¿Jugamos a mamás y papás?

A la edad de dos años jugar consiste en representar papeles de la vida cotidiana. De este modo el niño se adentra en el mundo de los adultos.

En los inicios del segundo año, el niño descubre una nueva forma de entretenerse basada en la imitación. Es un juego de contenido teatral, llamado “juego dramático”, que se inspira en el funcionamiento de los adultos que más conoce.

Le entusiasma hacer suyos los comportamientos de su maestra, de su cuidadora y de sus personas más cercanas: sus padres. Por eso juega con sus muñecos de la misma forma que estos adultos cuidan de él: les da de comer, los riñe, los viste, les enseña... También hace que cocina, trabaja y conduce.

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El juego cooperativo

A diario, procura pararte a observar las “representaciones” de tu hijo, porque te dirán mucho sobre él: lo que le entusiasma, lo que le aburre, lo que le da miedo, cómo le gusta que le trates, si tiene algún problema en la guardería...

A lo largo de este año los juegos de imitación irán en aumento y al final del mismo darán lugar al “juego cooperativo”. Éste consiste en que en un grupo, un niño hace de mamá, otro de bebé, otro de papá...

Gracias a este proceso los pequeños aprenden a ponerse en el lugar de los otros (desarrollan la empatía) y ensayan para que en el futuro puedan comportarse como adultos con total naturalidad.

¿Muñecas para ellos?

Muchos padres se preocupan al observar que su hijo varón juega con muñecas, como si eso pusiese en duda su masculinidad. Sin embargo, ese peligro no existe.

Las muñecas son juguetes simbólicos y que los niños jueguen con ellas sólo denota que imitan a sus padres, algo que les divierte y les sirve para fomentar sentimientos de ternura, cuidado y protección.

Otra particularidad del juego de imitación de los niños que suele sorprender a los padres es la facilidad con la que cambian de papeles: la mamá hace de papá, éste de profesora, el hermano de abuelo...

Esto se explica porque son muy impulsivos (cuando les apetece hacer de papá, lo hacen, no esperan a que les llegue el turno) y porque se cansan enseguida de representar el mismo rol e intercambiándolos cada pocos minutos, todos se lo pasan mejor.

Una ayuda ante las dificultades cotidianas

El psicoanalista Bruno Bettelheim afirmó: “Si dejamos que los niños jueguen como ellos quieren, generalmente encontrarán las soluciones a los problemas con los que tienen que enfrentarse”.Y estas palabras cobran un sentido especial en el caso del juego con muñecos.

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A Rosa, por ejemplo, le cuesta mucho irse a dormir y todas las noches “manda” a su muñeca a la cama, a la vez que intenta convencerla de lo bueno que es descansar.

Al desempeñar el rol de sus papás, Rosa adquiere el poder y puede llegar a entender que sus padres no la acuestan para fastidiarla. Así va asimilando esta norma de cumplimiento obligado.

Y Nicolás, de 2 años y medio, llevaba a su muñeco al rincón todo el rato. Esto llamó la atención de sus padres, lo que provocó una charla con la tutora y la eliminación de este castigo que le estaba obsesionando.

¡Qué curioso!

Siendo tan pequeñitos, los niños no tienen necesidad de representar papeles correspondientes a su sexo.

Al jugar juntos tanto los niños como las niñas se disputan el rol de “madre”. Esto es algo completamente normal. Ocurre así porque la madre suele desempeñar la labor central en la vida doméstica, la más visible para los pequeños, y por ello suele gozar de más popularidad que el padre.

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