¿Es aconsejable que los niños ayuden en casa?

A la inmensa mayoría de los pequeños de 3 años les entusiasma echar una mano a sus padres en sus tareas habituales. ¿De dónde les viene este interés? ¿Hasta qué punto resulta positivo dejarles participar?

Paula está poniendo la mesa. Sus hijos Jorge y Pablo, de 3 y 4 años, se pelean porque quieren ayudarla y compiten para ver quién lo hace mejor. Al final Paula decide: “Jorge llevará las servilletas y Pablo el pan”.

Sabe que la tarea ya estaría acabada sin la colaboración de sus pequeños, pero al mismo tiempo entiende que es bueno dejarles participar en la dinámica familiar.

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¿Es innato o aprendido?

EI afán de los niños por ayudar procede del deseo innato de imitar a sus padres (repitiendo lo que ven, acaban entendiendo las emociones y aprenden a realizar diferentes actividades), pero también hay una parte aprendida.

Obsérvalo: si dejas que tu hijo te ayude, él percibe que te pones contenta y esto le anima a hacerlo más veces, porque quiere agradarte. Además, el acto de ayudar, en sí mismo, le aporta una agradable sensación de responsabilidad y de autonomía y le hace sentirse satisfecho y orgulloso de sí mismo, lo que refuerza su autoestima.

Para prevenir riesgos y evitar que tu hijo se sienta agobiado, las tareas en las que le dejes participar deben estar acordes con su edad y su destreza.

A los 3 años puedes pedirle que busque algunos productos en el supermercado y los meta en el carro (galletas, arroz...), que eche su muda sucia a la lavadora, que cuelgue su abrigo en una percha colocada a su altura, que recoja sus juguetes después de utilizarlos, que se lave las manos antes y después de comer...

Y si no es colaborador...

Si no quiere colaborar, en vez de desilusionarte u obligarle a hacerlo (es contraproducente), mírale a los ojos: ¿te está escuchando o está tan enfrascado en su juego que ni te oye? En este caso te vendrá bien aplicar las siguientes pautas:

  • Espera a que termine lo que tiene entre manos para pedirle que te ayude. Si está muy interesado en un asunto, “pasará” de ti.
    • Elogia cualquier gesto de colaboración que haga para animarle a repetirlo. Por ejemplo, si se te cae algo y tu hijo te lo recoge, dale las gracias con mucha alegría. Es un buen comienzo.
      • Muéstrate siempre dispuesta a ayudar a los demás. Ya sabes que los niños aprenden por imitación y tu hijo apreciará tu conducta y acabará haciéndola suya.
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        En cualquier caso, no pongas el grito en el cielo si tu pequeño es poco colaborador. Su afán por ayudarte se despertará más adelante, sobre todo si es inquieto.

        Exigirle lo justo, ni mucho ni poco

        Los niños no entienden de prisas: viven el momento, lo disfrutan al máximo y lo que más les interesa del mundo es pasarlo bien.

        Por supuesto que no hay que exigirles demasiado, porque esto les causa nerviosismo, estrés y frustración, pero tampoco hay que subestimar sus capacidades ni tratarles como si fueran más pequeños de lo que son, porque así los convertimos en niños mimados y muy dependientes.

        La clave está en el término medio: ir encargándoles tareas más difíciles según van madurando.

        ¡Qué interesante!

        • Los niños pierden enseguida el interés por una actividad (colocar sus cuentos en la estantería) para entusiasmarse con otra (lavar el coche). Aún así, hay que instaurar unas tareas fijas en su día a día y darles siempre las gracias por realizarlas solos (o casi), ya que así les motivamos a repetirlas.
          • Pedir al hijo primogénito que nos ayude a cuidar al bebé atenúa los celos que puede sentir de él.
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