El niño lloriquea por todo

Hasta hace unas semanas todo eran risas con tu pequeño, pero ahora gimotea por cualquier motivo. A los dos años lo que busca es reafirmar su personalidad. ¿Por qué ha cogido esta manía? Te explicamos algunos de los motivos.

Tu pequeño está pasando por una etapa complicada, por eso llora por cualquier cosa. Ponte en su piel. Acaba de descubrir que es independiente de ti y este hallazgo lleva implícito el deseo de autoafirmación: quiere saber quién es y de qué es capaz.

Éstas son sus razones

El problema está en que gran parte de las cosas que desea experimentar, o no están permitidas o son muy difíciles de realizar para él y fracasa en sus intentos, lo que le lleva a sentirse frustrado y a llorar de continuo.

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Otro factor causante de sus berrinches es que todavía es muy egocéntrico y cree que todo gira en torno a él y a sus deseos, pero como en la vida real no ocurre así, de nuevo se siente enfadado. Este afán por imponer su voluntad, además de exacerbar su llanto, también es el origen de las rabietas, otra seña de identidad de esta edad.

En definitiva, lo que estás viviendo con tu hijo es normal: tiene los sentimientos a flor de piel y la intensidad del momento evolutivo en el que se encuentra hace que esas emociones estallen en lloros con gran facilidad.

Sé cariñosa y firme a la vez

Ante sus rabietas y gimoteos debes mostrarte comprensiva, pero sin pasarte. Y es que si te excedes en tus atenciones, tu pequeño descubrirá que su comportamiento puede reportarle muchos beneficios y acabará convirtiendo sus lágrimas en una estrategia para conseguir siempre lo que quiere.

Y cuando no obtenga lo esperado, sus pataletas serán más frecuentes y más largas. Puedes evitar este riesgo si practicas con él estas pautas educativas:

  • Ponte de acuerdo con tu pareja para marcarle unos límites claros entre lo prohibido y lo permitido y respetadlos siempre. La constancia y la coherencia son esenciales para que vuestro hijo aprenda a adaptarse.
    • Adelántate a sus reacciones negativas para tratar de evitarlas; por ejemplo, distrayendo su atención del objeto prohibido, llevándole a otra habitación o proponiéndole una actividad que le guste mucho.
      • Préstale más atención cuando te pida las cosas con un tono normal que cuando lo haga gimoteando.
        • Muéstrate optimista ante sus fracasos. Enséñale que no pasa nada porque algo le salga mal, que le admiras por seguir intentándolo y que al final acabará aprendiendo.
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          • No dejes de regañarle por temor a su posible pataleta, pero para no asustarle, hazlo manteniéndote tranquila, sin levantarle la voz.
            • Déjale investigar y experimentar en una libertad controlada. Esto le ayudará a ganar autonomía, algo que mejorará su autoestima y repercutirá positivamente en su carácter.

              ¡Ojo con el cansancio y el hambre!

              Para entender los constantes gimoteos de tu hijo, además de considerar la fase del desarrollo en la que se encuentra, debes tener en cuenta las circunstancias ocasionales que favorecen esta llamada de atención.

              Las más habituales son el sueño y el hambre. Por eso es tan importante que tu hijo duerma las horas que necesita (unas 12 por la noche, además de una siesta cortita después de comer) y que evites que llegue exhausto al final del día. En cuanto a su horario de comidas, intenta que sea regular. La necesidad de comer puede causarle una bajada de azúcar y si se siente mal, llorará más aún.

              Más información

              Te recomendamos estos dos libros, "Llantos y rabietas: cómo aforntar el lloro persistente en bebés y niños pequeños", de Aletha Solter y "Berrinches, enfados y pataletas", de John Pearce, si quieres obtener más información sobre este tema.

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