Los beneficios de que el niño cuide su propio huerto

Cultivar lechugas o tomates en vuestra casa despertará la conciencia ecológica de tu pequeño... ¡y le animará a comer verduras!

Tanto si a tu hijo le gustan las manualidades como si no, seguro que la idea de cultivar en casa le resulta atractiva.

Con esta actividad se divertirá mucho, aprenderá a respetar la naturaleza y el medio ambiente y se mostrará más predispuesto a comer verduras, al ver lo laborioso que resulta obtenerlas.

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Paciencia y perseverancia

También se hará más paciente y perseverante, pues para lograr que las semillas germinen tendrá que cuidarlas de continuo durante un tiempo.

Estas aptitudes le resultarán muy útiles para sus aprendizajes escolares (lectura, escritura, etc.), pues se adentrará en ellos con ganas y comprometido.

No pasa nada si alguna planta se os estropea (es normal que os ocurra): así tu pequeño podrá observar “in situ” que las verduras son seres vivos que nacen, crecen y después de un tiempo, o si no se cuidan adecuadamente, mueren.

Además, esta lección le ayudará a entender por qué debe comer y dormir bien y le hará intuir en qué consiste el ciclo de la vida.

El "Kit" necesario

Si tenéis la suerte de vivir en una casa con jardín, lo primero que debéis hacer es delimitar el espacio que vais a dedicar al huerto, procurando que sea una zona en la que dé el sol y teniendo en cuenta que debéis dejar sitio entre unas semillas y otras para no pisarlas.

Y si no disponéis de un jardín, necesitáis un cajón grande de madera, como los que se emplean para vender la fruta (asegúrate de que no tiene astillas ni clavos), un rastrillo, tierra abonada y semillas.

Es aconsejable que compréis la tierra y las semillas en una tienda especializada, para aumentar las probabilidades de éxito.

Una vez que tengáis a mano todo el “kit”, di a tu hijo que llene el cajón de tierra.

A continuación, pídele que haga unos surcos con el rastrillo y que ponga en ellos las semillas. En el paquete se indica la cantidad de granos que debéis echar, la separación adecuada entre unos y otros y con cuánta tierra debéis cubrirlos.

El siguiente paso es regar las semillas sin anegarlas.

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Desde entonces, tu pequeño tendrá que vigilar que la tierra de su huerto esté siempre húmeda y si no, regarla un poco, lo que le volverá más responsable.

Tardará unas semanas en obtener las verduras, pero comerse lo que él mismo ha plantado es un regalo que le satisfará y le subirá el ego.

Otros beneficios sorprendentes

  • Según un estudio reciente realizado por la Asociación Dietética Americana, más de la mitad de los niños que tienen un huerto en casa comen a diario las cinco porciones de frutas y verduras recomendadas por los especialistas, algo que les cuesta mucho conseguir a los que no tienen huerto.
    • Un informe de la CBS señala que animar a los pequeños a cultivar un huerto les lleva a quemar entre 120 y 200 calorías cada media hora, dependiendo de la intensidad de las actividades que realicen (cavar, remover la tierra, regar...). Además, les hace ganar fuerza, resistencia y flexibilidad.
      • Trabajar con la arena es ideal para los niños escrupulosos: al ver que no les pasa nada por hacerlo, dejan de serlo tanto.

        Lecturas y juegos recomendados:

        • “El huerto en un metro cuadrado“, de Mel Bartholomew, Ed. Blume (19,90 €).
          • El juego My Green Biolab Garden, de Imaginarium (29,90 €).
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