¡Castigado en el pasillo! (método de la pausa obligada)

Todos los niños necesitan recibir alguna reprimenda de sus padres. Un sistema para que se vuelvan más obedientes es la “pausa obligada”. ¿En qué consiste?

Marcos, de 4 años, lleva toda la tarde molestando a su hermano Luis, de 18 meses. La madre, harta de advertirle, lleva a su primogénito al pasillo: “¡quédate ahí!”, le dice enfadada. El niño empieza a llorar, pero ella se mantiene firme.

Para calmarse y pensar

El método de la “pausa obligada” consiste en privar al niño de la compañía de sus padres por su mala conducta.

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Se prolonga un minuto por cada año de edad (en este caso, cuatro). Pero... ¿es una buena táctica? A ningún niño le gusta estar aislado ni sentir que ha perdido la aprobación de sus padres.

Por lo tanto, este sistema suele incitar a los pequeños a portarse mejor. La separación momentánea, además, les da la oportunidad de calmarse y reflexionar.

Pasado este lapso de tiempo aislado, se permite al pequeño volver con sus padres y se le habla de lo que ha ocurrido, antes de que se ponga a hacer cualquier otra cosa. “Tu hermano es muy pequeño para hacer construcciones, pero puedes jugar a los bolos con él, ¿por qué no pruebas?”, le dice la madre.

Este diálogo resulta clave, porque convierte la separación en una lección estupenda.

Eso sí, no conviene recurrir a este sistema cada vez que el niño se porte mal, ya que esta medida restrictiva solamente funciona si se emplea en ocasiones excepcionales.

Y otra precaución que debemos tomar es aplicar la “pausa obligada” justo después de la mala conducta, sin postergarla.

Tu aprobación es básica

Para estimular al pequeño a portarse mejor, también funciona muy bien el refuerzo positivo, es decir, detectar sus buenos comportamientos y elogiarle por haberlos adoptado.

Por ejemplo, la madre conseguirá que su primogénito juegue cada vez mejor con el benjamín si le anima a ello con frases como: “¡me encanta verte jugar así con Luis!”. Y es que no hay mejor premio para los niños que sentir la aprobación de sus padres.

No siempre es útil

Hay psicólogos que no son partidarios de la pausa obligada porque afirman que algunos niños viven este castigo como una prueba de que sus padres ya no les quieren.

Según su opinión, en ese caso lo único que se logra es romper la comunicación con el pequeño y éste no aprende nada, sólo espera a que acabe su sanción, no reflexiona sobre su conducta y pierde mucha confianza en sí mismo.

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Otro método: la silla de pensar

Si crees que éste es el caso de tu hijo, puedes sustituir el método de llevarle al pasillo por el de la “silla de pensar”.

Consiste en acomodarle en una silla situada en el mismo cuarto en el que estás tú, pero mirando a la pared para que pueda reflexionar sobre lo que ha hecho sin distraerse.

De este modo no le privas de tu compañía, sólo interrumpes su actividad y le animas a replantearse su conducta.

Para entender mejor las reacciones de tu pequeño, te vendrá muy bien leer:

  • “Comprendiendo a tu hijo de 4-5 años”, Lesley Maroni, Ed. Paidós Ibérica (10 €).

    Y para resolver los conflictos que te surjan con él sin recurrir al castigo, echa un vistazo a:

    • “Educar sin castigar”, Pilar Guembe, Ed. Desclée de Brouwer (9 €).
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