Muñecos de unos 40 cm que él pueda bañar, vestir, pasear, darles de comer o acostarlos... y accesorios sencillos para estas actividades.
    • Escenarios (granja, garaje de coches, escuela, barco pirata...) con personajes y accesorios fáciles de manipular.
    • Juguetes de imitación: cocina, platos y cubiertos, escoba, teléfono...
    • Disfraces fáciles de poner y quitar y accesorios (que no le tapen la cara).
    • Pintura de dedos, ceras, pasta moldeable y otros materiales artísticos.
    • Una casita para jugar dentro (puede ser una caja de cartón grande).

      ¡Qué interesante!

      Los 2 años es también la edad en la que el niño logra dominar sus garabatos: ya no son trazos incontrolados, sino que los dirige por donde él quiere.

      Gracias a ello empezará a plasmar lo que desea, y aunque sus garabatos seguirán siendo aún irreconocibles, al final de este año empezará a ponerles nombre (“es un coche”), lo que indica que ya ha adquirido la noción de la representación simbólica.

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