Niños con mucha imaginación

El niño de 3 años tiene una fantasía muy rica. Gracias a ella puede sentirse bien en un mundo que todavía no comprende.

Pablo, de 3 años, señala la luna con su dedo y le dice a su madre entusiasmado: “mira mamá, la luna está redondita poque papá la ha arreglado”. Su madre intenta explicarle que la luna va pasando por diferentes fases y que en unas podemos verla entera y en otras no, pero es inútil. El niño está empeñado en que la luna está llena y preciosa gracias a su padre.

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Y es que Pablo se encuentra en la edad de la imaginación, de la fantasía, y ésta le ayuda a dar una explicación a los acontecimientos que descubre casi a diario y que todavía no puede entender, como que la luna unas noches se ve entera y otras no. En su pensamiento todo es posible, porque no hay restricciones.

Los niños se creen lo que dicen

Pablo idolatra a sus padres y les confiere poderes ilimitados. ¿No arregló su papá la lámpara del techo del salón? Pues lo mismo hizo con la luna. El pequeño no está intentando mentir a los mayores. Sólo está fantaseando y lo que él se imagina le resulta tan real como la vida misma.

Pero además de utilizar la fantasía para sentirse bien en un mundo que aún no entiende cómo funciona, el pequeño también recurre a ella para ir formando su conciencia. Por ejemplo, vuelve a usarla para intentar salvarse de una riña y echa la culpa de lo ocurrido a su peluche. No es inquietante, poco a poco irá asumiendo las consecuencias de sus actos.

A veces los niños se asustan de sus propias fantasías, como Luis, que ha estado todo el día “cazando” tigres. Por la noche, en su cama, le asalta el miedo: ¿y si ahora los tigres deciden vengarse de él? ¡Menos mal que su madre viene a protegerle!

El niño pasa de la fantasía, a la realidad

A partir de los 4 años los niños empiezan a diferenciar mejor lo que es el mundo “de verdad” y lo que sólo ocurre en su cabeza. Se van dando cuenta de que lo que ellos se imaginan no siempre coincide con la realidad.

Aun así, hasta dos años después no distinguen claramente estos conceptos. Por eso podemos hacerles creer en los Reyes Magos y en Papá Noel hasta los 6 años, pero desde entonces empiezan a cuestionarse si de verdad pueden existir estos personajes mágicos. Un año más tarde, cuando cumplen los 7, suelen descubrir el gran misterio.

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¿Tu hijo tiene un amigo invisible?

Algunos niños de esta edad se inventan un amigo invisible, lo que indica que tienen una imaginación riquísima (no debemos interpretarlo como que se sienten solos, porque no es así).

Este “camarada” es su fiel acompañante, por eso el pequeño le reserva un lugar en la mesa, le arropa por las noches, se dirige a él a menudo... Incluso de vez en cuando le responsabiliza de las trastadas que él mismo hace, en un intento de desculpabilizarse y sentirse mejor. Algún día, cuando ya no lo necesite, desaparecerá de su vida.

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