Es bueno que tu hijo se manche

Ensuciarse es algo que encanta a tu hijo y que resulta muy beneficioso para su desarrollo. Y es que al hacerlo va adquiriendo un conocimiento del mundo exterior cada vez mayor a través de la experiencia.

Por mucho asco que te dé, para tu hijo llevarse a la boca lo primero que encuentra en el suelo o chupar sus zapatos es una forma de ir conociendo el mundo que le rodea y aprender mediante la experiencia.

El asco no es innato

A casi todos los niños les encanta mancharse e investigar lo que encuentran a su alcance.

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Y no tienen reparos en “lavarse” las manos en un charco, por ejemplo, porque el asco no es una sensación innata, sino aprendida.

El niño la va adquiriendo a medida que se fija en las personas que le rodean, sobre todo en sus padres, y va copiando sus expresiones y sus reacciones.

Este modo de actuar suele formarse sobre los 30 meses y está estrechamente relacionado con el entorno del menor, pues lo que es normal en algunas culturas en otras puede resultar repugnante.

La próxima vez que tu hijo haga algo que te dé asco, piensa que el niño tiene que ser niño y debe disfrutar e investigar.

Por supuesto que debes corregirle, enseñarle a limpiarse y decirle que lo que está haciendo es una guarrería, pero sin reñirle ni castigarle por eso.

La experiencia es base

La experiencia constituye el conocimiento, por tanto es clave para que el niño vaya aprendiendo y desarrollándose a nivel psicomotor y afectivo.

Déjale que intente comer por si mismo, se manchará y cogerá la comida con las manos, pero consuélate pensando que poco a poco irá mejorando en el manejo de los cubiertos y se irá familiarizando con la comida.

Los expertos recomiendan que también se permita al niño experimentar con diferentes texturas (tierra, hierba, arena...) y temperaturas: proponle jugar con cubos con agua (en uno fría y en otro caliente), dale cubitos de hielo...

Eso sí, recuerda que debes permanecer a su lado atenta para que no se rasque los ojos ni se chupe los dedos con las manos sucias. Así todo irá bien y los dos disfrutareis juntos de un agradable rato de juegos y descubrimientos.

Ojo con la obsesión por la higiene

Es lógico y necesario que te preocupes por la higiene de tu hijo, ya que resulta esencial para su salud.

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Pero no es bueno convertirlo en una obsesión.

Muchos expertos advierten que si no permitimos un contacto lógico de los más pequeños con los gérmenes no lograremos que desarrollen un sistema inmunológico fuerte.

De hecho, llegan a afirmar que la preocupación obsesiva por la higiene puede estar detrás del aumento de las alergias en los niños, pues hace que sus defensas estén menos preparadas para enfrentarse a los agentes externos.

Y si esta obsesión proviene del niño, préstale atención: podría denotar un trastorno de ansiedad que habría que tratar.

¡Qué curioso!

En algunos casos, si a un niño no se le permite jamás llevarse cosas a la boca puede llegar a desarrollar un trastorno de hipersensibilidad que hará que le cueste asimilar algunas texturas de determinados alimentos.

Esto se puede evitar fomentando el uso de mordedores con distintas rugosidades y formas e introduciendo alimentos variados en su dieta desde que pueda comer de todo.

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