Cómo actuar para no presionarlos

A veces no es la sociedad la que exige demasiado a los niños sino los propios padres. ¿Es tu caso?

Es cierto que la sociedad puede empujarnos a ser más exigentes con nuestros hijos. Sin embargo, muchas veces el origen de esa exigencia no está fuera sino en nosotros, que nos empeñamos en acelerar el desarrollo de los niños.

Si te ocurre, toma nota

  • En lugar de agobiarte por lo que tu hijo sabe o no sabe hacer, fíjate en si está contento y juega a gusto. La felicidad es más importante para su evolución y contribuirá a que se desarrolle mejor.
    Publicidad - Sigue leyendo debajo
    • Acuérdate de lo que te hacía feliz a ti en tu infancia. Seguro que tus mejores recuerdos están relacionados con momentos de cariño y relax.
      • Intenta ser menos exigente contigo misma. ¿Por qué tienes que hacer tanto? ¿De dónde viene esa presión?
        • Ten en cuenta que una manera de vivir acelerada va en contra del ritmo biológico de tu hijo y le causa estrés. Los conceptos de niño y de tiempo son antagónicos.
          • Haz un intento por vivir los fines de semana sin reloj y sin agenda. La preocupación por el tiempo es un síntoma de la vida acelerada. Trata de no planear nada y esperar a lo que surja; te sorprenderá.
            • Piensa que vivir la vida es un objetivo en sí: es importante disfrutar del camino, no sólo de la meta a la que queremos llegar. Una idea para aprender a vivir el momento es apuntarte a un curso de meditación.

              En definitiva, hoy en día los niños están sometidos a más presión que antes, por eso necesitan que los padres actuemos como escudo protector ante el estrés. Y la clave para lograrlo es dejarnos guiar por ellos, contagiarnos de su manera de ver la vida y convertir su felicidad en nuestro objetivo.

              Publicidad - Sigue leyendo debajo