Cómo entender los dibujos de los niños

Los dibujos de los niños suelen ser imprecisos y van mejorando a medida que adquiren mayores capacidades. Te damos algunas sencillas claves para que puedas descifrarlos.

Fuentes de información

Desde que el niño empieza a trazar sus primeros garabatos dirigidos, sus dibujos están cargados de connotaciones emocionales. No dibuja las cosas tal como son, sino como las siente y las percibe. Y en sus obras hay ciertas características que aportan información muy útil sobre él:

El tamaño

Lo más grande siempre es lo más significativo. Esto puede servir también para descubrir cómo se ve el niño a sí mismo. Si tiene baja autoestima tenderá a pintarse más pequeño que al resto de figuras, mientras que si posee gran autoestima hará lo contrario (aunque un exceso de tamaño puede indicar un ego demasiado grande).

El espacio

Los niños que tienden a ocupar toda la hoja suelen ser seguros, abiertos a experimentar y sociables. Los que hacen dibujos limitados a una pequeña zona generalmente son más introvertidos.

La forma

Un exceso de líneas angulosas suele reflejar un carácter muy enérgico e impulsivo (pero también cierta agresividad).

La presión

Si el niño aprieta tanto el lápiz que la hoja se marca por detrás, puede ser señal de nerviosismo o frustración. Si, por el contrario, el trazo es tan débil que apenas se distingue, puede reflejar cierta inseguridad o apatía.

La representación

Cuando los dibujos pasan de representar algo estático a reflejar una escena dinámica, pedir al niño que nos diga qué está sucediendo, qué hace cada personaje... sirve para saber cómo percibe el mundo que le rodea.

De hecho, existe un test en el que se pide al niño que dibuje a su familia con todos sus personajes haciendo algo y en algunos países esta prueba se utiliza para resolver casos de custodia en divorcios complicados.

El color

Hasta los 3 años, aproximadamente, el color se utiliza sin ninguna intencionalidad y se elige por motivos tan aleatorios como, por ejemplo, lo cerca que esté la pintura de la mano.Durante esta etapa los lápices de colores se emplean sólo como una herramienta para diferenciar unos garabatos de otros.

Sin embargo, hacia los 4 o 5 años la mayoría de los niños ya empiezan a colorear sus dibujos, y es entonces cuando podemos ver que los que son extrovertidos o tienen mucha vitalidad suelen emplear más los colores cálidos como amarillo, rojo o naranja (ojo, un exceso de rojo puede mostrar cierta agresividad), mientras que los niños introvertidos o menos afectivos se decantan por colores oscuros como los marrones o el negro o fríos como verdes o azules (presta atención, porque el uso continuado de tonos oscuros exclusivamente puede ser síntoma de tristeza o angustia).

Ahora que ya sabes lo importantes que son las pinturas de tu hijo, anímale a dibujar: aprenderá, se lo pasará genial y se expresará.

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