Castigos y premios, según Supernanny

Cuando premiamos o castigamos a nuestros hijos lo hacemos para que la buena conducta se repita y para que la mala se extinga. Hay que buscar un equilibrio en ambos casos.

SOBRE PREMIOS Y CASTIGOS

A medida que transcurre la entrevista, Rocío Ramos-Paúl va respondiendo a otras dudas que surgen a diario en la educación de los niños.

C.F: ¿Qué opina del hecho de premiar a los niños?

R.R: Cuando hablamos de “premios” todo el mundo piensa en algo material, pero no es así. Premiar no es otra cosa que reforzar una conducta de manera positivacon una caricia, un piropo, un abrazo…

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Es cierto que a veces hay que acudir a premios materiales, sobre todo cuando al niño se le pide que empiece a hacer algo por primera vez. Pero, por lo general, una sonrisa o una frase de apoyo son refuerzos que bastan para fijar el comportamiento: el niño repite la acción porque le estás diciendo que está bien, porque tú eres su referente de autoridad.

C.F:¿Y en cuanto a los castigos?

R.R: Igual que se debe premiar una buena conducta para que se repita, hay que castigar o ignorar una mala para que se extinga. Los castigos y los refuerzos son complementarios, si sólo se castiga o sólo se refuerza el sistema no es eficaz.

Los castigos son muy importantes y muy difíciles de poner: a veces los padres los utilizan como último recurso, cuando no saben qué hacer; otras, sin embargo, abusan de ellos. Hay que encontrar un punto medio. Para conseguirlo, quizá baste con saber que castigar no es siempre imponer al niño que haga algo que no le gusta; no prestarle atención cuando tiene una rabieta, por ejemplo, también es un castigo para él.

C.F: ¿Cómo actuar si nuestro hijo está muy rebelde?

R.R: Los niños, como los adultos, pasan por etapas distintas. Unas veces están más tranquilos, otras más estresados, más graciosos, más tristes… Es cierto que hay momentos en el desarrollo especialmente complicados como los 2 años, cuando el pequeño marca su independencia diciendo “no” a todo, o la adolescencia, cuando el conflicto es muy frecuente. Pero el niño aprende en esas etapas, y mucho: le enseñan, por ejemplo, a afrontar problemas en la edad adulta sin enfadarse. Por eso es importante que los padres asuman estas etapas como algo normal, sin alterar el sistema de premios y castigos.

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C.F: ¿Qué errores debemos evitar al educar?
R.R: Por ejemplo, poner muchas normas y ser demasiado rígidos: está demostrado que los hijos de padres autoritarios son muy dependientes, necesitan que les digan todo el tiempo lo que deben hacer y tienen pánico a equivocarse. En cambio, dejar que el niño haga las cosas solo, que se equivoque, le ayuda a aprender.

En el otro extremo, ser demasiado laxo tampoco es bueno: si el peque no tiene límites corre el riesgo de sufrir ansiedad y problemas de autoestima en el futuro. Y mantener un estado de ansiedad en el tiempo favorece la aparición de miedos y fobias, crea en la persona una tendencia a la evitación de situaciones o a la agresividad.

C.F: Un consejo final para padres agobiados...
R.R: Los padres tienen que ser flexibles sobre todo; asumir que son humanos y que pueden cometer errores, que tienen que perdonarse para volver a hacer las cosas de nuevo, con más fuerza y ánimo. Pensar “no puedo consentir esto” es un gran error, porquelo importante no es que no ocurran las cosas, sino saber solucionarlas.

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