Cuando el niño quiere tener un hermano y los padres no

Muchos hijos únicos expresan alguna vez este deseo, pero ¿qué ocurre si los padres han decidido que no quieren tener más niños?

Susana acaba de cumplir 5 años y como único “regalo” de cumpleaños ha pedido un hermanito. Sus padres han decidido no tener más hijos, pero aun así, de vez en cuando no pueden evitar preguntarse si han adoptado una actitud egoísta por su parte y, desde luego, les duele muchísimo no convertir en realidad la ilusión de su pequeña.

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Una decisión de la pareja

En esta situación es importante que tengan claro que ampliar la familia es una decisión que les concierne exclusivamente a ellos dos, implica una enorme responsabilidad y sólo ellos pueden decidir si quieren tomarla o no.

Lo más pedagógico es que cuando Susana les pregunte por qué no tiene hermanos, mirándola a los ojos le respondan algo como: “te queremos mucho y nos sentimos muy felices contigo, así que no necesitamos tener otro hijo”.

Esta explicación tan directa, clara y sincera satisfará a la niña. Lógicamente deben evitar expresiones como: “¡ni en broma, con la guerra que dan los niños!”, pues mermarían su autoestima y su seguridad.

Alguien con quien jugar

Los niños suelen desear un hermanito por dos motivos: porque ven que en otras familias hay más niños y les gusta ser como los demás y porque asocian al pequeño con un compañero de juegos.

De hecho, muchos padres se plantean la posibilidad de tener otro hijo para que el primogénito tenga a alguien con quien entretenerse.

Pero ojo, su decisión tampoco debe ser tomada por este motivo. Luis y Laura tuvieron un segundo hijo pensando que sería una muy buena experiencia para su primogénito, pero éste se llevó una gran decepción al conocer a su hermanito y comprobar que no podía jugar a lo que a él le gustaba.

Según diferentes estudios, los padres que guardan buenos recuerdos de sus hermanos son más susceptibles al hecho de que su hijo pueda perderse estas experiencias tan positivas. No obstante, las mismas investigaciones concluyen que tener un hermano no garantiza que vaya a haber una relación cordial entre ellos.

Por eso los padres, cuando su hijo les pide un hermanito “porque no tiene a nadie con quien jugar”, no deben acceder a sus deseos sin más, porque es posible que luego los pequeños no se lleven bien. Sólo deben tener otro hijo si realmente lo desean por ellos mismos.

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¿Y si le horroriza la idea?

Hay niños que no quieren que otro pequeño pase a formar parte de su familia.

En este caso, si los padres no desean tener más hijos, no hay más que hablar, pero si a ellos sí les hace ilusión tenerlos, no deben guiarse por la opinión de su hijo mayor con el objetivo de “ahorrarle un mal trago”.

Si durante el embarazo y al nacer el bebé, que son las etapas más complicadas, le van preparando, hay muchas probabilidades de que la experiencia de dejar de ser hijo único para convertirse en hermano mayor le resulte mucho más positiva y agradable de lo que en un principio pensaba.

Más información: "Esperar el segundo", de Joan Leonard, Ed. Omega (22 €).

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